A pesar de que Islamabad ha comenzado a desmantelar el férreo dispositivo de seguridad que mantenía bloqueada la ciudad, la incertidumbre sobre el futuro de las negociaciones de paz se mantiene después del inesperado retorno del ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araqchí, a la capital pakistaní tras una fugaz gira por Omán y después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, cancelara el envío de sus delegados y rechazara la última propuesta de Teherán por considerarla insuficiente para sus intereses.

La vida cotidiana en Islamabad ha comenzado a recuperar su pulso este domingo. Las autoridades locales tomaron la decisión de relajar las restricciones de seguridad ante el aparente desvanecimiento de las esperanzas de una segunda ronda de conversaciones directas inmediatas. Durante días, la capital de Pakistán permaneció blindada debido a una actividad diplomática de alto nivel que alteró la rutina de cientos de miles de residentes de las ciudades gemelas de Rawalpindi e Islamabad. Los ciudadanos se vieron obligados a realizar largos rodeos por el corte de las principales arterias, mientras se registraban quejas en internet de propietarios de vehículos pesados y distribuidores farmacéuticos afectados por el bloqueo.

Se esfuma la expectativa

Este despliegue respondía a la expectativa de una nueva fase de contacto tras el hito alcanzado el pasado 11 de abril. En aquella ocasión, Pakistán actuó como mediador en lo que supusieron las primeras conversaciones directas de alto nivel entre Washington y Teherán en 47 años. Las delegaciones mantuvieron un intenso diálogo de más de 20 horas en el hotel Serena. Sin embargo, la posibilidad de repetir el encuentro este fin de semana se vio truncada por las últimas declaraciones provenientes de la Casa Blanca.

Donald Trump anunció la cancelación del viaje de sus negociadores, Steve Witkoff y Jared Kushner, alegando que no es necesario realizar desplazamientos diplomáticos extensos sin garantías de resultados. "Los iraníes pueden llamar a Washington cuando quieran", sentenció el mandatario, quien además reconoció haber recibido una nueva oferta de negociación por parte de Teherán, pero aclaró que la misma no satisface sus demandas actuales.

A pesar de este portazo desde Washington, la actividad de Abás Araqchí no se ha detenido. Tras abandonar Islamabad el sábado, el jefe de la diplomacia iraní realizó una breve pero intensa escala en Mascate. Allí se reunió con el sultán de Omán, Haitham bin Tariq al Said, quien abogó por "el lenguaje del diálogo y la diplomacia" y ofreció la disposición de su país para lograr soluciones políticas sostenibles. Araqchí aprovechó el encuentro para criticar duramente la influencia de Washington en la zona: "La experiencia de la guerra impuesta de 40 días demuestra que la presencia militar de EE.UU. en los países de la zona solo genera inseguridad y división", afirmó el ministro, instando a establecer mecanismos de seguridad regionales libres de intervenciones externas.

Tras su paso por Omán, Araqchí aterrizó de nuevo este domingo en la base aérea de Nur Khan, en Pakistán, donde fue recibido por el ministro del Interior, Mohsin Naqvi. El canciller iraní, que ha mantenido contactos telefónicos con sus homólogos de Turquía, Egipto, Arabia Saudí y Catar, asegura haber presentado un "marco viable" para finalizar la guerra de forma definitiva. Parte de su delegación, que regresó brevemente a Teherán para consultas, se incorporará a las reuniones en Islamabad antes de que el ministro continúe su viaje hacia Moscú. Por ahora, el alto el fuego entre Irán e Israel y EE.UU., vigente desde principios de abril, se mantiene prorrogado sin un plazo definido mientras el mundo observa si este estancamiento diplomático es solo una pausa o el fin de la mediación pakistaní.