La escalada bélica en territorio libanés alcanza un punto crítico tras tres semanas de una ofensiva ininterrumpida que ya supera la barrera del millar de víctimas mortales. Lo que comenzó el pasado 2 de marzo como una serie de incursiones aéreas se ha transformado en una invasión terrestre de facto que busca redibujar la geografía del sur del país, bajo la premisa israelí de establecer una "zona de amortiguación" permanente.
La violencia se ha intensificado en las últimas jornadas con bombardeos sistemáticos en múltiples puntos estratégicos. En la localidad de Habush, cercana a la capital regional de Nabatiye, un ataque israelí destruyó un centro de operaciones, dejando un saldo de tres muertos y 18 heridos. La ofensiva no se limita ya al frente sur; en la gobernación de Sidón, el campamento de Mie Mie y la localidad de Adlún también fueron blanco de proyectiles, sumando otras seis víctimas mortales a un balance que no deja de crecer.
El Ejército de Israel justifica estas acciones alegando la eliminación de "terroristas" y la destrucción de almacenes de armas de Hizbulá. Sin embargo, las autoridades libanesas denuncian que estos ataques violan sistemáticamente el alto el fuego alcanzado en noviembre de 2024, una tregua que hoy parece papel mojado ante el avance de las tropas israelíes hacia el río Litani.
A la par de la ofensiva terrestre, Israel ha puesto en marcha una estrategia de asfixia logística. Durante la pasada madrugada, cazas israelíes bombardearon la red de gasolineras de la empresa Amana. Según el mando militar israelí, esta red —sancionada por EE.UU. en 2020 por vínculos con la Fundación Mártires— genera millones de dólares en ingresos para Hizbulá y abastece sus vehículos operativos.
Este ataque a la infraestructura civil se suma a los bombardeos en el Dahiye, los suburbios del sur de Beirut, donde se atacaron centros de mando de la milicia chií. La intención declarada del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, es la de controlar el 8% del territorio libanés, que supone la franja situada entre la frontera y el Litani, una medida que voces críticas califican ya como una ocupación a largo plazo.
Colapso del sector sanitario
En el Hospital Gubernamental Universitario Nabih Berri de Nabatieh, el dolor tiene nombres y apellidos. "¡Noooo, seguro que no es él! ¡Ayer mismo le vi!", gritaba una enfermera al enterarse de que el hijo de un compañero, un paramédico adolescente, había muerto en un ataque contra su motocicleta.
Así, el sector salud se ha convertido en una víctima colateral —o directa— del conflicto con 42 trabajadores sanitarios fallecidos, 119 heridos en ataques contra infraestructuras médicas y un desabastecimiento crítico por el que el hospital de Nabatieh funciona con solo un tercio de su personal (120 de 380 empleados), quienes viven en el centro junto a sus familias para evitar los peligrosos trayectos bajo las bombas.
Esta guerra es peor que la anterior; es más dura. Nos quedamos aquí por deber, si nos vamos, ¿qué le queda al pueblo?
El suministro de alimentos depende ahora de convoyes escoltados por el Comité Internacional de la Cruz Roja, ya que las carreteras hacia Sidón o Beirut son objetivos constantes de la aviación israelí.
El secretario general de Hizbulá, Naim Qassem, ha roto su silencio mediante un comunicado donde denuncia un proyecto "israelí-estadounidense" para crear un "Gran Israel" que se extienda desde el Éufrates hasta el Nilo. Según Qassem, el Líbano solo tiene dos opciones: rendirse o la "inevitable confrontación".
Una guerra "en pleno apogeo"
Mientras tanto, la fractura interna debilita la respuesta institucional del Líbano, entre las advertencias de Israel de que su objetivo es dejar las zonas del sur en un estado de devastación similar al de Beit Hanún o Rafah en Gaza.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha sido tajante este miércoles al afirmar que la guerra contra Irán —iniciada formalmente el pasado 28 de febrero— sigue "en pleno apogeo", puesto que, a pesar de que Teherán ha recibido una propuesta de 15 puntos del presidente estadounidense Donald Trump para una tregua, la República Islámica la ha rechazado por considerarla "alejada de la realidad".
Así, la diplomacia fracasa y los números hablan por sí solos. Según el último recuento del Ministerio de Salud Pública libanés, el conflicto deja ya 1.094 fallecidos, incluyendo 121 niños; 3.119 heridos, con 382 menores entre ellos; y más de 1.000.000 de desplazados internos en una ofensiva que no muestra signos de agotamiento.
Con la mirada puesta en el río Litani, Israel parece decidido a consolidar una nueva frontera, mientras la población civil libanesa queda atrapada entre la resistencia armada de Hizbulá y la potencia de fuego de un ejército que busca cambiar radicalmente el mapa de Oriente Medio.