Síguenos en redes sociales:

Premio Sabino Arana FUNDAZIOA
Eduardo AnituaDoctor en Medicina y Cirugía y especialista en Estomatología

"Lo que me ha movido desde el inicio ha sido mejorar de forma tangible la calidad de vida de las personas"

Eduardo Anitua (Gasteiz, 1956) es conocido a nivel mundial por ser pionero en el desarrollo de técnicas en bioimplantología y regeneración de tejidos

"Lo que me ha movido desde el inicio ha sido mejorar de forma tangible la calidad de vida de las personas"Alex Larretxi

Propietario de una agenda intensa, su actividad en la investigación de vanguardia y en la promoción de la salud le han valido para ser reconocido internacionalmente como un referente.

Doctor, ¿qué sintió cuando se enteró de que era merecedor de uno de los galardones?

Lo primero que sentí fue un profundo agradecimiento. Un galardón de esta naturaleza no lo interpreto como un mérito individual, sino como el reconocimiento a muchos años de trabajo compartido: el de un equipo clínico y científico, colaboradores, pacientes y familias. Me hizo ilusión, por supuesto, pero sobre todo lo viví como un estímulo para seguir investigando y trasladando ese conocimiento a mejoras reales en la salud de las personas.

Va a compartir premios con la UNRWA, Juan Mari Atutxa, Enrike Zelaia, el Bera Bera y Etxeondo, todos ellos, excelentes en su ámbito de actuación. ¿Qué le parece la nómina de premiados?

Me parece una estupenda nómina de premiados, representativa de la excelencia y del compromiso con la sociedad desde ámbitos muy diversos. Compartir este reconocimiento con instituciones y personas de ese nivel es un honor y, al mismo tiempo, subraya el valor de trabajar con vocación de servicio, rigor y sentido de responsabilidad.

Eduardo Anitua

¿Ya sabe cómo será su discurso de aceptación?

Pues todavía no he hecho mucho. La verdad es que el día a día es tan intenso que aún no me ha permitido ponerme con ello. Pero sí tengo claro el enfoque: será un discurso de agradecimiento por el reconocimiento, en el que haré hincapié en algo que considero esencial: la necesidad de apostar de manera decidida por la investigación y por la salud, porque creo profundamente que es la vía más sólida para generar bienestar, progreso y oportunidades para todos.

Imagino que será difícil cansarse de recibir reconocimientos: Premio Nacional de Innovación, la Universidad de Stanford siempre le sitúa como uno de los investigadores más destacados del mundo, su empresa es la de mayor producción científica del Estado…

Lo que me ha movido desde el inicio de mi trayectoria profesional ha sido un objetivo muy concreto: poner el conocimiento y la innovación al servicio de la salud, para mejorar de forma tangible la calidad de vida de las personas. Y, en ese sentido, cada reconocimiento no se vive como una meta alcanzada, sino como un estímulo para seguir avanzando con más rigor y más responsabilidad. Además, nunca interpreto los premios como un mérito individual. Son, sobre todo, un reflejo del trabajo sostenido de un equipo multidisciplinar de colaboradores y de muchas personas que han confiado en nosotros a lo largo de los años. Como decía anteriormente, lo que aportan los premios es precisamente reforzar esa motivación inicial: seguir investigando, mejorando y trasladando a la sociedad soluciones útiles, seguras y eficaces para los pacientes.

El jurado que ha decidido premiarle lo ha hecho por ser referente mundial en implantología oral y medicina regenerativa y por “su inestimable contribución al progreso científico y su vínculo con la comunidad”. ¿Cuál de esos descriptores le hace más ilusión?

En mi caso ambas ideas van unidas: se puede contribuir al progreso científico sin perder el vínculo con la comunidad. Desde mis inicios he procurado mantenerme unido a Vitoria, mi ciudad natal, y me siento especialmente satisfecho de haber podido desarrollar aquí mi carrera científica y profesional. Que ese trabajo haya contribuido a convertir a Vitoria en un referente internacional en implantología oral y medicina regenerativa es algo que valoro enormemente.

Su nombre, desde luego, trasciende fronteras. Me consta que es muy requerido para impartir cursos, formaciones y charlas en medio mundo. Podemos decir que ha impulsado la visibilidad de la ciencia en Gasteiz, Euskadi y Estado.

Es cierto que mi actividad científica y docente me lleva con frecuencia a participar en congresos internacionales, y procuro que esa presencia sirva también para dar visibilidad al trabajo que se realiza desde Vitoria. En ese sentido, cuando participo en estos eventos por todo el mundo, intento ejercer también como un embajador de Vitoria, de Álava y del País Vasco, mostrando que desde aquí se puede generar conocimiento, innovación y progreso con impacto global. Pero, además, hemos querido que ese intercambio sea en doble dirección: que el conocimiento circule y que también venga aquí. En esta línea, es una gran satisfacción que cada año acudan a Vitoria más de 2.000 profesionales de la salud para recibir la formación que impartimos. 

Su labor facultativa e investigadora se completa con la didáctica. Usted destaca por la promoción de la vida sana entre quienes quieren escucharle.

Siempre he entendido la divulgación como una extensión natural de la labor clínica y de la investigación. Generar conocimiento es importante, pero es igualmente importante traducirlo a mensajes claros y útiles que ayuden a las personas a cuidarse mejor y a tomar decisiones informadas. Al final, la salud es nuestro mayor patrimonio. Adoptar hábitos saludables –en la alimentación, el descanso, la actividad física o la prevención– no solo mejora la calidad de vida, también nos permite estar en mejores condiciones para ayudar a los demás: a la familia, a quienes dependen de nosotros y, en definitiva, a la sociedad. Por eso creo tanto en la importancia de esos pequeños cambios posibles y sostenibles; si conseguimos que quien nos escucha incorpore mejoras concretas en su día a día, el impacto puede ser enorme tanto a nivel individual como colectivo.

BTI, su empresa, se ha convertido en este último cuarto de siglo en una referencia en investigación científica internacional. Dentro de la actividad del laboratorio, ¿de qué está más orgulloso?

De lo que me siento más satisfecho es de haber consolidado un modelo de trabajo en el que la investigación no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para resolver problemas reales y mejorar la práctica clínica. En BTI hemos apostado por una I+D rigurosa, con publicaciones, colaboración con profesionales y universidades, y una clara orientación a la transferencia: que el conocimiento llegue a soluciones concretas, seguras y útiles para los pacientes. También quiero añadir que me siento muy orgulloso del equipo que hemos creado. De su capacidad para mantener exigencia científica, cultura de mejora continua y vocación de servicio durante tantos años. Eso es lo que, a mi juicio, explica que hoy seamos un proyecto reconocido y, sobre todo, con impacto internacional.

¿Cómo definiría las capacidades vascas en materia científica?

Diría que son capacidades sólidas y en crecimiento. En Euskadi contamos con magníficos ingredientes: talento, cultura del esfuerzo, rigor y una clara orientación a la excelencia. En el ámbito científico, hemos demostrado que disponemos de un ecosistema capaz de generar conocimiento y transformarlo en valor social y económico, cumpliendo con los estándares de calidad más exigentes a nivel global, pero siempre se puede mejorar y para ello es imprescindible una colaboración público-privada.