Hay profesiones de riesgo para las que hay que valer y tener las espaldas bien anchas. Me cuenta un buen amigo que dirige una Federación deportiva del territorio que sufre problemas evidentes para encontrar árbitros que impartan justicia en el deporte escolar. No es para menos a tenor del patético espectáculo que se presencia todos los fines de semana en las gradas de cualquier recinto deportivo. Por razones obvias, quien se mete en este berenjenal no lo hace por dinero sino por devoción a una práctica que se ha convertido en una especie de tortura. Las agresiones verbales por parte de familiares y espectadores son las más habituales y rozan lo obsceno. A pesar de los esfuerzos realizados hasta el momento y los reiterados llamamientos de las instituciones, la intolerancia sigue presente en las competiciones escolares. No es fácil seguir al pie del cañón cuando toda clase de maleducados se acuerdan con insistencia de la madre de uno y descargan sus frustraciones de la peor manera. Así que sirvan estas líneas como homenaje a todos aquellos valientes que, casi por amor al arte, cogen el silbato para dirigir un partido. Tenéis el reconocimiento de mucha gente que os admira. Aunque os piten los oídos, debéis estar orgullosos de vuestro trabajo.