La llegada de camiones cisterna a los pueblos de Sobrón, Bergüenda, Puentelarrá y Fontecha, especialmente en época veraniega, está a punto de acabar, ya que la Diputación Foral de Álava acaba de licitar las obras que permitirán recoger el agua del manantial mineromedicinal desde el pueblo de Sobrón hasta el cruce a Bergüenda. Se trata del tercer tramo de las obras de renovación del abastecimiento de la zona, ya que el área de Medio Ambiente y Urbanismo ha contratado la realización del proyecto del segundo tramo -desde el barrio de La Playa hasta la carretera-, cuya finalización está prevista para el primer trimestre de 2017, con una inversión de 21.300 euros.
Se trata de una solución largamente esperada por los vecinos del término municipal de Lantarón, especialmente de los municipios mencionados, que tienen importantes problemas de desabastecimiento, que les obligan a recurrir a menudo a camiones-cisterna. La conducción actual data de la década de los años 60 y presenta numeras fugas a lo largo de sus quince kilómetros de longitud.
Sin embargo la solución estaba en casa, en Sobrón, donde un manantial alimentó un antiguo establecimiento termal y, tras el abandono de las instalaciones, no se buscó un nuevo destino a esas aguas que vierten en el embalse que lleva también ese nombre y, en consecuencia, en el río Ebro.
Un manantial que son en realidad dos, uno a cada orilla. El de Sobrón, también conocido antiguamente como el de la Salud, se encuentra en la margen izquierda del Ebro y pertenece al municipio alavés de Sobrón, mientras que el segundo se sitúa en su margen derecha y pertenece a Villanueva (Burgos).
El acceso al manantial de Sobrón no presenta dificultad alguna y se realiza a pie desde el aparcamiento del esqueleto de un gran hotel abandonado. Desde ese punto, se deja el puente que cruza el río Ebro a mano derecha y se sigue adelante unos 40 metros, en dirección al esqueleto del hotel, hasta que a la izquierda aparece una cueva de aproximadamente 1,5 metros de ancho y 1,80 de alto, por donde mana el agua termal.
Para ver el de Soportilla es necesario, aunque imposible cruzar el puente, destruido por una riada en el año 2015. Allí hay una pequeña cueva en cuyo interior, protegido por unas rejas colocadas en el siglo XIX, se encuentra el manantial.
Según un informe elaborado por técnicos del Gobierno Vasco, los manantiales de Sobrón y Soportilla constituyen un conjunto de aguas bicarbonatadas sódicas de carácter termal -19º C- que en 1859 dieron lugar a la construcción de una pequeña casa junto al manantial de Sobrón, con el fin de dar albergue a los numerosos enfermos que se aproximaban a tratarse con las mencionadas aguas. Durante los años siguientes, fue tal la afluencia de gente que fue necesario construir una nueva casa junto a la primera. En 1879 se levantó un nuevo edificio contiguo a los anteriores con 110 habitaciones, pero tampoco fue suficiente, por lo que hubo que levantar un hotel, que se situó donde hoy se encuentra el esqueleto del nuevo. Por aquel entonces, los manantiales termales de Sobrón y Soportilla dieron lugar a la construcción de un gran establecimiento termal que, durante décadas, fue conocido como el Vichy español.
potencialidad Los dos manantiales se conocían, pero no así la potencialidad del acuífero que había a gran profundidad. Fue durante unas perforaciones petrolíferas cuando dieron con él a una profundidad de 590 metros, desde donde las aguas subieron a la superficie con un caudal de 600 metros cúbicos/hora. Pero no era petróleo, así que se abandonó y en la actualidad el agua surgente se vierte al embalse de Sobrón, si bien actualmente el caudal que suministra varía entre 115 y 98 litros por segundo, según un antiguo informe de la Diputación Foral de Álava.
Además, el caudal tiene unas características notables en cuanto al contenido de sales por lo cual, por orden ministerial del 9 de julio de año 1970, se declaró la utilidad pública del manantial en virtud de las características mineromedicinales de sus aguas.
En el mismo documento se detalla que las aguas fluyen de manera natural a la superficie desde 600 metros de profundidad. Y lo hace, además, prácticamente constante desde hace más de 40 años.
Estas dos circunstancias indican que las aguas que afloran a la superficie tienen sus lugares de recarga más importantes lejos de la zona por las siguientes razones: en primer lugar porque deben ser de origen glaciar, que se filtran a una altura importante respecto a la del manantial.
a 600 metros Esa condición de las aguas indica que estas aguas están apresadas a 600 metros de profundidad en un recipiente que tiene entrada pero no salida, por lo que el conjunto de estas dos circunstancias “inclinan a creer que las aguas son infiltradas a una cota superior de los 1.500 metros y quizás por encima de los 2.000 metros, puesto que sólo en estas alturas la nieve permanece y puede garantizar un caudal constante y una energía potencial que hace posible una surgencia a 525 metros. De hecho, algunos estudios universitarios apuntan que el acuífero puede formar parte de una red conectada que llega desde la zona de Pirineos desde donde se han realizado estudios con trazadores no contaminantes.
De acuerdo con los estudios realizados por la Confederación Hidrográfica del Ebro, el acuífero se encuentra situado geológicamente en un espacio en el que los materiales más antiguos que afloran en el ámbito de esta masa de agua subterránea pertenecen al Jurásico, si bien con una presencia testimonial en un pequeño afloramiento inferior a un kilómetro cuadrado en las proximidades de Nograro. El resto es el Cretácico superior, quien alberga la mayor parte de afloramiento en el ámbito de esta masa de agua: calizas, calcarenitas y margas (Calizas de Subijana); serie mixta detrítico- terrígena del Campaniense; areniscas y calcarenitas del Maastrichtiense. En la zona septentrional aparecen calizas y dolomías del Paleoceno; conglomerados terciarios; y, en menor medida, materiales aluviales cuaternarios. Es decir, que el espacio del manantial y buena parte del agua que alberga tiene una edad de entre 100 y 60 millones de años. En el informe de la Diputación mencionado anteriormente se destacaba su capacidad de renovación y se subrayaba “que aporta un sistema hidráulico inagotable para Álava, un territorio que actualmente depende del sistema del Zadorra.
Ahora se recupera la utilidad de estas aguas para abastecer a quienes viven en la zona. Con un presupuesto de 763.209 euros, el Consejo de Diputados decidió licitar las obras que permitirán recoger el agua del manantial mineromedicinal que es propiedad de el propio ente foral en el mismo pueblo de Sobrón. Previamente, y al amparo del acuerdo-marco de colaboración entre la Diputación y la Agencia Vasca del Agua, esta última entidad fue la encargada de redactar el proyecto, que ya está ultimando, y que permitirá ejecutar estas obras.
Para la Diputación se trata de una conducción estratégica a futuro, ya que por su valor, basado en su ubicación y capacidad, aporta un recurso inagotable al territorio y complementario al sistema Zadorra.