"Se lo ha tragado la tierra"
La policía no logra descubrir el paradero de una veintena de vascos desaparecidos durante los últimos años
Vitoria. Sus rostros comunes envuelven el misterio encarnado en drama humano. Por sus semblantes de hombres y mujeres corrientes podrían ser el vecino, familiar o amigo de cualquiera, aunque el infortunio desgraciado ataja cualquier semejanza. Los desaparecidos permanecen en una nebulosa atrapados por las incógnitas que martirizan a familiares y amigos.
Sus casos son expedientes X para la Policía que desatan toda clase de interrogantes sin respuesta. Nadie sabe dónde están, ni qué es de ellos. Ni siquiera si están vivos. La propia Ertzaintza se reconoce impotente a la hora de cifrar el número de desaparecidos vascos. "Es difícil establecer una estadística absolutamente fiable porque hay apariciones que no se comunican y el caso continúa abierto de una manera ficticia", aclara un portavoz. Los registros de la Policía vasca arrojan 7.809 desaparecidos en los últimos 3 años, aunque la mayoría de ellos han sido finalmente localizados.
La asociación Inter-sos, referente a nivel estatal, eleva esta cifra en el estado a 14.000 con el reconocimiento de la inexactitud. "Muchos ficheros policiales están sin actualizar", apuntan. De igual modo, censuran el retraso de los análisis forenses, que podrían esclarecer muchos casos. "Existen 4.000 restos óseos sin identificar porque no han sido cotejados con los restos genéticos de las personas desaparecidas", lamentan. La Ertzaintza traza un perfil mayoritario que corresponde a menores, "muchos de los cuales son jóvenes acogidos en centros tutelados". Sus portavoces apuntan como causa habitual su inadaptación al tutelaje. Este análisis contrasta con el de Inter-sos que esboza un perfil ilimitado entre los casos sin resolver. De hecho, la veintena de desaparecidos vascos que recogen tanto la página web de la Ertzaintza como de la propia asociación coinciden en su variedad con una gran diversidad de edades.
Asimismo, las desapariciones publicadas coinciden en el misterio. Sus rastros se pierden en lugares cotidianos para el afectado, a escasos metros del domicilio o incluso en la escalera de su edificio, o en puntos céntricos de cualquier gran ciudad. "Parece que a mi hermano se lo hubiera tragado la tierra", suspira Josefa Rodríguez, cuando recuerda a su hermano desaparecido desde hace seis años, Luis Rodríguez Roy.
Las desapariciones pueden prolongarse desde días a décadas sin arrojar indicios claros. Precisamente, los dispositivos policiales de búsqueda se mantienen el tiempo que tardan en cerrarse las pistas de investigación. En Euskadi, los protocolos se activan con prontitud, especialmente si se trata de menores. "En este caso los trámites de búsqueda se inician desde la recepción de las primeras informaciones", señalan sus portavoces.
Lo cierto es que superado el ajetreo inicial de la búsqueda, las desapariciones prolongadas dejan un poso devastador en los entornos personales. "Cuando suspendieron la búsqueda por falta de indicios no estaba preparada y hoy, ocho años después, sigo sin estar preparada. Nunca lo superas", relata Ángela Gómez. Así, reconoce padecer sentimientos de "angustia y rabia" por la ausencia de su hijo Emilio Eguiluz, que desapareció hace ocho años a la edad de 41.
La habitación de Emilio permanece inalterable desde entonces con la pila de cedes de sus grupos favoritos como Dire Straits o Deep Purple formando un recuerdo imborrable. Su rastro se perdió un día de julio de 2003 cuando emprendió una de sus frecuentes caminatas vestido con playeras, pantalones cortos y camiseta. "Cambió de ruta porque no se le vio en la zona de caseríos donde planeaba caminar", recuerda su madre. Emilio mantenía su afición por las travesías frente a sus secuelas físicas que le impedían realizar los largos trayectos en bici de tiempos más jóvenes.
En la fecha de su desaparición, Emilio padecía trastornos de narcolepsia y cataplejías que le provocaban ataques de somnolencia y pérdida de fuerza muscular que le inhabilitaban durante varios periodos cada día. Su pueblo natal se volcó con batidas de vecinos y el club de montaña, aunque al cabo de un mes la búsqueda se redujo a la cuadrilla de Emilio.
El suceso ha dejado secuelas entre sus allegados como refleja la mirada melancólica y perdida de la ama, que no puede ocultar su corazón roto. "Es la persona más buena que te puedes encontrar en la vida, tan cariñoso...", suspira sofocando con dificultad un atisbo de llanto.
La desaparición de Luis Rodríguez Roy fue más reciente, el 17 de marzo de 2005, pero no menos misteriosa. La última vez que se le vio fue a 50 metros de la pensión en la que vivía. La extrañeza se mantiene intacta entre los familiares porque ese día Luis sólo portaba su DNI y la cartilla de Osakidetza.
"Ni siquiera llevaba el calzado adecuado para un tiempo de fuertes precipitaciones cuando los ríos estaban crecidos. No podía irse a ningún sitio", señala su hermana Josefa. A sus 58 años, Luis era una persona sociable que gustaba de alternar en las terrazas, aunque conservaba un punto de desconfianza hacia los desconocidos.
La angustia permanece intacta entre los familiares casi siete años después de que se perdiera su rastro. "Los primeros días sufrimos mucho porque pensábamos que se moriría de frío. Todos los días nos preguntamos qué pasó con él y todavía miramos en las cunetas por si le encontramos accidentado", reconoce su hermana. El monte fue la última esperanza de la familia por su afición al senderismo, aunque en este tiempo no han podido encontrar ninguna pista.
Josefa Rodríguez muestra la imagen de su hermano Luis. Foto: dna
"Cuando suspendieron la búsqueda no estaba preparada y después de 8 años sigo sin estarlo"
"Todos los días nos preguntamos qué pasó. Todavía miramos en las cunetas para buscarle"
Ángela Rodríguez conserva el cartel de búsqueda de su hijo. Foto:dna
desapariciones
l Misterio. Los desaparecidos de larga duración, tanto en la comunidad autónoma como en el resto del Estado, no tienen una causa aparente en su mayoría, lo que dificulta la investigación a los cuerpos policiales encargados de tal circunstancia.
l Perfil. Muchos desaparecidos son casos protagonizados por menores de edad, que se marchan por desaveniencias con sus progenitores, aunque normalmente aparecen al cabo de días. Estos incidentes afectan a toda clase de personas.
l Dispositivo. La Ertzainta inicia la búsqueda inmediatamente si se trata de menores. En las ciudadades establecen vigilancias si hay indicios. Fuera de las urbes se recurre a grupos de montaña, embarcaciones, bomberos, helicópteros... Y todo tipo de recursos.
l Investigación. La búsqueda se mantiene hasta hallar a la persona o hasta agotarse las pistas.
la cifra
7.809
l Desaparecidos en 3 años. La Ertzaintza ha registrado 7.809 denuncias desde 2009, aunque la mayoría han aparecido.
l Estadística incierta. Existen 14.000 casos abiertos en el Estado, pero muchos no han sido actualizados en las fichas de los cuerpos policiales.
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