Muchas personas consideran que los campamentos de verano no son más que una oferta, entre otras, para que, durante el verano, una parte de la infancia y adolescencia se relaje y no de demasiada guerra en casa, y esto tiene una especial connotación si los progenitores trabajan. Y si tal chavalería tiene la oportunidad de divertirse, convivir, y tener experiencias en entornos naturales, mejor que mejor.
Pero hay campamentos de todo tipo, campamentos parroquiales para dar un apoyo a los encuentros de la catequesis, campamentos urbanos, de idiomas, equinos, escolares, municipales, de diputaciones, de un espectro amplio de organizaciones, de instituciones financieras, incluso campamentos virtuales –¡toma ya!–. También hay campamentos de verano, como los campamentos eskauts que resultan ser el fruto de una actividad anual que normalmente viene precedida por varios años de otros campamentos vividos anteriormente, probablemente con un núcleo importante de las mismas personas que, por supuesto, no viven cada campamento de la misma manera, pues se supone que hay una progresión.
Hay habilidades, valores, y actitudes que, en el escultismo, se van trabajando durante el año, y que también son el fruto de un trabajo educativo constante. No hay duda de que la convivencia siempre conlleva procesos de avance y retroceso, pero el quid de la cuestión se centra en cómo abordar tales procesos. No es oro todo lo que reluce, pero la exposición a los problemas es el punto clave para aprender a abordar los conflictos y las dificultades. Y tal convivencia se enmarca en la naturaleza, siempre adaptando a cada edad las distintas actividades y encuentros. No en vano, muchas personas que han seguido tales procesos hablan de que “eskaut un día, eskaut para siempre”, lo que conlleva una filosofía de vida determinada por el “beti prest” que, lejos de ser una sinsorgada, marca unas líneas, lo cual no significa que siempre la marca ha quedado grabada con la misma intensidad para las diferentes personas que han recorrido tal proceso. Hay parejas, y familias enteras, que han quedado señaladas por los colores de una pañoleta, de una manera más o menos superficial, más o menos profunda. De la misma manera, en este contexto, se producen relaciones de amistad que perduran de por vida, y eso se comprueba también en el caso de que el espíritu de servicio a la comunidad reluce posteriormente en el hecho de que, a lo largo de la vida, quienes han pertenecido al escultismo suelen formar parte, e incluso generar, otro tipo de asociaciones.
No es ocioso manifestar que en el escultismo mundial hay más de quinientos millones de personas de distintas edades que, desde el nacimiento del escultismo en 1907, han participado de ese movimiento educativo, que está activo en más de ciento cincuenta organizaciones de distintos países, y que hoy, más de cincuenta millones de personas participan de sus actividades con el apoyo de voluntariado. Lo que significa que detrás hay un bagaje de valores y metodología que no se improvisa cada día, aunque siempre tiene el reto constante de ser adaptado a cada lugar y contexto, como intenta hacer aquí Euskalerriko Eskautak, pero también con un sentimiento de unión de culturas y de sensibilidad internacional.
El caso es que el escultismo entra por los pies, y que, como decía Baden Powel, el fundador del movimiento, la noche del campamento ayuda a entender que “por encima de las luces de la ciudad brillan las estrellas”; que tumbarse a ver el cielo estrellado en una noche tranquila en compañía de un grupo es algo más que magia; que ya no se pueden hacer fuegos de campamento, pero es una pena; que una reflexión para la vida puede dejar marca en ese contexto; que una noches de lluvia intentando que no entre agua a la tienda, no es un agobio, sino una experiencia; que superar el esfuerzo en una ruta es una lección de vida; que hay un fondo de espiritualidad en toda esta manera de vivir; y que observar desde una montaña por encima de las nubes, el horizonte, o ver amanecer, toca las teclas del alma…
Formar el carácter, crecer en responsabilidad, ayudar a tomar decisiones personalmente y en grupo, también se pueden desarrollar en un campamento. Resulta que ese campamento, necesariamente, tiene un espacio físico. Y aunque hay entidades públicas que apoyan más o menos razonablemente la promoción de tales estilos de vida, el lugar físico ideal en el que se desarrollan tales campamentos es una campa amplia, con arbolado, a las orillas de un río. Tiene sentido que existan normativas de protección del medio ambiente que se apliquen a los campamentos, pero cada vez es más difícil que estos campamentos, que cada año se desarrollan en espacios diferentes, que construyen su ciudad de lona desde cero con sus propias posibilidades, encuentren los espacios adecuados y legales, aunque las normativas cada vez son más exigentes, especialmente las de las Confederaciones Hidrográficas. Es lógico que se preserve el medio ambiente, y que se proteja la posibilidad de que una inundación destroce vidas humanas, pero tales grupos no tienen medios económicos para realizar en determinados lugares, por ejemplo, un estudio de inundabilidad. Podrían hacerlo las instituciones allí donde es posible. Otro modelo de sociedad, y de acción educativa, prefiere construir instalaciones fijas en albergues, o en instalaciones permanentes con todos los medios, pero es otro modelo que puede servir también a muchas personas ¡Cómo lo vamos a descartar, por favor!
Sabemos que existen muchos ayuntamientos que dicen ser sensibles a todos los valores que se reflejan en la vida de tales campamentos austeros en plena naturaleza, pero en la práctica no se preocupan por ofrecer lugares que podrían ser utilizados por esos campamentos, pues cada vez hay menos lugares hábiles para tales experiencias, y el voluntariado de los equipos educativos, que dedica su tiempo durante el año, y durante sus vacaciones de verano, a hacer posible tal tipo de educación, que no deja de ser un patrimonio intangible para la humanidad, tiene, cada vez, más dificultades para seguir adelante. ¡Con la cantidad de suelo que tienen algunos ayuntamientos! Por cierto, que hay otros a los que hay que agradecer sus aportaciones. También hay particulares que facilitan sus terrenos. Y es, por supuesto, un motivo de agradecimiento.
Poeta y escritor