o que más me molesta de los representantes del pueblo, democráticamente elegidos mediante listas cerradas es, primero, la impostura, y después, la escasez de talla intelectual que sobresalen, cual cardos borriqueros en un jardín descuidado, por encima de la honesta y trabajada confrontación de ideas que seguro se sigue produciendo, pero que no cabe en la pieza parlamentaria del Telediario, y menos en estos tiempos de pandemia apocalíptica. A mí, que me engañen me parece muy mal, pero que me tomen por gilipollas me molesta muchísimo más, y con la que está cayendo considero que las sobreactuaciones a las que estamos asistiendo son tan burdas que ofenden. He pasado muchas mañanas de mi vida en un parlamento y he asistido a debates tan profundos como agudos y entretenidos, a combates dialécticos que me hacían cuestionarme mis propias convicciones, al menos hasta la hora de comer; a confrontaciones ideológicas a pecho descubierto en las que, si había trampa y la pillábamos desde el palco de la prensa, esta merecía nuestro aplauso por su sutileza. Esto de ahora, y en este momento precisamente, es la triste constatación de que, a la hora de gritar, a la mediocridad más simplona solo le gana en decibelios el puro y simple odio; y de que ambos se retroalimentan.
- Multimedia
- Servicios
- Participación