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Mesa de Redacción

Miren Ibáñez

Limonada Chalamet

Lo fácil, creo, sería venir aquí a toro pasado y con todas las cartas en la mano a hacer mofa del patinazo pre Oscar de este año protagonizado por Timothée Chalamet. Desconozco los entresijos de las votaciones, pero dudo de que su épico desliz viralizado en torno al 7 de marzo llegara a tiempo de cambiar el rumbo de los votos. También me pregunto hasta qué punto les habría causado a los académicos algún desasosiego que Chalamet dijera: “No quiero trabajar en la ópera o en el ballet, disciplinas de las que todos dicen hay que mantenerlas vivas, a pesar de que ya no le interesan a nadie. Con todo respeto para los trabajadores de la ópera y el ballet”. Para enmarcar, por cierto, la cara de Matthew McConaughey mientras Chalamet se caía con todo el equipo. Lo mejor de todo este episodio ha sido ver cómo compañías y teatros del mundo entero han utilizado estas declaraciones para hacerse más visibles, desde los más modestos a los más renombrados: han cogido los limones y han hecho limonada, aprovechando el tirón para ganar espacio en redes y mostrar su arte. La tormenta pasará rápido y quedará en la memoria de Google, es lo que tienen estos tiempos. Pero Chalamet probablemente tendrá alguna pesadilla con bailarinas que le persiguen al ritmo del pas de quatre de El lago de los cisnes o mientras suena el Nessun dorma.