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Mesa de Redacción Más espacios públicos, por Julio Iturri

en algunas islas del Mediterráneo -como en muchos pueblos- las casas no tienen puertas y los vecinos conviven y transitan libremente de una a otra. La extensión a las sociedades gastronómicas de la prohibición de fumar ha tocado una tecla sensible a decir por los numerosos comentarios, en uno u otro sentido, suscitados estos dos días en un vivo debate que para sí lo quisiera un proyecto de ley de presupuestos. Aunque el alcalde se ha quedado en la ocurrencia de que ha sido una conspiración judeomasónico-bilbaína contra las fiestas de La Blanca, hay cuestiones de más calado. Uno de los nudos gordianos es el carácter privado o público -según le vaya al argumento- de los txokos. Si se consideran espacios privativos, deberían permitir fumar como en casa o bien prohibirlo en los domicilios. Y si se arguye que las sociedades son de uso y tránsito público, de igual manera la ley debería abarcar a nuestras casas, donde también llevamos invitados y suele haber menores. Al final, así como el veto a los fumadores en los bares contribuyó a ganar la calle como espacio público, la Ley Antitabaco cuestionará, de rebote, la sacra propiedad privada de la vivienda -sobreprotegida por el ordenamiento jurídico- y facilitará la convivencia como en esas casas blancas y azules del Mediterráneo.