el referéndum griego, ese que le ha dado un “no” rotundo a la troika y a su política de extrema austeridad -lo que sea para que cobren los bancos- ya se ha cobrado su primera víctima. Ganó la postura del Gobierno pero, de momento, el que se va es Yanis Varoufakis. Parece raro que dimita como ministro justo después de haber sido refrendado por su pueblo pero, de hecho, ya se apartó de las negociaciones hace unos meses como gesto para facilitar las conversaciones. El ministro calvo que acudía a las reuniones en moto y enfundado en una chupa de cuero es, aparentemente, el chivo expiatorio ofrecido por Tsipras hacia sus beligerantes acreedores. Sigo sin entenderlo a pesar de las explicaciones dadas por el propio Varoufakis: “Me voy para no estorbar”. Y eso me lleva a pensar en San Emeterio, que dice abandonar el Baskonia por un motivo parecido: “Me voy para dejar las manos libres al club”. No creo yo que el futuro de Grecia y Europa dependa de que uno, por muy calvo y motero que sea, caiga mejor o peor a otros. Y supongo que el futuro de un club no se fragua a expensas de que se quede o se marche tal o cual jugador. Más bien pienso que tanto Varoufakis como San Emeterio se van porque están hartos, hasta los mismísimos más bien.
- Multimedia
- Servicios
- Participación