Pues sí. Esto pinta regular. Acabo de asistir el mismo día en el que redacto estas cuatro letras a varias versiones diferentes, todas nacidas en el mismo entorno, sobre un eventual final de las hostilidades en Irán, ya saben, ese país dominado por los ayatolás asentado donde nace gran parte del petróleo que consume la Humanidad para reconocerse como tal. Esa circunstancia parece no contribuir en exceso a domar eso que los mercados denominan volatilidad. Ésta se nota en los parqués bursátiles, pero sobre todo en las carteras de los vecinos, que nos tenemos que rascar un bolsillo ya perjudicado por las sucesivas crisis inflacionarias derivadas de la sucesión de mil y un episodios calamitosos. Lo sé, porque lo he sufrido en mis carnes a la hora de llenar el depósito de mi utilitario con varios litros de un combustible con tarifas presuntamente a la baja. El caso es que con todo lo que está pasando me ha dado por reflexionar. Y he llegado a una enojosa conclusión: aún no conozco ningún acontecimiento reseñable a nivel internacional (independientemente del cariz de éste) que se traduzca de forma lineal e inmediata en una bajada del precio de algún producto o servicio de primera necesidad. Supongo que queda claro quién tiene que pagar siempre los platos rotos.