Una relativa prosperidad económica durante las últimas décadas, dentro del contexto africano, y una estabilidad política y social, a pesar de que el mismo partido gobierna el país desde su independencia, están detrás del crecimiento acelerado de Dar es Salaam, punto de partida hacia destinos más populares como el Serengueti, Zanzíbar o Kilimanjaro.
Fácil de descubrir por cuenta propia, Dar es Salaam ofrece playas, mercados bulliciosos y monumentos que recuerdan tanto el pasado colonial de Tanzania como su reciente desarrollo como nación independiente.
Kivukoni, origen de una metrópoli
Aunque en la actualidad es la quinta mayor ciudad de África por población, además de la que crece más rápidamente, la gran urbe tanzana apenas cuenta con 150 años historia. Su origen se remonta a 1862, cuando el Sultán Majid, soberano de la vecina Zanzíbar, fundó en la bahía una pequeña residencia a la que llamó Hogar (Dar) de Paz (es Salaam). No obstante, fue la ocupación alemana, una década después, la que impulsó su desarrollo con la creación de un puerto moderno y su conversión en el centro administrativo de las colonias germanas en el África Oriental. La primera guerra mundial implicó para la ciudad pasar a control británico hasta 1961, año de la independencia tanzana y detonante de su crecimiento acelerado.
Esto explica que su casco histórico, el barrio de Kivukoni, sea bastante reducido y pueda visitarse sin problema en un día. En esta zona se encuentran la catedral católica de San José, que merece la pena visitar y si es posible colarse en alguna de sus coloridas misas de los domingos, y también la cercana catedral luterana de Azania. Ambas ubicadas frente al paseo marítimo y el puerto, que durante su historia vio llegar a marineros, comerciantes, militares y esclavistas persas, omaníes, portugueses e incluso chinos, y que en la actualidad es también punto de reunión de visitantes y locales a la búsqueda de buenas fotos del skyline de la ciudad.
El distrito está jalonado de edificios coloniales alemanes e ingleses, convertidos muchos hoy en día en sedes gubernamentales, que dan una imagen bastante sugerente de cómo debía ser la ciudad hace un siglo. Sin salir del barrio se puede visitar también el National Museum.
En los contiguos barrios de Kisutu y Mchafukoge, la arquitectura colonial británica de la primera mitad del siglo XX se mezcla ahora con modernos rascacielos donde los días laborales se puede sentir el verdadero latido de esta metrópoli de raíces tropicales. La zona es segura y al no ser un destino muy turístico se puede pasear sin ser interceptado por vendedores, aunque hoteles y plataformas ofrecen visitas guiadas por especialistas que pueden ser una buena opción para conocer en detalle su historia.
Ciudad de Mercados
En una ciudad que creció a partir del comercio de su puerto, no es de extrañar que uno de sus principales atractivos sean sus mercados. Especialmente el de Kariakoo, ubicado en el barrio del centro de la ciudad o Central Business District. Actualmente en proceso de renovación tras el incendio que sufrió en 2021, su historia corre paralela a los devenires históricos del país.
El actual edificio del mercado se levantó sobre el terreno de una antigua plantación de cocoteros que del Sultán de Zanzíbar que tras la primera guerra mundial fue ocupado por el ejército inglés. Con la independencia de Tanzania en 1961, y la consecuente salida de los británicos, los antiguos hangares militares fueron ocupados por los artesanos y agricultores de la región como punto de venta informal de sus productos a los capitalinos. Ya en la década de los 70, el gobierno decidió construir aquí un edificio que reflejara mejor el espíritu africano y la esperanza en el futuro de un país que empezaba andar por su propio pie.
El elegido para diseñarlo fue el arquitecto local Beda Amuli, primer arquitecto negro del África del Este con tener un estudio propio. Suya fue la idea de levantar un mercado de hormigón de altas columnas de estilo brutalista que pretenden representar a árboles pues, según comentó el propio arquitecto, “los mercados en África siempre se organizan debajo de árboles”. Su estructura fue muy rompedora en la época ya que combinaba tradición y modernidad, incorporando un diseño novedoso que permitía ventilación natural además de unos tejados diseñados para recolectar y almacenar el agua de la lluvia.
Icono de la ciudad, se espera que en 2026 se inaugure de nuevo junto con su ampliación. Pero esto no es problema para visitarlo, ya que con el crecimiento de la ciudad la actividad comercial de Kariokoo se extendió por todas las calles aledañas. Da igual si se quiere o no comprar algo, caminar hacia el edificio levantado por Beda Amuli y callejear por las calles cercanas es toda una experiencia que refleja el espíritu comercial y multicultural de la ciudad.
Desde las elegantes y coloridas kangas africanas para las mujeres, hasta abaya árabes o sharis indios; juguetes, sandalias, zapatos, camisetas deportivas, falsas y verdaderas, además de perfumes locales o procedentes de india o el Golfo Pérsico… Todo se puede encontrar en Kariakoo y sus alrededores. Además, como la ciudad apenas recibe turistas extranjeros su carácter se mantiene intacto, y los vendedores son amables con el visitante, pero nunca insistentes.
Muy diferente, pero igualmente imprescindible de visitar, es el mercado de pescado Kivukoni, ubicado en una de las salidas al mar de la bahía. Hasta aquí llegan cientos de barcas durante toda la mañana para descargar sus capturas en la playa, a la vista de los futuros compradores.
Sobre la zona techada del recinto se distribuyen los puestos que exponen las capturas ya organizadas por tipo y tamaño, y sobre unas largas mesas tiene lugar la subasta a la que cualquier persona se puede unir. En un lado de la mesa los pescadores suelen cantar los precios, y en el lado opuesto los compradores, generalmente mujeres, lanzan un billete cuando consideran que el precio es adecuado.
El mercado es una maquinaria totalmente engrasada. En una zona contigua se limpia el pescado y en una tercera se puede pedir que se frían para dejarlas listas para comer. Del mar a la boca en pocos metros.
Península de Msasani
A diez kilómetros al norte del centro histórico y el centro comercial de la ciudad, la Península de Msasani ofrece la posibilidad de conocer un Dar es Salaam muy diferente. El bullicio y los edificios históricos dejan lugar a la brisa marina y la tranquilidad, así como a elegantes villas ajardinadas y edificios modernos con los logotipos de empresas internacionales, y donde no es difícil ver coches de alta gama. Se trata de uno de los barrios de la clase media emergente tanzana, que ha prosperado en los últimos años, y que es frecuentado también por expatriados y diplomáticos.
Además de interesante para aquellos viajeros que quieran profundizar en la realidad social y económica tanzana, y llevarse una imagen completa de la realidad del país sin quedarse únicamente en los tópicos, el distrito también cuenta con varios puntos muy populares.
Uno es la Cooperativa de Pintores de Tingatinga, donde decenas de artistas pasan el día pintando y vendiendo sus cuadros. El nombre de esta cooperativa homenajea al pintor más famoso del país, Edward Said Tingatinga, que en la década de los 60 creó un estilo propio caracterizado por sus colores llamativos, figuras simplificadas y temáticas que ponen en valor la africanidad, en especial la fauna y la vida cotidiana.
La tranquilidad de la zona y las emocionantes vistas a la costa han impulsado la construcción en Msasani de algunos de los resorts, hoteles y centros comerciales de mayor categoría de la ciudad. Uno de los más tradicionales es el complejo Slipway, con decenas de restaurantes al borde de mar, y desde donde parten los ferry a otras de las visitas interesantes en Dar de la Isla de Bongoyo.
Este islote formado por un pequeño bosque y una larga lengua de arena blanca está deshabitado y forma parte de una reserva marina. A pesar de estar a solo tres kilómetros de costa, su calma invita a relajarse, hacer snorkel, bañarse o pasar el día leyendo. También es posible acampar y pasar la noche pidiendo permiso con anterioridad.
Playas urbanas y punto de partida
Pero la isla de Bongoyo no es la única posibilidad de darse un chapuzón en esta metrópoli. Aunque el interior de la Bahía de Dar es Salaam está hoy en día ocupado por muelles y edificios, y el agua no es lo cristalina que debía ser cuando el Sultán de Zanzíbar decidió ubicar aquí su segunda residencia, hay alternativas para pasar un día en la playa. Una es Coco Beach, a quince minutos del centro de la ciudad, y muy popular entre los lugareños. Con un paseo marítimo lleno de chiringuitos de comida y puestos donde comprar cocos frescos para sentarse a contemplar el Océano Indico, los fines de semana el arenal se convierte en uno de los lugares de mayor actividad de la ciudad. Gente jugando al fútbol o corriendo, vendedores ambulantes, grupos de amigos pasando el día con la música o familias descansando componen el panorama de Coco Beach.
Más tranquila es la playa de Tanzanite, también en la costa exterior de la bahía, donde, aunque se están construyendo resorts, se conserva intacta gran parte de la vegetación y algunos club de playa que son más parecido a merenderos familiares de toda la vida que a los sofisticados beach clubs del Mediterráneo.
La playa de Mbezi Beach, algo más alejada del centro rumbo al norte, es otra buena alternativa. Y es que pocas grandes ciudades del mundo pueden contar con tantas playas, y al mismo un clima agradable prácticamente todo el año, para disfrutar de la costa sumergiéndose en el espíritu Hakuna Matata (sin problema en suahili) y disfrutando del turismo pole pole (sin prisas). No tuvo mala idea el Sultán de Zanzíbar en optar por la zona para “su segunda residencia”. Afortunadamente, ya no es necesario contar con tanta alcurnia para disfrutar de Dar Es Salaam y sus costas.
Sobre Tanzania
-La actual República Unida de Tanzania nació en 1964 con la fusión de TANganica, que se había independizado en 1961, y ZANzibar independiente desde 1963.
-La capital política es Dodoma, en el interior del país, desde 1996.
-El chelín tanzano es la moneda nacional, con un valor de entre 2500 y 3000 por euro.
-El sistema político es una democracia presidencialista, con elecciones y varios partidos concurriendo a las elecciones.
-El suahili es la lengua principal del país, con el inglés muy ampliamente hablado.