La idea se le ocurrió como se elaboran los buenos vinos, madurando con el tiempo. La pasión de Julián Palacios por la viticultura se encuentra arraigada en su linaje. Hijo y nieto de viticultores en Navarra, ha dedicado los últimos 17 años a compartir su sabiduría y aconsejar a otros viticultores sobre la importancia de la poda tradicional, con proyectos en Rioja Alavesa en bodegas como Ostatu o Artuke. 

“Soy primero viticultor y después ingeniero agrónomo”, dice a DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA a modo de presentación. Julián empezó a trabajar en Bodegas Faustino allá por 2003, pero fue en los viñedos familiares en San Martin de Unx, ayudando a su padre, donde empezó a cuestionar las técnicas de poda convencionales.

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En imágenes: Navaridas se vuelca en la celebración de la Fiesta de la Vendimia Pilar Barco

“La vid es una liana que hemos domesticado con la poda” explica Julián. “Es la manera en que conseguimos que crezca como queremos, pero cada corte es una herida en un ser vivo. Una herida que tiene que cicatrizar. Por eso es importante saber cómo y dónde hacerlos para no dañar la cepa”.

Pero hacia finales del siglo pasado y principios de este, se adoptaron métodos de viticultura “low cost” para rentabilizar las viñas. Como resultado, se dejó de cuidar la poda. “Se hace de manera muy agresiva, casi sin respeto por la planta. Al hacerlo así acabas con unas cepas en mejores condiciones que otras. La consecuencia: una mayor heterogeneidad de uvas que acaba lastrando la calidad del vino”.

Julián también notó que algunos viñedos envejecían prematuramente a los 30 años, mientras que otros con 50 o incluso 90 años permanecían saludables y producían uvas de calidad. La diferencia clave era la forma de podar las cepas.

“Empecé a buscar y leer libros antiguos de poda. Encontré un libro de Columella, un escritor romano agrónomo del s. I DC, que ya daba claves muy interesantes”. También colaboró con el profesor Gonzaga de Santesteban de la Universidad Pública de Navarra, recopilando técnicas tradicionales de viticultura de todo el país.

“Muchos habíamos salido de la universidad creyendo saber más y denostando la sabiduría de los mayores. Yo incluido”, explica Julián. Hasta que reparó en los viñedos que había en Rioja Alavesa. “En esa zona se ha mantenido una viticultura más familiar, más artesana, más de mantener los viñedos viejos y no arrancarlos masivamente para poner otros modernos. Es una de las zonas más especiales para mí, en la que creo que ha habido mucha profesionalidad. Eso es todo mérito de los viticultores y viticultoras de Rioja Alavesa”.

Esta atención meticulosa, ese mimo, es lo que hace que los vinos de Rioja Alavesa sean admirados y respetados en todo el mundo.

Además de la calidad del vino, Julián valora el paisaje único de la región y su rica biodiversidad, que beneficia a las viñas y lo convierte en un patrimonio natural increíble. Bodegas de renombre como Vega Sicilia, Pago de Carraoveja y Mauro han invertido en la zona debido a estas características únicas.

La biodiversidad también desempeña un papel crucial en la protección de las cepas contra el cambio climático. Muchas bodegas están trabajando en la resiliencia de sus viñedos, adoptando prácticas ecológicas como la nutrición orgánica del suelo y la minimización de la erosión.

Julián destaca la importancia de la viticultura ecológica, que recupera métodos ancestrales con el beneficio de herramientas y conocimientos modernos. La DO Rioja Alavesa lidera en este aspecto, con un 8% de viñedos ecológicos, en comparación con el 4% de toda la DO Rioja. “Eso se debe a familias de viticultores que viven la viña como no se vive en cualquier otro lado.”

Como siempre, la Fiesta de la Vendimia le pillará trabajando. Aún así, Julián anima a acudir. “Es una fiesta muy popular. Una cosa muy chula. Es parte de nuestra cultura, apegada a la tierra y muy cercana a las personas que cuidamos de ella. Tener una copa de vino y poder probar vinos de un montón de bodegas, disfrutar y compartir”.