Elon Musk le dio un minuto de gloria global a Irene Montero. El reproche a la exministra de Podemos se ha viralizado aunque el magnate ya lo ha olvidado. Musk es de los que airean la conspiración del ‘gran reemplazo’, que sostiene que los blancos estamos siendo sustituidos por otras razas en una especie de plan propio de la Spectra némesis de James Bond, o la F.E.A. (Federación de Espías Asociados) de Mortadelo y Filemón. Montero hizo un ripio sobre reemplazar fachas y a su literalidad se agarran los de la posverdad. Isabel Díaz Ayuso se apunta. La regularización de inmigrantes es, según sostiene, para ganar votantes de izquierda. La otra lindeza reciente de este remedo de Sarah Palin -la exgobernadora de Alaska, ‘musa’ caducada de la derecha populista estadounidense agrupada en el Tea Party, ¿se acuerdan?- ha sido señalar a todos los inquilinos vulnerables (familias con menores, personas con discapacidad o dependencia, víctimas de violencia de género o sometidas a pobreza energética, entre otros) bajo el calificativo de ‘inquiokupas’.
La fundadora del ‘free cañita party’ quiere enfrentarlos con los pensionistas. En eso, el que debería ser más cuidadoso es Pedro Sánchez, desbrozando el decreto ómnibus para que pase antes de final de mes. Es fácil: separe churras de merinas, ofrezca una solución para cada oveja y afronte el resultado. Lo contrario es reemplazar por relato la cruda realidad: le faltan votos en el Congreso.
La gota que colma
No atinamos al elegir carrera
Abandono universitario. Dice la estadística que casi uno de cada cuatro universitarios pincha en el primer curso hasta el punto de abandonar la universidad o cambiar de titulación. Tendemos a pensar que la orientación en bachillerato no es suficiente, pero también sabemos que información no falta. La dificultad proverbial de hacer casar las capacidades con la vocación y ambas con el mercado laboral ha sido constante desde que se democratizó la educación superior con la oferta pública. El primer curso acaba siendo otro listón del cribado sucesivo en la formación. Sin culpables; es otro aprendizaje.
Tampoco le faltó relato a Núñez-Feijóo ante la comisión sobre la dana. Se resume fácil: él no podía incidir sobre las decisiones de Carlos Mazón; la tragedia fue culpa de otro -la Confederación Hidrográfica por no informar a quien no estaba para recibir la información-; y Sánchez debió decretar emergencia nacional y despojar de poderes a Mazón -el primer competente para liderar la gestión de la emergencia, según la normativa-. Luego, se levantó y se llevó la misma dosis de verdad con la que entró, porque no gastó nada.