Hace unos días las páginas de este diario se hacían eco en un reportaje de la labor de regidores de localidades de Álava que ejercen su labor de alcaldes y alcaldesas sin ningún tipo de remuneración. Tres de ellos, dos hombres y una mujer de diferentes signos políticos, ponían cara a la función más altruista de la política en nuestro territorio, donde son once los consistorios liderados por personas sin retribución o con remuneraciones por debajo de los 1.000 euros al año. Una labor imprescindible y desinteresada no exenta de los sinsabores del cargo ya que a la hora de quejarse de lo que no funciona en el pueblo, muchos vecinos no tendrán en cuenta que quien ostenta la alcaldía no obtiene rédito económico. Leyendo la pieza periodística me vino a la cabeza la cantidad de actividades, iniciativas o festejos que perviven gracias a la labor de voluntarios sin ánimo de lucro. Celebraciones populares como nuestras fiestas de La Blanca no serían posibles tal y como las conocemos sin la labor de blusas y neskas. El patrimonio cultural y folclórico no pasaría de generación a generación sin el trabajo de muchos colectivos. Y qué decir de multitud de proyectos sociales o solidarios, básicos para mantener la dignidad de vida de personas desfavorecidas, enfermas o en riesgo de exclusión. Mi aplauso y reconocimiento para todos ellos desde estas líneas.