Mañana se cumple un mes desde que los cielos de Irán se iluminaran con el fuego de una ofensiva que prometía ser "quirúrgica" y "fulminante"; sin embargo, lo que la Casa Blanca bautizó como "Operación Furia Épica" ha derivado en un escenario de incertidumbre estratégica y presión económica global. En este contexto de estancamiento, la administración de Donald Trump se prepara para un movimiento que podría cambiar definitivamente la naturaleza del conflicto: el envío de 10.000 soldados adicionales a la región, incluyendo tropas terrestres y vehículos blindados.

La noticia, filtrada por el diario The Wall Street Journal a partir de fuentes del Departamento de Guerra, sitúa al Pentágono en una fase de planificación crítica. Este nuevo contingente no solo busca reforzar las posiciones actuales, sino ofrecer al presidente Trump un abanico de opciones militares más amplio frente a una República Islámica que, lejos de claudicar tras la pérdida de su cúpula dirigente, ha redoblado sus amenazas.

El fantasma de la invasión terrestre

Desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero, la narrativa oficial se centró en la "precisión". Pero hoy, la posibilidad de una operación terrestre prolongada ya no es un tabú en los pasillos del Pentágono ni en los mensajes del presidente. El despliegue contemplado incluiría infantería y blindados, elementos que sugieren una preparación para el control de terreno más que para ataques aéreos a distancia.

Uno de los puntos clave de este posible despliegue es la isla de Jarg, el corazón de la industria petrolera iraní. Controlar este enclave supondría un golpe de gracia a la economía de Teherán, pero también una escalada que la opinión pública estadounidense observa con recelo. Según un reciente sondeo de Reuters e Ipsos, el entusiasmo bélico es escaso puesto que un 55% de los ciudadanos se opone tajantemente al envío de tropas, mientras que solo un 7% respaldaría un contingente a gran escala sobre el terreno.

De la sorpresa al desgaste

El conflicto estalló hace cuatro semanas en un giro dramático de los acontecimientos. Mientras delegaciones de ambos países intentaban en Ginebra salvar los restos del acuerdo nuclear, una fuerza combinada de EE.UU. e Israel lanzó un ataque masivo. El arsenal desplegado fue imponente: misiles Tomahawk, bombarderos furtivos B-2, B-1 y B-52, y centenares de cazas israelíes golpearon objetivos gubernamentales.

La justificación de la Casa Blanca fue la "amenaza inminente" de un Irán a punto de alcanzar el enriquecimiento de uranio al 90% o de fabricar una bomba atómica. Los primeros días parecieron dar la razón a los halcones de Washington: el complejo del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenéi, fue alcanzado, confirmándose su fallecimiento y el de parte de su familia.

No obstante, la victoria rápida que Trump vaticinó —una operación de "cuatro o cinco semanas"— se ha topado con una realidad más compleja. Trece militares estadounidenses han perdido la vida y el arsenal de precisión empieza a mostrar síntomas de agotamiento. En apenas 30 días, EE.UU. ha disparado 850 misiles Tomahawk, una cifra que equivale a varios años de producción nacional, lo que plantea serias dudas sobre la capacidad de reposición logística si el conflicto se extiende.

Amenaza a la economía mundial

Pero si hay un lugar donde la guerra se está decidiendo realmente, ese es el estrecho de Ormuz. La Guardia Revolucionaria iraní ha respondido a la ofensiva mediante bloqueos parciales y ataques con drones y misiles contra objetivos en los países del Golfo Pérsico. El impacto ha sido inmediato aumentando el precio del petróleo entre un 30 y un 50%, pasando de los alrededor de 70 dólares anteriores al conflicto, a superar los 100 dólares durante varias jornadas.

Así, el temor a que el barril alcanzara los 200 dólares ha provocado un terremoto en los mercados internacionales y ha fracturado la unidad de la OTAN. Los aliados europeos y los socios asiáticos han rechazado la petición de Washington de enviar buques militares para escoltar el tráfico marítimo en Ormuz, dejando a EE.UU. en una posición de relativo aislamiento diplomático.

El legado de Trump y el horizonte del 6 de abril

Ahora, Donald Trump se encuentra en una posición delicada. Con las elecciones de medio mandato en el horizonte de noviembre, el presidente necesita una resolución que no lastre la economía de sus votantes ni se convierta en otro conflicto interminable.

En un intento de ganar tiempo para la negociación, Trump anunció a través de su red social, Truth Social, una prórroga de la moratoria a los ataques contra la infraestructura energética de Irán hasta el 6 de abril. Esta decisión, tomada supuestamente a petición del Gobierno de Teherán, sugiere que aún existen canales de diálogo abiertos, a pesar de la retórica belicista.

Sin embargo, el Pentágono ya ha solicitado al Congreso 200.000 millones de dólares adicionales para concluir la operación. Este presupuesto, sumado al despliegue de los 10.000 soldados, indica que Washington se está preparando para lo peor mientras espera lo mejor. La reprogramación de la visita de Trump a China para mediados de mayo es la única señal de optimismo, poruqe podría significar que la Casa Blanca confía en que, para entonces, la "Furia Épica" haya cumplido sus objetivos. Mañana, al cumplirse el primer mes de guerra, el mundo observará si el estrecho de Ormuz sigue siendo un nudo gordiano que nadie puede desatar.