Irán ha asegurado este lunes que no tiene planes para participar por el momento en una nueva ronda de negociaciones con EE.UU. en Islamabad por el bloqueo naval estadounidense a sus puertos y el ataque del pasado domingo a un carguero iraní. La decisión de Teherán congela un proceso diplomático crítico a menos de 48 horas de que expire la tregua pactada el pasado 8 de abril, devolviendo la región a un escenario de confrontación directa.
La frágil esperanza de una resolución diplomática en el conflicto que enfrenta a Irán y EE.UU. se desmoronaba este lunes. En una comparecencia a primeras horas de la mañana, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, confirmó lo que se temía en las cancillerías internacionales: Teherán no tiene intención de enviar, por ahora, a su delegación a Pakistán para la segunda ronda de contactos prevista con el Gobierno de Donald Trump.
"Por el momento, no tenemos planes para la próxima ronda de negociaciones y no se ha tomado ninguna decisión al respecto", declaró Bagaei con contundencia. El portavoz acusó a Washington de mantener "comportamientos contradictorios" y de violar sistemáticamente los términos del alto el fuego. Y es que, según el diplomático, las acciones de los últimos días demuestran una "falta de seriedad" absoluta por parte de la Casa Blanca en la búsqueda de una salida negociada.
No obstante, a penas unas horas después, Washington daba a entender que si no se celebran nuevas conversaciones no será por su falta de compromiso. El presidente Trump informaba en una entrevista con el New York Post que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, estaba emprendiendo su viaje en dirección a Islamabad precisamente para participar en ese diálogo al que Teherán no planea acudir. "Se supone que debemos tener las conversaciones", declaró Trump.
El detonante de la ruptura
El principal escollo para la continuidad del diálogo ha sido la captura, la noche del domingo, del buque carguero iraní Touska en aguas del mar de Omán. El incidente, calificado por Teherán como un "acto de piratería marina", hizo escalar la tensión hasta niveles previos a la tregua.
Según el comunicado emitido por el Cuartel General Central de Jatam al Anbiya, fuerzas estadounidenses atacaron el barco comercial —un portacontenedores que cubría la ruta entre China e Irán— con el objetivo de inutilizar su sistema de navegación. Tras los disparos, soldados norteamericanos abordaron la embarcación. La respuesta iraní no se hizo esperar y el Ejército de Teherán informó haber lanzado ataques con drones contra buques militares estadounidenses en la zona, aunque sin precisar los daños.
Desde Florida, el presidente Donald Trump confirmó la operación a través de su red social, Truth Social. "Hoy, un buque de carga de bandera iraní llamado Touska, de casi 900 pies de largo y con un peso similar al de un portaaviones, intentó burlar nuestro bloqueo naval, y no les salió nada bien", alardeó el mandatario. Por su parte, el Comando Central de las Fuerzas Armadas de EE.UU. (CENTCOM) justificó la acción alegando que realizaron "repetidas advertencias" durante seis horas antes de que un destructor ordenara evacuar la zona de máquinas del carguero y disparara contra su sistema de propulsión.
Ormuz como campo de batalla
Este nuevo choque se enmarca en un contexto de asfixia económica y militar. El estrecho de Ormuz, la arteria por la que transita el 20% del crudo mundial, cumple cincuenta días bajo bloqueo desde el inicio de las hostilidades de EE.UU. e Israel contra Irán. Aunque Teherán anunció una breve reapertura el pasado viernes, el sábado recuperó el "control estricto" de la vía, utilizándola como su principal baza estratégica.
Ebrahim Azizi, excomandante de la Guardia Revolucionaria y actual presidente del Comité de Seguridad Nacional del Parlamento, fue claro al respecto en declaraciones a la BBC al asegurar que nunca entregarán el control del estrecho de Ormuz porque es "un derecho inalienable" de Teherán. Azizi adelantó que el Parlamento iraní prepara un proyecto de ley basado en la Constitución para codificar este control bajo criterios de seguridad nacional y medio ambiente, delegando en las fuerzas armadas su implementación estricta. "Es uno de nuestros activos para enfrentar al enemigo", subrayó.
En respuesta a este cierre, EE.UU. mantiene un cerco naval específico contra los puertos iraníes para impedir cualquier flujo comercial, una medida que Teherán tilda de "ilegal y criminal" y cuyo fin pone como condición sine qua non para retomar cualquier conversación.
El reloj de la tregua se agota
Irán defiende su no participación en una nueva ronda de diálogo porque Washington "ha demostrado que no tiene seriedad en el seguimiento del proceso diplomático", puesto que, según recordó Bagaei, en menos de nueve meses, EE.UU. ha atacado territorio iraní en dos ocasiones mientras se desarrollaban negociaciones, resultando en la muerte de ciudadanos y altos cargos. "Esto intensifica la desconfianza", remarcó el portavoz.
Mientras tanto, el reloj corre en contra de la paz. Este miércoles expire la tregua de dos semanas acordada el 8 de abril y Donald Trump ya ha lanzado un ultimátum: si Irán no acepta el acuerdo propuesto por Washington, EE.UU. procederá a destruir "todas y cada una de las centrales eléctricas y puentes" del país persa.
En un intento desesperado por salvar la mesa de diálogo, el ministro del Interior paquistaní, Mohsin Naqvi, se ha reunido hoy con el embajador iraní, Reza Amiri Moghadam, y con la jefa de la misión de EE.UU., Natalie Baker. Pakistán, que busca una "solución duradera a través de canales diplomáticos", ha ofrecido "dispositivos de seguridad infalibles" para las delegaciones, pero el esfuerzo logístico choca con la realidad del frente naval en el mar de Omán.
La primera ronda de negociaciones, celebrada el pasado 11 de abril, se saldó con 21 horas de conversaciones sin acuerdo. En aquella ocasión, Irán no confirmó su asistencia hasta el último minuto. Hoy, con un buque capturado y las amenazas de bombardeos sobre infraestructuras civiles sobre la mesa, la silla de Irán en Islamabad parece destinada a permanecer vacía, dejando la resolución del conflicto en manos de la impredecible escalada militar en el Golfo.