Una imagen ilustrativa del profundo espacio transformador que vivimos, así como de la inevitabilidad de una mentalidad innovadora, motor de la reconfiguración de nuestros espacios de futuro, en el largo plazo, de la mano de un compromiso con la elección del mundo que queremos, se presenta como solamente construible con acuerdos entre nuevos compañeros de viaje (próximos a nosotros o lejanos adversarios), es la manera de ver el Ártico (y, por supuesto, Groenlandia) desde ojos y mapas con los que rara vez lo habríamos visto. La imagen que acompaña este artículo la incluí en mi libro publicado en 2.022: “Bizkaia 2.050: Bilbao-Bizkaia-Basque Country” en el apartado “Generación de redes, nodos o centros de conocimiento, innovación y decisión para la prosperidad”. Se trataba de movilizar reflexiones hacia los nuevos tiempos a futuro, motivando estrategias de interrelación con otros espacios y territorios clave, configurando un nuevo mapa de alianzas, compartiendo recursos, desde un propósito y proposición de valor, que pueda fortalecer, desde el posibilismo real a la vez que exigente, nuestro desarrollo y prosperidad. Nuevas lentes y señales para abordar el mundo en marcha.

Hoy, anticipamos luces rojas que podrían limitar el desarrollo deseable por nuestros países, sus empresas y sociedades diversas, desde una capacidad real de cocreación de valor, bienestar, competitividad y desarrollo en su complejidad convergente. No podemos, ni debemos hacer todo solos (por bien que lo hagamos) y hemos de abrir espacios coopetitivos (en los que cooperemos y compitamos a la vez) en el marco de una estrategia propia y única, conscientes de que, también, nuestros aliados emprenden su propio viaje, pretenden sus propios intereses diferentes a los nuestros y que cada uno, seguirá un camino singular y único. Simplemente, la esencia de la estrategia: unicidad diferencial, única, alineada con tu propia identidad, cultura, propósito, principios y valores. Todo un largo camino, optando por prioridades, eligiendo nuestro propio camino, convirtiendo las dificultades y problemas en “olas favorables de oportunidad”.

Tiempos que exigen una invitación a gobiernos, empresas, academia y ciudadanos en general a repensar nuestras aspiraciones, el sentido de nuestro trabajo y la comprensión de las dimensiones de la convergencia colaborativa exigible para la búsqueda de soluciones y logro de nuestras intenciones.

Hace unos días, el Copenhagen Institute for Futures Studies, publicaba un informe, Scenarios for Greenland: Deterrence, Dependence or Capitulation? (Escenarios para Groenlandia: ¿Disuasión, Dependencia o Capitulación?). Se excusaba por ir en contra de su concepción metodológica y largos años de arquitectura estratégica experta aplicando el estudio de escenarios con visión de largo plazo, entendiendo el entorno, la geopolítica, la competitividad y sus riesgos limitantes y no, como en esta ocasión, circunscrito a un escenario inmediato, obligados por las amenazas del presidente Trump para hacerse, de una u otra forma, con Groenlandia. Definía cuatro escenarios: la guerra del Ártico, la Impotencia, Europa, el Arte del Acuerdo, atenuando luces nórdicas.

Hoy, semanas después, en un rápido análisis parecería que un asunto de tanta importancia y gravedad ha pasado a un espacio de “negociación para una solución o no solución pactada” que procura un sin número de consecuencias que, de una u otra forma, marcarán un nuevo camino con recorrido incierto, a futuro, para todos y cada uno de los jugadores implicados.

Nos preguntamos en qué nos afecta, por qué ahora y qué tiene que ver con nuestras decisiones y movimientos a realizar. Más allá de su enorme importancia en sí misma, refleja el mundo interrelacionado en el que nos encontramos. El mal llamado “efecto mariposa” y la transcendencia de cualquier Megatendencia o evento local que por insignificante que parezca, termina determinando, de una u otra forma nuestras vidas. Así, sencillamente nos invita a descubrir si asistimos a su interpretación como olas de oportunidad o nos encasillamos en su efecto problema.

Esta complejidad e incertidumbre, en un mundo plagado de turbulencias geopolíticas, transformaciones económicas, reconfiguración de estructuras sociales, confusionismo ideológico y una creciente e imparable sucesión de demandas inmediatas, desde posiciones con, muchas veces, incoherencia atendiendo a los múltiples grupos o líneas de interés en según el rol que asumimos en cada momento, parecería conceder escasos márgenes de maniobra para la reflexión, el pensamiento colectivo y solidario, sobre el que plantearse apuestas y compromisos para elegir, diseñar, construir un futuro distinto al esperable o dado por terceros.

Así, la siempre dualidad electiva entre riesgos versus resultados y beneficios esperables, la “gestión del tiempo entre el hoy y el mañana”, las necesidades y posibilidades, el mundo que tenemos y no nos gusta frente aquel aspiracional que quisiéramos vivir, o el compromiso responsable, o el dejarte llevar por lo que otros decidan, o la promesa mediática ante las posibilidades y voluntad de su logro, conllevan no acomodarse a lo que nos gustaría que pasara, sino a la realidad constatable en los tiempos que corren y que, queramos o no, suponen la necesidad de asumir cambios significativos en muchas de las reglas del juego con las que hemos convivido en las últimas décadas. Hoy, nuevos jugadores, nuevos compañeros de viaje, turbulentas y desconocidas relaciones con terceros (muchas veces con adversarios de antaño y hoy futuribles “amigos”), reconfigurarán los escenarios a visualizar, explorar y acometer. De esta forma, todo afán de inmediatez obliga a navegar todo tipo de riesgos (reales y potenciales), con una brújula orientada a los ejes impulsores de nuestros valores, propósitos, principios y, como no, escenario deseable a futuro, desde la esencia irrenunciable del largo plazo.

Solamente la cultura y liderazgo del largo plazo hacen de la visión y estrategia la vía imprescindible para hacer de nuestras fortalezas y solidez de partida, la movilización aspiracional y aplicación eficiente-eficaz de su ejecución y logro. Como siempre (aunque se olvida con demasiada frecuencia y se caiga en la comodidad Druckeriana de que la “gestión diaria y del pasado se come la estrategia en el desayuno”), la estrategia y el largo plazo, constituyen la herramienta y arte esencial para optimizar la toma de decisiones, la elección u eliminación de oportunidades, mitigar riesgos y hacer de los problemas la solución y de las oportunidades el “catálogo” de potenciales áreas de logro sostenible en el tiempo.

Somos conscientes, hoy como en todo momento de crisis (e inevitable desorientación) del impacto condicionante de las geoeconomías y la geopolítica, siempre presentes a lo largo de la historia y que, sin embargo, han sido arrinconadas por muchos, mientras se convivía con resultados e inercias que parecían dotarnos de una cierta confortabilidad y sensación de dominio del tablero existente. Afortunadamente, quienes han sido celosos de sus obligaciones, competencias y buenas prácticas, cuentan al menos con una visión, un propósito, una estrategia y una consistencia y coherencia, que les facilitará introducir cambios, adaptaciones y “pequeñas variaciones” para superar la tormenta hacia un mundo mejor (siempre diferente) con la certeza (o al menos sensación) de actuar en términos equilibrados con alto grado de fiabilidad y fidelidad a sus principios, valores y propósitos.

Desde este último espacio, serán muchos quienes estén en condiciones de explorar, de manera acelerada, nuevos caminos, pautas, alianzas y compañeros de viaje (las más de las veces elegidos libremente, otras, impuestos por terceros o reactivos contra la intromisión de los adversarios con mayor nivel de poder). Asistimos, con fuerza renovada a un mundo y tiempos de inevitables alianzas (coopetitivas) con terceros que siempre exigirán el acompañamiento de entidades o herramientas para la colaboración, facilitadores de gobernanza y resultados compartidos.

Desde esta “nueva realidad” hemos de plantearnos un largo camino, diferente, lleno de preguntas que esperan respuestas responsables y comprometidas. ¿Cuál ha de ser, si cabe, un renovado modelo de competitividad, crecimiento, desarrollo inclusivo cocreador de valor empresa-sociedad que responda al verdadero concepto de Competitividad que proclamamos ante un mundo desafiante al servicio del bienestar y desarrollo humano sostenible? ¿Qué puede unir diferentes conceptos y modelos, en diferentes geografías del mundo, en los diferentes países en diferentes espacios (de eficiencia operativa, de innovación, de transformación creativa)? ¿En qué medida habrán de transformarse las diferentes políticas públicas facilitadoras o acompañantes? ¿Y las estrategias empresariales? Y, por supuesto, ¿cómo lograr la convergencia desde la filantropía, la responsabilidad social corporativa, los objetivos ESG, y el bienestar holístico de las comunidades hacia el valor compartido empresa-sociedad? ¿Cómo entender, en verdad, el compromiso de un progreso social-económico inclusivo y sostenible, más allá de etiquetas auto concedidas, simplificadoras, de espectros ideológicos más que diferenciados?

En este intenso y profundo trabajo, no limitado a un simplista blanco o negro, o conclusiones de recetario teórico copiable a lo “gatopardismo” cambiando términos y palabras para que todo siga igual, cobra una especial relevancia el espíritu crítico imprescindible para repensar el mundo en el que nos movemos y, sobre todo, en el que desearíamos encontrarnos mañana.

Hoy, cuando parecería desmoronarse todo a nuestro alrededor, hemos de relanzar nuestra confianza y credibilidad en el propósito de un camino hacia la prosperidad, liderando el tránsito entre la tormenta, para llegar a un escenario deseado, siempre diferente del punto de partida, conscientes de la realidad que nos lleva a iniciar este nuevo y retador camino, querido o impuesto, que hemos de transitar.

Sin recetas mágicas. Principios, valores, propósito, compromiso, esfuerzo colaborativo diferenciado y constancia coherente en el largo plazo. Nada diferente a todo camino, complejo y turbulento, ya recorrido. Hoy como ayer, asumir la realidad y construir un futuro aspiracional de progreso. l