Una bomba nuclear legal ha sacudido el mundo de la guitarra. Fender lleva más de 10 años intentando patentar el diseño de la Stratocaster sin éxito. Lo han conseguido este 2026 tras denunciar a un fabricante chino que vendía copias en Alemania. La parte demandada ni se ha presentado al juicio, así que el juez ha comprado el argumento de que el cuerpo de una Stratocaster se puede considerar una “obra de arte” y, por ende, se puede proteger con copyright. Sentencia en mano, Fender ha lanzado a diestro y siniestro cartas de cese de operaciones a fabricantes pequeños –algunos empresas familiares– que saben que no se pueden defender. Para evitar la demanda y una multa de hasta 250.000 dólares exigen que retiren su inventario de Alemania, destruyan todas sus guitarras con forma de Stratocaster, que no hagan más y den a Fender los datos de los clientes que han comprado estos productos. Intentar montar un monopolio retroactivo es tan mezquino y codicioso que incluso en el mundo de la guitarra, donde se producen divisiones habitualmente por verdaderas tonterías, el clamor popular no se ha hecho esperar. Fender es fuerte con los débiles, pero algo me dice que cuando les plante cara una empresa de más de 3 personas no van a ser tan valientes.