No me lo tengan en cuenta, pero esto de ser pobre y tener que trabajar para poder pagar mis facturas va camino de hartarme. Sobre todo, porque estoy convencido de que yo llegué a este mundo para disfrutar de los parabienes de una situación financiera desahogada. Y, de momento, no lo he logrado. No sé si realmente ese tipo de realidades, las de la abundancia monetaria, existen o son un cuento para crédulos que simula un mundo virtual a gran escala y que ha sido ideado por una inteligencia artificial muy enrevesada con la intención de mantener a la humanidad distraída y con la cabeza puesta en sueños relacionados con el vil dinero como modus vivendi. A estas alturas de la película, y después de cotizar décadas sin más avance vital que el marcado por el calendario, esta reflexión que les traslado me parece la más verosímil de las que he llegado a plantearme. No en vano, esta sociedad en la que nos ha tocado vivir se parece cada vez más a lo que dejaba entrever la fábula del burro y la zanahoria. A lo peor los sueños de alcanzar la bonanza económica son simplemente una herramienta impuesta por una suerte de Matrix del capitalismo para tener sosegadas a las masas con pretensiones inalcanzables mientras unos pocos viven de verdad.