Al PP se le giraron ayer otra vez el relatos de lo que es la democracia a medida que no le sirven para alcanzar sus objetivos. Volvió Núñez-Feijóo a proponerse como referente de una moción de censura para descabalgar al Gobierno de Pedro Sánchez, pero esta vez ofreció convocar elecciones de inmediato.

Hasta ahora, el discurso era que la figura constitucional de la moción de censura es constructiva y continuista. A saber: que no va de liquidar la legislatura sino de proponer que un candidato alternativo asuma la Presidencia del Gobierno. Vamos, que Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.

Pero, con o sin disolución de las Costes, la ficción de ese guion está en aparentar que es inocuo para cualquiera fotografiarse junto al PP y Vox. Menos aún para PNV y Junts, a los que les piden un cheque en blanco quienes no aspiran a acordar con ellos un modelo plurinacional sino a gobernar con quienes aspiran a minorizarlos o directamente ilegalizarlos. Pedidas aclaraciones al respecto, en rueda de prensa Borja Semper pudo profundizar en lo dicho por su jefe, pero se limitó a considerar su frase como “brillante y magnífica”, lo que le granjeará palmadas, pero dista de ser un programa de gobierno o las bases de una negociación. 

La gota que colma

Esa violencia por nuestro bien

Protestas, fiestas y represión. París, Valencia o cualquier otra ciudad topan de vez en cuando con un evidente problema de violencia. Cuando un colectivo protesta por sus circunstancias, alguien encuentra oportuno cargar contra el mobiliario urbano o la propiedad ajena; cuando un equipo de fútbol gana una competición continental, alguien entiende que es momento de saquear, quemar y enfrentarse con el poder político; cuando una sociedad otorga el monopolio de la violencia a una policía profesional, se cuela quien cree que eso va de dar cera. Milenios de evolución están a punto de devolvernos a las cavernas.

Entender la política es aún más difícil cuando pasa por un juzgado. Ayer, cualquier lego en la materia -como el que suscribe- pensaría que al hermano de Pedro Sánchez la va bien que le anulen una acusación y que los testigos reduzcan a “rumor” la de enchufismo. El mismo neófito interpretaría que, cuando el jefe de la Policía de Fernández Díaz admite una operación policial en torno a Bárcenas -aunque lo hiciera guiado por su abogado y mantuviera que no iba de ayudar al PP sino de encontrarle dinero oculto-, se dibujan los contornos de la ‘trama Kitchen’. Pero, como tanta presunción no asegura resultados, igual es hora de dedicar estas autopsias a otras vísceras. A ver lo que dura el propósito de enmienda.