Pessoa, un escritor muy pesimista, decía que “la vida es un viaje experimental que hacemos todos involuntariamente”. Y no nos damos cuenta hasta que el recorrido ha empezado.

Las primeras paradas en la carretera son livianas: estamos felices de la excursión. Según se suceden las detenciones, pensamos que el paisaje es espléndido y el cielo muy azul; vemos pájaros y flores por el camino hasta que, inesperadamente, entramos en un túnel.

Un solo túnel no nos asusta. Volvemos al cielo y está un poquito más nublado. Así pasa la vida: el escritor portugués fue muy realista.

La vida es parecida al mes de marzo. Después de escribir “marzo” he pensado que es una falta de respeto comparar la vida con un mes. Hay veces que, por quedar bien, escribimos verdaderas bobadas. Sin embargo, hay algo que une el mes con la alegría y el pesimismo.

Al emperador Julio César le avisaron cuando llegaba al túnel. Cuenta Plutarco que un vidente le dijo que tuviera cuidado el 15 de marzo, los idus de marzo, el día en que iba al Senado. Julio César se rió de él y le dijo: “Los idus de marzo ya han llegado”, y el vidente le contestó: “Pero aún no han acabado”.

Le asesinaron el 15 de marzo del año 44 a. C. Su mujer, Calpurnia, ese mismo día, le dijo: “Por favor, no vayas”. César no la escuchó, se puso su toga praetexta, blanca con el borde púrpura, y se fue al Senado. Cuando vio que le acuchillaban, se cubrió con la toga, signo de dignidad, pero cayó bajo la estatua de su rival, Pompeyo. Sin embargo, cuando el Senado se llenó de sangre, pensaron que era el destino.

Ya han pasado los idus de marzo. Martius o Idus Martiae es, según el calendario romano, una fecha de buenos augurios. El intermedio de marzo –el 15– era considerado de suerte, como todos los días 15 de mayo y julio y los días 13 del resto del año.

El planeta Marte fue observado por Babilonia, Egipto y Grecia, y lo incluyeron en sus calendarios astronómicos con nombres de dioses de la guerra. Los griegos le llamaron Ares y los romanos, Marte. Se creía que era un día de buena suerte: los frutos llegaban para llenar la naturaleza de abundancia. Es rojo por su suelo oxidado, pero los romanos creían que lo era por la sangre derramada en las batallas.

El primer día de marzo en el calendario romano antiguo, las calendas, coincidía con la luna nueva. La media luna y la luna llena eran fechas fijas, junto con las nonas y los idus, utilizadas para contar los días y anunciar los plazos para pagar deudas.

Tras los idus, llega la primavera, que dura 92 días y finaliza el 21 de junio.

Cambiamos a un tema más alegre.

Estamos en marzo. En Rumanía se celebra en este mes el Martisol, un amuleto con flores. Es un símbolo de la primavera, como un talismán de suerte y bienestar. En marzo y principios de abril, antes del amanecer, los chicos se declaran a las chicas y colocan martisoles en los árboles.

En Moldavia y Transilvania se pone un Martisol grande en las puertas, una costumbre que también tenemos. En nuestra tierra se coloca un eguzkilore, la flor del sol, para proteger la casa de los malos espíritus y atraer la suerte.

Cuenta una leyenda que una mujer de Moldavia se enfadó y no dejó entrar a la primavera. Para evitar esa tristeza, el hada de la primavera se cortó un dedo. La sangre cayó sobre la nieve y la derritió: así fue desterrado el invierno.

También en Moldavia hay otra leyenda que sucede en marzo. Una joven bajó a la Tierra y un dragón la secuestró en su castillo. Desde ese día no hubo pájaros ni flores, y los niños dejaron de reír. Un joven valiente fue en su busca. La búsqueda, hasta encontrar el castillo del dragón, duró un verano, un otoño y un invierno.

Luchó contra el dragón y salvó a la muchacha. El joven, agotado, murió sobre la nieve, y allí empezaron a brotar las campanillas de invierno, la primera flor de la primavera, coincidiendo con el equinoccio. En su memoria se lleva un hilo con dos colores: blanco y rojo. El blanco es la campanilla; el rojo, el amor y la valentía.

Los pueblos rumanos colocan en abril un martisol en un árbol florido como amuleto para que el año sea feliz. En el norte de Rumanía, en Bucovina, se cree que el martisol es el hilo de la vida humana que representa el destino. En los Balcanes se llama martenitsa.

El equinoccio de primavera ocurre cuando los dos polos de la Tierra están a la misma distancia del Sol y el día tiene la misma duración que la noche: 12 horas. Equinoccio se deriva del latín aequinoctium, “noche igual”.

La primavera de este año, 2026, comenzará a las 15:46 del viernes. A la misma hora, en el hemisferio sur empieza el otoño. Esta primavera durará 92 días y finalizará el 21 de junio, cuando comienza el verano.

Este año, la primera luna llena será el jueves 2 de abril. Las lunas marcan las fechas de la Semana Santa.

Los poetas han escrito muchas frases sobre la primavera que se han hecho cotidianas: “La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido”; “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”; o “El invierno está en mi cabeza, pero la eterna primavera está en mi corazón”.

Quizá por cercanía y amistad, me gusta especialmente recordar a Fito & Fitipaldis: “Primavera, ven, y cuídame de este invierno”.

Pues sí, estamos en primavera, con flores y versos.