de unos años acá, las mujeres se han cansado de aguantar según qué cosas. Bueno, hartas ya estaban pero ahora levantan la voz, algo que antes no hacían bien por vergüenza o simplemente por miedo. Como a pesar de los avances siguen teniéndose que buscar su hueco en esta sociedad -aún con evidentes reminiscencias machistas- pues ya protestan más y avisan de que no están dispuestas a soportar comportamientos que hasta hace no mucho considerábamos normales. Sin ir más lejos, y ya que estamos en estas fechas, las fiestas populares se consideraban coto de caza abierto a todos los hombres ávidos de presas femeninas. Las chicas tenían que resignarse a ser objeto de deseo por parte de cualquiera -sobrio o borracho- y conformarse estoicamente como si fuera su obligación cuando eran abordadas y/o sobadas en calles y bares. Cierto es que la líbido se dispara y que muchos atisban en estos días una oportunidad idónea para desinhibirse y poner algo de color a su habitualmente gris existencia. Pero al igual que ningún macho está dispuesto a aguantar más de la cuenta las peroratas del pesado de turno y mucho menos sus toqueteos, ellas quieren poner fin a estos padecimientos. Oído al parche, so pena de recibir una dolorosa -y merecida- patada en esos alterados cojones.