Antxon Alonso es el más reciente detenido mientras se investigan diversas tramas de presunta corrupción. Su nombre aparece ahora vinculado al caso por el que se ha arrestado a Leire Díez, como antes se conectó con el de Santos Cerdán y el del exsecretario de Organización del PSOE, con José Luis Ábalos y Koldo García. Koldo, Ábalos, Cerdán, Antxon, Aldama y Leire parecen montar tanto como tanto montar en los hilos cruzados de un tejido de presunta corrupción.

Pero la sustancia es ver si todo este lastre acaba por hundir a Pedro Sánchez en el lodo. Eso tendrá que ocurrir si llega el caso de acreditar su responsabilidad, como le llegó a Mariano Rajoy cuando el PP fue condenado por lucrarse con la trama Gürtel -y no convocó elecciones ni dimitió, por cierto-. A todos, por el mismo rasero.

El baile de nombres interconectados en el PSOE ya se daba en aquel caso, cruzándose los de cargos públicos y de partido del PP, como Luis Barcenas, Pablo Crespo o Francisco Camps, con empresarios -o así- como Francisco Correa o Álvaro Pérez; igual que en Púnica con Francisco Granados y un porrón de alcaldes, con David Marjaliza.

LA GOTA QUE COLMA

Subir el SMI elevará el SMI

Informe del Ministerio. Para empezar, perdón por la perogrullada del titular. Pero es similar a que Yolanda Díaz elija a sus expertos para analizar la subida del salario mínimo interprofesional que promueve ella misma, y concluyan que sí, que debería subir. Nadie duda de que habrá que actualizar, como el resto del poder adquisitivo laboral. Pero el informe resulta liviano sobre el impacto en el empleo y la economía: lo minimiza porque solo será significativo en la agricultura, la hostelería y las microempresas. Los dos sectores suman un 20% del empleo y un 15% del PIB y las microempresas, otro tanto. Solo.

Mantener el rasero daría credibilidad; a Sánchez habrá que pedirle cuentas por omisión in vigilando o por inmersión enlodando, si es el caso, pero quienes piden hacer txarriboda con él no dijeron “este sobre es mío” cuando se entramaba, bajo el palio de José María Aznar, y se ejecutaba, bajo el de Rajoy, la corrupción juzgada y condenada del PP. Nada exculpa nada, pero lo equilibrado sería girar facturas equivalentes por responsabilidades equivalentes en momentos procesales equivalentes. 

Con tanto lío, a Sánchez no le da la agenda para verse con Puigdemont en Waterloo. Pero ya va Otegi. Han decidido colaborar “entre las naciones vasca y catalana”, como si una y otra fueran equivalentes a ellos mismos. Sus yoes individuales abarcan a la colectividad. Y a callar todo el mundo.