La repetición electoral no es una quimera en Castilla y León. Las líneas rojas planteadas en las relaciones entre PP y Vox conducen a esta comunidad hacia un bloqueo de solución compleja a no ser que todo sea una representación propia del guión de la derecha. La formación encabezada por Alfonso Fernández Mañueco ha hecho suyo el discurso de Génova y plantea un gobierno en solitario donde avisa a la ultraderecha de que no “dará ni un paso atrás” en materia de Igualdad. El partido de Santiago Abascal no ha tardado en responderle, a través de su propio líder, rechazando lo que entiende como un “chantaje” y advirtiendo a los populares de que avanzan hacia una nueva convocatoria de las urnas. La extrema derecha apenas perdió el tiempo en establecer como condiciones la derogación de lo que considera políticas exclusivas de la izquierda, y que atañen a la memoria histórica, y las leyes de violencia de género y LGTBIQ+. El PP tiene difícil salir del atolladero, en tanto que forzar el matrimonio con Vox o descartarlo puede conllevarle igualmente un coste, y la opción de entenderse con las fuerzas provinciales tampoco se presenta factible ante el desprecio con que las trata. El PSOE, como requirió Pedro Sánchez, solo se plantearía la abstención si el PP rompe todos los pactos de gobierno que ostenta con Vox.

“Si alguien piensa que el PP de Castilla y León va a dar un paso atrás en defender la igualdad (...) entre hombres y mujeres, se equivoca”, ha defendido Mañueco en su discurso ante la junta directiva autonómica, en alusión a las imposiciones de Vox. Pero también ha tenido un mensaje para las candidaturas localistas subrayando que no va a ceder “a chantajes de apoyos por privilegios de unas provincias sobre otras”. Eso sí, la decisión y la negociación de los pactos -ha trasladado a la dirección nacional de su partido- será suya. El líder regional del PP ha recordado a la extrema derecha que el marco de la negociación “siempre lo ha puesto quien ha ganado las elecciones”, y que tendrían que haber felicitado al vencedor antes de exponer los condicionantes para sentarse a pactar.

Para Abascal, por contra, lo coercitivo es la postura de Mañueco. Por ello, ha señalado que Vox no va a caer “en el chantaje del PP” para respaldar “gratis” la gobernanza tranquila. “Van a una repetición electoral con tal de no pactar con Vox”, ha aventurado en EsRadio. Y aunque la mismísima noche del domingo dijo que a su candidato, Juan García-Gallardo, se le estaba poniendo cara de vicepresidente, ahora evita hablar directamente de puestos y solo insiste en la necesidad de llegar a un acuerdo: “No hemos exigido formalmente nada, ni vicepresidencia ni número de consejerías”.

Génova quiere buscar un consenso con las marcas de la España Vaciada y después pedir a Vox el apoyo desde fuera, sin que entre en el Ejecutivo. Y Mañueco no ha tardado en hacer seguidismo aunque en primer término no desdeñara de la alianza con la ultraderecha, a la que tampoco se cierra en banda. “¿Un Gobierno fuerte es un Gobierno de coalición, como el que tiene Sánchez, débil y fracturado? Eso yo no lo quiero para Castilla y León. Un Gobierno fuerte no necesariamente tiene que ser de coalición”, ha expresado ante los suyos. “Si alguien piensa que vamos a romper nuestros lazos en Europa, que se llama vacunas, PAC, infraestructuras... se equivoca”, ha espetado a Vox, a quien sugiere que no puede pretender negociar un gabinete de coalición con las mismas consejerías que ocupó C’s en 2019 ya que la situación no es igual. “Se equivoca quien hace números sin hablar de proyectos y quien quiere equiparar la situación de hoy a la de hace tres años, porque quien ha ganado las elecciones es el PP”, y entonces lo hizo el PSOE.

AYUSO, SIN COMPLEJOS

A quien no le repele la idea de gobernar con Vox es a Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid se ha permitido incluso aleccionar tanto a Mañueco como a Pablo Casado para que Castilla y León tenga “pronto” un gobierno “basado en la suma de intereses” frente al “proyecto totalitario que está destrozando España”. “Que no nos importe lo que opine la izquierda sobre nuestros pactos”, ha proclamado. Todo, para blindar a este feudo “de políticas identitarias, pobreza y desesperanza”. Lo ha soltado desde su trono, ese del que no depende de Vox para implantar políticas que no se alejan de la ultraderecha.

LA SOLUCIÓN DE SÁNCHEZ

Sánchez también fija sus condiciones. Quizás sea un brindis al sol a sabiendas de el escenario permanecerá inamovible pero el líder del PSOE ha lanzado al PP una solución a su entuerto: meditaría una abstención si el partido de Casado rompe todos los acuerdos que tiene con Vox en comunidades como Madrid, Murcia y Andalucía. Así ha respondido el líder socialista al portavoz del PP en el Senado, Javier Maroto, durante la sesión de control al Gobierno en la Cámara Alta, después de que el dirigente popular le pidiera que tenga en cuenta la opinión de los alcaldes de Valladolid y León que están planteando esta salida. “Si quiere pedir la abstención del PSOE, explique el por qué quiere la abstención del PSOE, explique el por qué Vox es un peligro para la democracia y que hay que poner un cordón sanitario, pero haga una cosa previa, con todos aquellos Gobiernos que están pactando con la ultraderecha, díganle que rompan sus acuerdos”, ha contestado Sánchez a Maroto. Por su parte, el líder del PSOE en Castilla y León, Luis Tudanca, añade las alianzas del PP con la ultraderecha en lugares como Palencia, Aranda de Duero (Burgos) y El Espinar (Segovia).

“Si explican que Vox es un peligro para la democracia, para las mujeres y para el colectivo LGTBI, a lo mejor nos podemos entender”, ha proseguido Sánchez. A su juicio, "se ha demostrado que no es verdad, que el cambio de ciclo, que la estrategia que iba a llevar a Casado a La Moncloa, no ha sido tal”. “Nosotros lo que podemos garantizar a los ciudadanos de Castilla y León es que cualquier cuestionamiento que se haga por parte del Gobierno que ustedes formarán con Vox contará con la respuesta contundente y firme del Gobierno de España”, ha sentenciado.