Desde actos en campañas electorales hasta juntas de accionistas de empresas del territorio pasando por entregas de premios, actos institucionales, eventos deportivos... A lo largo de estos 24 años, la vida de Artium ha dado para mucho, también dentro de la agenda cultural: conciertos, cursos de danza, performances, festivales de música electrónica o de artes escénicas, presentaciones de libros... Citas que, guste o no, también forman parte del pasado y del presente de un museo que, por supuesto, tiene en el arte contemporáneo su eje, su razón de ser y su fundamento. Todo ello desde una capital alavesa que este 26 de abril sopla con él las 24 velas de su particular tarta de cumpleaños.

Ha llovido lo suyo desde la puesta en marcha de la colección de arte contemporáneo que impulsó la Diputación Foral de Álava en los años 70 y que es el origen del museo. En estos momentos, esos fondos superan las 3.100 obras, piezas en las que el abanico de formas, fondos, temáticas, intereses, firmas... es tan amplio como inabarcable. Pablo Picasso, Joan Miró, Salvador Dalí, Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Esther Ferrer, Juan Muñoz, Antoni Tàpies, Vicente Ameztoy, Dora García, Itziar Okariz, Miquel Barceló, Joan Fontcuberta, Antonio López, Pere Jaume Borrell i Guinart, Marina Núñez Jiménez, Javier Pérez, Juan Mieg, Richard Serra, Andrés Nagel, Cristina Iglesias, Francisco Ruiz de Infante, Nestor Basterretxea, Pierre Gonnord, Mabi Revuelta... son solo algunos de esos nombres.

Primera exposición de la colección permanente de Artium en 2002 Archivo DNA

La colección

De este total que ahora mismo está en manos del museo –que, a grandes rasgos, se encarga de su cuidado, estudio, catalogación y divulgación–, 1.969 obras son en propiedad, incluso a pesar de los años en los que la institución foral impidió cualquier tipo de adquisición a causa de la crisis económica de 2008. En este apartado se incluyen también las piezas que están conformando en los últimos años la llamada Colección Compartida. Se trata de una iniciativa que Gobierno Vasco puso en marcha en plena pandemia y de la que Artium es depositaria, más allá de que el comité de adquisiciones se comparta con el Bellas Artes de Bilbao y Tabakalera.

En estos momentos, la colección con la que trabaja el museo de la calle Francia supera las 3.100 obras de arte

A todo ello hay que sumar los fondos que han llegado a través de daciones (19 obras), donaciones (764) y de los depósito y comodatos (más de 350). Así se configura el eje básico de lo que fundamenta Artium, pero sin olvidar la agenda de exposiciones temporales –ahora mismo se puede ver Juana Cima. Una mirada disidente y la colectiva Mirar por un círculo en un círculo de miradas– y su labor en otros campos (desde los programas destinados al público familiar hasta la actividad de la Biblioteca y Centro de Documentación).

A lo largo de este casi cuarto de siglo, el espacio ha sido y es también sede de multitud de actos institucionales, empresariales, deportivos...

Eso sí, Artium no solo vive de puertas para adentro ni con su colección ni con las muestras temporales. En este segundo caso, la lista de entidades culturales de diferentes partes del mundo con las que se ha colaborado a lo largo de estos 24 años daría para mucho, desde la Fondazione Sandretto Re Rebaudengo o el Maumaus Lumiar Cité de Lisboa hasta el Centro de Arte 2 de Mayo, por poner solo unos ejemplos. En el primer apartado, las obras de sus fondos han viajado en este tiempo por casi todo el mundo –Brasil, Estados Unidos, México, Japón, China, India, Suecia...– para tomar parte en diferentes exposiciones. Sin ir más lejos, el año pasado casi una veintena de obras dejaron Gasteiz para viajar, entre otros lugares, a Bruselas, Madrid, Barcelona, Salamanca y Palma de Mallorca.

Ruper Ordorika y Quimi Portet actuando en Artium Archivo DNA

Altos y bajos

El futuro de Artium, como el de la sociedad alavesa de la que emana, está por escribirse. El pasado comenzó a construirse cuando esa colección impulsada por Cayetano Ezquerra, Pascual Jover y Pedro San Cristóbal comenzó a sumar piezas. Eso sí, hubo que esperar unos cuantos años y superar no pocas polémicas –sobre la ubicación, el proyecto arquitectónico...– hasta llegar a aquel 26 de abril de 2002.

Desde un año antes, con los operarios todavía con las manos en la masa, el museo quiso empezar a posicionarse acogiendo la presentación de la feria Arco de 2001. Era la primera vez en la historia del evento que este acto se producía fuera de Madrid.

Una junta de accionistas de Gamesa celebrada en Artium en 2006 Archivo DNA

Ya en abril de 2002 se sucedieron –antes, durante y después– las citas especiales para acompañar una apertura que no fue redonda del todo. Una persona que estaba trabajando en el exterior del Palacio de la Provincia antes de la reunión que tuvieron allí las autoridades presentes en la inauguración falleció en un accidente laboral. Con todo, la jornada fue muy intensa y terminó con colas de cientos de personas queriendo entrar para ver el museo por dentro. Tanto que hubo que paralizar el acceso en varios momentos por exceso de aforo.

Hoy, Artium mantiene una cifra estable de unos 100.000 visitantes cada año, aunque la cifra ha ido cambiando lo suyo en este tiempo. Por supuesto, la pandemia redujo a la mínima expresión los datos. También afectó el cierre durante varios meses de las salas subterráneas para el cambio de suelos. Y no hay que perder de vista que los efectos de la crisis económica, que se llevaron por delante exposiciones –durante varios años hubo que reducir su número cada temporada– y ciclos paralelos, como el añorado Art + Sound.

Colocación de la obra 'Números primos' de Esther Ferrer en el exterior de Artium Alex Larretxi

Actividad

No en vano, el museo en este casi cuarto de siglo ha sido laboratorio para no pocas ideas y programas tanto propios como ajenos que, en la gran mayoría de los casos, han tenido un tiempo de vida limitado. Es el caso de la apuesta que supuso Praxis para que los y las artistas hicieran del museo su taller, eso sí, a la vista del público. O del mencionado Art + Sound... o de tantos otros, como el referencial Mugako y el muy añorado inTacto. A ellos les han ido tomando el relevo otras iniciativas como el centro de estudios AMA, el ciclo familiar amarauna, el Instituto de Prácticas Artísticas (Jai), las proyecciones de la Filmoteca Vasca –que son posibles después de una importante inversión económica en el auditorio del museo–, Lazos Mecánicos, DanzÁlava...

En los almacenes de Artium Archivo DNA

En definitiva, como en cualquier otra vida, Artium ha tenido altos y bajos, intentando configurar una personalidad propia y referencial dentro del arte contemporáneo. Hoy reivindica su papel de museo vasco en este sentido, de un espacio de país al que es imprescindible mirar, más allá de que se cuiden de manera especial otras líneas, como todo aquello que tiene que ver con las artistas, las comisarias, las investigadoras... En su balance, por supuesto, también hay puntos a mejorar. No pocos, además. Pero tampoco es cuestión de amargarle el cumpleaños a nadie.