Amí también me gusta Blade Runner, la humanización de las máquinas, la rebelión de las máquinas, lágrimas en la lluvia... Viene esto a que acabo de leer que dos investigadores de Inteligencia Artificial y Arte de una universidad estadounidense han creado un algoritmo matemático que sirve para medir la originalidad de las obras de arte. La base del estudio es la definición propuesta en The Philosophy of Creativity y, a partir de ahí, el algoritmo introduce factores de diferencia respecto a obras precedentes y de influencia sobre obras posteriores. Los autores del estudio han aplicado su método sobre 60.000 cuadros y esculturas, del siglo XV hasta 2010. Por si les pica la curiosidad, este aséptico sistema de valoración elige como algunas de las obras cumbre del arte el Cristo Crucificado de Goya, Plátanos y pomelo nº1 de Lichtenstein, la serie El grito de Munch o Las señoritas de Avignon de Picasso. He leído esta noticia y he recordado otra peli ochentera, El club de los poetas muertos, cuando el profesor Keating pide a sus alumnos que arranquen la página donde se establece la fórmula para calcular la grandeza de un poema en función de perfección e importancia. Me pregunto qué es más inquietante, si las máquinas que se humanizan o los humanos que se convierten en máquinas.