vitoria-Gasteiz, que ha sido capaz de convertirse en green capital o capital gastronómica en los últimos años, bien podría venderse también como continental city en virtud de su ingenio para crear y alimentar debates en forma de bucle sobre muy diferentes continentes. Primero fue aquel palacio de la música en el Paseo de la Senda que recreó el célebre arquitecto Juan Navarro Baldeweb, quien facturó 2,7 millones de euros por el proyecto. Más tarde, en el rimbombante BAI Center trabajaron con fruición -también muy bien pagada, por cierto- el experto acústico Yasuhisa Toyota o el gestor José Ramón Villar -de los que nunca más se supo- creando la ilusión de otro continente de excelencia. Ahora debatimos Krea, que no es sólo una caja acristalada en el antiguo monasterio de Betoño con la que no sabemos qué hacer, sino una experiencia creativa. Las estaciones de autobuses -desde la que se dedicó a Agustín Ibarrola en la calle Francia hasta la consumada por Javier Maroto en la plaza Euskaltzaindia, pasando por la intermodal de Arriaga- o la terminal del tren de Alta Velocidad son otros de los grandes mitos de esta ciudad. Vitoria atesora una gran experiencia en continentes. Ahora sólo le falta ponerse a pensar en algún contenido con el que llenar tantos proyectos.
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