Dos historias desde un mar amableTurismo de Gran Canaria
Cuando Guillermo llega a la playa de Las Canteras, la arena todavía se siente fría, y el mar suena fuerte sin el lleno de bañistas. Con los pies hundidos en arena, casi puede trasladarse a cuando era un niño que corría a la playa. Aquí aprendió a nadar y aunque durante un tiempo se marchó, su conexión con el mar es hoy más fuerte que nunca.
Relacionadas
El mar de Gran Canaria tiene algo difícil de explicar. No es solo la temperatura amable ni la posibilidad de entrar al agua cualquier mes “con neopreno corto”, como explica el gerente de SUP Revolution Paddle Surf, Guillermo Morales, sino el lazo que une la vida cotidiana y el océano. En Gran Canaria, el mar no se reserva para momentos excepcionales, es cercanía física y emocional y un vínculo que trasciende unas vacaciones para convertirse en experiencia. No es casualidad que muchos vuelvan, o como él, nunca terminen de irse.
En Gran Canaria, el mar no se reserva para momentos excepcionales, es cercanía física y emocional
“El mar fue mi infancia, parte de mi vida y también mi terapia”, asegura. “Un lugar de conexión para descargar el estrés y para sacar fuera emociones que nos pesan. Tumbado en la tabla se desconectan los problemas”, y no lo dice solo por él, sino porque cada día sale al mar con decenas de personas que se unen al océano en un diálogo de dentro afuera.
Guillermo ha hecho del mar de Gran Canaria su forma de vivir y ganarse la vida.
“Yo veía a Carlos, un señor jubilado de aquí haciendo paddle surf y le decía: de mayor quiero ser como tú”, y entre risas confiesa que la paz que transmitía es algo con lo que ahora se identifica. Desde el día que aprendió, “mis dos horitas en el mar no me las quita nadie”, asegura.
Además del servicio de alquiler de material, da clases de iniciación, también con niños y niñas con autismo, familias… llenando el tiempo “bien”, como lo explica y enfrentándose cada día “a un reto”, que es lo que le gusta. “El mar siempre es diferente. Estás tú, el viento, la corriente y de repente un día te puedes encontrar una tortuga o una raya”.
Guillermo asegura que todos salen del mar sonrientes.
También algo que para él es clave, “el mar te pone en tu sitio”, y desde ese lugar, un baño se convierte en una experiencia que se queda con el bañista para siempre. “Entran en el local serios”… narra Guillermo hablando de sus clientes principiantes. “Cuando salen del agua, sonriendo, son otros”.
Avistamiento de cetáceos
Esas mismas sonrisas son el motor de Javier Zaera, gerente del Spirit of the Sea. Pionero en Gran Canaria en la actividad de avistamiento de cetáceos desde 1999, su historia de amor con el mar es un relato de vida. Aterrizó en la isla para ser monitor de vela y windsurf, en un proyecto que no funcionó, pero que sin saberlo abrió la puerta a una vida nueva. Con su catamarán descubrió que el mar de Gran Canaria era aún más impresionante bajo la superficie. En aquel entonces, solo los pescadores y científicos sabían de aquella maravilla de la naturaleza, que era y sigue siendo uno de los tesoros impagables de la isla.
Javier Zaera, dueño del barco 'Spirit of the Sea'.
Sus clientes lloran de emoción y en ese sentimiento encontró su vocación. El Spirit of the Sea fue el primer barco de avistamiento de cetáceos que inició sus operaciones en Gran Canaria y ya lleva 25 años mostrando el Atlántico. En aquel momento, le decían “que estaba loco”, pero la ilusión de la gente al encontrarse con ballenas y delfines le respondía otra cosa.
Respetuoso con el entorno, el Spirit of the Sea se adentra 11 millas en busca de más de 30 especies que hacen de cada día una aventura. “Resulta difícil valorar y proteger lo que no se conoce”, explica Javier. El delfín gris, el delfín listado, el moteado, el calderón tropical… con él, el visitante no va a un delfinario a ver un delfín saltar, lo disfruta en su lugar, feliz, en casa, relata. Y eso marca la diferencia.
Los pasajeros lloran de la emoción al ver en directo a los cetáceos y delfines.
Esta embarcación, integrada en la World Cetacean Association y bandera de Barco Azul por su labor en el avistamiento responsable, responde a ese niño apasionado por el mar, que se enamoró de la isla hace ya más de 30 años y supo que ese amor era contagioso. Imagina salir a navegar y tener un día de suerte, y se le encienden los ojos. Cuando aparece un delfín o un calderón, los adultos vuelven a ser niños. Gran Canaria tiene eso, un mar capaz de conectar generaciones, y él tiene la suerte de vivir de esa magia. Se confiesa afortunado y si no tuviera esta vida, la habría inventado.
El visitante no va a un delfinario a ver un delfín saltar; lo disfruta en su lugar, feliz, en casa. Y eso marca la diferencia.
En Gran Canaria el mar no sólo rodea la isla, su experiencia la atraviesa. En 236 kilómetros de costa y más de 60 kilómetros de playas caben días de viento y calma, rincones donde el agua queda quieta, superficies para deslizarse y profundidades que caen de golpe y esconden una vida sorprendente.
Cuando aparece un delfín o un calderón, los adultos vuelven a ser niños
Conexión directa desde Vitoria-Gasteiz
Gran Canaria se descubre desde el mar, sin prisa y sin guión. Sus costas combinan amplias playas, acantilados y una notable riqueza marina, donde el océano se convierte en escenario de experiencias. Un entorno que invita a disfrutar del buen clima, la naturaleza y un estilo de vida al aire libre.
Una isla amable con conexión directa desde Vitoria-Gasteiz desde el 15 de junio hasta finales de septiembre. La aerolínea Binter operará los lunes y jueves. Esta ruta permitirá enlazar con los otros aeropuertos del archipiélago canario (Lanzarote, Tenerife Norte, Tenerife Sur, Fuerteventura, La Gomera y La Palma y El Hierro), así como con los aeropuertos de las islas portuguesas de Madeira, Porto Santo y São Miguel, en Azores, además de con siete aeropuertos internacionales en África occidental en Marruecos, Sáhara Occidental, Senegal, Mauritania y Cabo Verde.
Más información:
www.grancanariablue.com
www.grancanaria.com/turismo
Esa mezcla, hace que cada experiencia con el océano sea distinta para quien lo recorre, o lo espera, aprende a leerlo o a navegarlo. Con más de 5.000 especies animales, 30 tipos de cetáceos, una decena de deportes náuticos, los números se quedan cortos para explicar por qué siempre hay una razón para volver a Gran Canaria.