No me gusta demasiado Parque Jurásico, pero sí me gusta el personaje que encarna Jeff Goldblum. En un momento de la película, le reprocha al personaje de Richard Attenborough, creador del parque, la falta de humildad y de reflexión ética de su proyecto y le espeta aquello de “a sus científicos les preocupaba tanto si podían o no podían hacerlo que no se pararon a pensar si debían”. El fin de semana pasado volví a ver la escena y de pronto me encontré pensando si el discurso del doctor Ian Malcolm no podría aplicarse también al desarrollo vertiginoso de la inteligencia artificial. Y con esto resonando mi cabeza, el martes nos sorprendía Pedro Sánchez anunciando su intención de impulsar la prohibición del acceso a redes sociales a los menores de 16 años. En ambos casos, el problema no es la herramienta en sí, ambas con potencialidades increíbles; como siempre, el problema es el uso perverso que los humanos hacemos de ellas. Cuando tipos como Elon Musk están a los mandos de la nave, ya sea de redes como X o de su IA, Grok, pues la pregunta sobre la ética sobra por la obviedad de su respuesta. El problema de tipos así no es que no se hayan parado a pensar si debían, como advirtió el doctor Malcolm; el problema es que probablemente lo han pensado y han decidido que sí; por su bien particular y a costa del bien común.
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