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Movilidad eléctrica

Estas son algunas de las ventajas de contar con una flota de vehículos 100% eléctricos

Las flotas de vehículos, da igual si pertenecen a un organismo público o una empresa privada, no dejan de aumentar. Y, como es lógico, el ‘fenómeno’ de la electrificación también les está afectando y de forma muy positiva.

Estas son algunas de las ventajas de contar con una flota de vehículos 100% eléctricosCopilot

Un cliente particular que decide dar el salto a un vehículo cien por cien eléctrico suele tener claras las ventajas: un coste de uso más bajo, menos mantenimiento y la tranquilidad de no depender de combustibles fósiles cuyo precio fluctúa al ritmo de tensiones geopolíticas (basta observar cómo cualquier conflicto en regiones productoras, como el reciente clima de inestabilidad en Irán, repercute de inmediato en el mercado del crudo).

Ese ahorro, que ya es significativo para un solo usuario, adquiere otra dimensión cuando se traslada a una flota completa. Decenas o cientos de vehículos (coches, furgonetas, camiones ligeros, motocicletas o incluso autobuses) multiplican el impacto económico hasta convertir la electrificación en una inversión que se amortiza antes de lo que muchos imaginan. Y, sin embargo, el ahorro es solo una parte de las ventajas que aportan este tipo de modelos, cada vez más demandados.

En los últimos años, empresas de todos los tamaños han empezado a revisar sus estrategias de movilidad. No se trata únicamente de cumplir con normativas ambientales cada vez más estrictas, sino de optimizar operaciones, mejorar la imagen corporativa y adelantarse a un mercado que avanza hacia la descarbonización. El caso de la empresa vasca NUUK, que se ha convertido en proveedor clave para compañías como Correos o Burger King con miles de motocicletas eléctricas en circulación, ilustra bien cómo la electrificación ya no es algo minoritario, sino una realidad consolidada en sectores tan exigentes como el reparto urbano.

El primer gran argumento que impulsa esta transición es económico. Aunque el precio de adquisición de un vehículo eléctrico pueda ser superior, el coste total de propiedad (el famoso TCO) siempre inclina la balanza a su favor. La energía necesaria para recorrer un kilómetro es entre un 60 y un 75% más barata que el combustible fósil, según diversos estudios europeos. Si imaginamos una flota de cien furgonetas de reparto que recorren unos 25.000 kilómetros al año, el ahorro energético puede superar fácilmente los 150.000 euros anuales, dependiendo del precio de la electricidad contratada y del tipo de recarga. A esto se suma el mantenimiento: un motor eléctrico tiene menos piezas móviles, no necesita aceite, carece de sistemas de escape, no requiere correas de distribución y sufre menos desgaste general. En términos prácticos, muchas empresas reportan reducciones de entre el 30 y el 40% en gastos de mantenimiento anual.

Vehículos eléctricos

Además, en numerosos países europeos (también en Euskadi) existen incentivos fiscales que alivian la inversión inicial. Exenciones en el impuesto de matriculación, bonificaciones en el impuesto de circulación, deducciones en el IRPF para autónomos o ayudas directas como el Plan Auto + (anteriormente conocido como MOVES) contribuyen a acelerar la amortización. En el caso de las motocicletas eléctricas, por ejemplo, las ayudas pueden superar los mil euros por unidad, lo que en una flota numerosa supone un incentivo considerable; pero es que en el caso de los comerciales pueden llegar a los 6.000€ por unidad (para autónomos y empresas de hasta 10 trabajadores).

Pero la electrificación no solo ayuda a reducir costes: también transforma la forma en que se gestionan las flotas. La mayoría de los vehículos eléctricos actuales nacen conectados, preparados para integrarse en plataformas de gestión que permiten monitorizar en tiempo real su ubicación, su estado de carga, los patrones de conducción o el rendimiento energético. Esta conectividad (que en empresas como NUUK se materializa en sistemas propios de telemetría y gestión integral) abre la puerta a poder llevar a cabo un operativa más precisa. Las rutas pueden ajustarse de forma dinámica y en tiempo real según el tráfico o la climatología; los mantenimientos se programan de forma predictiva antes de que aparezcan averías y los gestores pueden identificar comportamientos ineficientes que quizá antes pasaban desapercibidos. En flotas grandes, esta optimización se traduce en menos tiempos ‘muertos’, menos incidencias y una mayor disponibilidad de vehículos.

Para los conductores que formen parte de una flota, la experiencia también cambia. La conducción eléctrica es más suave, silenciosa y libre de vibraciones. La ausencia de cambios de marcha reduce el estrés en entornos urbanos, donde las paradas y arranques son lo más habitual. La entrega inmediata de par motor desde que se aprieta el acelerador facilita maniobras rápidas. Muchos trabajadores describen la jornada como menos cansada, un detalle que, aunque intangible, repercute en la productividad y en la satisfacción laboral.

Otro aspecto que las empresas valoran es la libertad de movimiento. En la mayoría de grandes ciudades europeas, las zonas de bajas emisiones restringen el acceso a vehículos contaminantes, pero permiten circular sin limitaciones a los eléctricos. Esto evita sanciones, agiliza las operaciones y garantiza que la actividad no dependa de restricciones puntuales por episodios de elevada contaminación. En algunos municipios, además, los eléctricos disfrutan de ventajas adicionales como tarifas reducidas en aparcamientos regulados o acceso a carriles específicos.

La percepción social también juega un papel importante. Una flota eléctrica transmite modernidad, compromiso con el medio ambiente y alineación con los valores ESG (siglas que provienen del inglés Environmental, Social and Governance) que cada vez más clientes e inversores exigen. Empresas como Amazon, DHL o UPS han electrificado miles de vehículos en todo el mundo, no solo por eficiencia, sino porque su imagen pública se ve reforzada. Amazon, por ejemplo, ha desplegado más de 100.000 vehículos eléctricos en varios continentes, reduciendo millones de toneladas de CO₂ al año y convirtiendo su logística en una muestra de innovación. DHL, por su parte, opera cientos de vehículos eléctricos en países como México y ha integrado incluso bicicletas de carga para mejorar la movilidad urbana.

A todo ello se suma un beneficio que a menudo pasa desapercibido: la reducción del ruido. Los vehículos eléctricos son mucho más silenciosos, lo que mejora la convivencia en barrios residenciales y reduce la contaminación acústica, un factor que afecta directamente a la salud pública. En ciudades donde el tráfico es constante a prácticamente cualquier hora, esta diferencia se nota desde el primer día.

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Por último, la oferta de modelos electrificados aptos para flotas se ha multiplicado. Hoy existen furgonetas compactas ideales para el reparto urbano, vehículos medianos con gran capacidad de carga, motocicletas eléctricas diseñadas para mensajería intensiva y hasta camiones ligeros para logística regional. La variedad permite que cada empresa encuentre la configuración que mejor se adapta a su operativa en cuanto a prestaciones, autonomía y tiempos de recarga (que cada vez son más breves).