de un tiempo -bastante, de hecho- a esta parte, ocurre una cosa en Vitoria que me asombra y de la que no consigo encontrar la causa. Hace unos años empezaron a proliferar carteles en las fachadas de los bares que todavía se mantienen en algunos casos: “No tenemos servicio de terraza. Disculpen las molestias”. Y de repente desaparecieron los camareros más allá de las barras. Son contados con los dedos de una mano los establecimientos en los que te puedes sentar afuera y confiar en que alguien te pregunte qué quieres tomar y te lo traiga a la mesa. Es un caso único, no conozco otra ciudad en lo que ocurra lo mismo. Los vitorianos tenemos ya absolutamente interiorizado que hay que pedir las consumiciones en la barra y sacarlas tú mismo a la calle. Tan concienciados estamos de que las cosas son así que muchos son los que una vez bebido y comido, y por supuesto pagado, acceden de motu proprio a devolver tazas, vasos y platos al interior en una extraña y a la larga contraproducente solidaridad con el empleado del bar en cuestión. No critico a priori la falta de servicio porque, ya les digo, no acierto a comprenderlo. Si me dijeran que así se abaratan los precios podría llegar a entenderlo, pero no es el caso en absoluto. ¿Me lo explican?
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