Su trabajo

Referente de moda y punto de encuentro

A finales de los 70, la eibarresa María Teresa Larrañaga abrió su propia peluquería que bautizó con su propio nombre, Tere. Finalmente y tras 30 años abierta, en 2009 decidió que era el momento de jubilarse. "Vivo muy bien, pero aún recuerdo las conversaciones con las clientas", asegura

11.10.2021 | 11:03
María Teresa empezó su carrera como peluquera lavando cabezas hasta que poco a poco fue aprendiendo a hacer más cosas. Foto: Pexels

Algunas nostálgicas todavía recordarán con mucho cariño, respeto y admiración a la mítica peluquería Tere de Eibar. En este número de IN hemos tenido la suerte de estar con la que fuera su dueña, María Teresa Larrañaga, y nos ha contado alguna que otra anécdota de sus años como peluquera. Pero, antes de nada vayamos al inicio y a descubrir cómo empezó todo.

A finales de los años 50 y principios de los años 60 una joven María Teresa Larrañaga se encontraba en clase aburrida, sin saber que hacer y con el único placer de dibujar debajo de los quehaceres que los profesores de entonces la mandaban hacer. Un día una de las profesoras creyó que era excesivo el tiempo que Tere -así la llamaremos de manera cariñosa- pasaba pintando que pensaron que lo mejor sería mandarla a una escuela de dibujo. Ahí disfrutó un poco más pero lo que a ella más le apasionaba era el mundo de la peluquería. El cortar, peinar o lavar, entre otras cosas a las clientas. Entonces, sin pensarlo dos veces tiempo después se acercó a la peluquería del pueblo y con su actual desparpajo preguntó si podía trabajar. La respuesta fue afirmativa y así poco a poco fue aprendiendo.

"He trabajado en la peluquería de mi hermana hasta que ella se jubiló en el año 2009. Entre otras cosas hacía la manicura". Beatriz Larrañaga

No fue a ninguna de las actuales escuelas de peluquería y como es de imaginar fue aprendiendo a base de ver y hacer. Tere no venía de una familia de peluqueros, su padre Isidro trabajaba en la escopeta y su madre Josefa era ama de casa. Por ello, siempre estuvo con los oídos y ojos bien abiertos para aprender cada vez más el oficio y siempre se mostró dispuesta a darlo todo por su sueño, ser una buena peluquera.

Los primeros años no fueron fáciles, ya que tenía que aprender mucho pero los recuerda con mucho cariño. Empezó lavando y poco a poco a medida que pasaba el tiempo comenzó a hacer más cosas. No tenía prisa porque su objetivo era aprender bien el oficio mientras disfrutaba mucho de lo que hacía. Así, como siempre sucede empezó a hacer cosas, muy diversas entre sí, y se empezó a especializar un poco. En este sentido, era muy normal escuchar a las clientas decir que querían que María Teresa les hiciera el moño, que lo hacía muy bien. La eibarresa, por su parte, lo hacía con gusto pero diciendo siempre que los moños no son como los tornillos que puede haber dos que sean iguales.

Tras muchos años en la peluquería, que se encontraba cerca del mítico teatro Amaya, con 35 años más o menos creyó que era el momento de materializar el sueño que le venía rondando durante años, crear su propia peluquería. Un día paseando por la localidad gipuzkoana vio que había local que se había quedado libre en una buena zona y decidió entrar a verlo. Fue un amor a primera vista, ya que en el momento que puso un pie en su interior supo que ahí montaría la peluquería Tere.

Una vez la abrió fue de menos a más y poco a poco fue convirtiéndose en un punto de encuentro para muchas eibarresas. Además, con el paso de los años pudo ir cogiendo a mujeres que querían empezar a trabajar en la peluquería, igual que hizo ella. En este punto no podemos olvidar a su hermana Beatriz que trabajó junto a ella haciendo manicuras, entre otras cosas, hasta que Tere decidió que había llegado el momento de jubilarse en el año 2009.

Tras esto apto seguido decidió hacer un viaje a Nueva York con las amigas, ya que se lo había ganado. Hoy en día asegura que es feliz, que está disfrutando cada día desde que se jubiló pero que es inevitable no acordarse de todas las conversaciones, así como confidencias que tuvo con las clientas. Esto no solo le pasa a ella porque alguna que otra exclienta le sigue parando por la calle confesándola que echa mucho de menos las terapias de Tere.

María Dolores Pradera en Eibar


La primera peluquería en la que trabajó María Teresa se encontraba cerca del teatro Amaya, que año tras año traía a los mejores artistas del panorama nacional. Entre ellas se encontraba la malograda cantante y actriz María Dolores Pradera que en su primera visita a Eibar pensó en peinarse. Buscando por la localidad armera se quedó mirando por la cristalera de una de sus peluquerías y ahí había una joven rubia, muy sonriente. Enseguida le vino a la cabeza su hija, Helena, por lo que no dudó un segundo en entrar.

"Nuestra madre no nos dejaba que nos maquilláramos y recuerdo que Tere con su melena rubia tenía mucho éxito". Beatriz Larrañaga

Una vez en el interior de la peluquería dijo que quería que la peinaran pero exigió, de buenas maneras, que le gustaría que la encargada de hacerlo fuera aquella joven, que como no era Tere. Ésta cuando se enteró alucinó pero hizo lo que mejor sabía, hacer moños. Aun así reconoce que la cantante terminó de darse los últimos retoques antes de marchar. La define como elegante y una mujer súper encantadora.

Peinados en los años 60 y 70


A continuación hablaremos de cuáles eran los peinados en la década de los años 60 y 70 en todo el mundo, etapa que corresponde a los primeros años de María Teresa Larrañaga como peluquera. En los años 60 hubo un regreso a los cortes ultra femeninos entre las mujeres. En esta época fue normal el cabello cardado y se conseguía a base de mantener un mechón en el aire y llevar el peine hacía la raíz.


El icónico peinado de Farrah Fawcett.
También se recurrió mucho al moño choucroute, que se solía acompañar de un flequillo amplio o lateral. En la época sesentera otro de los peinados de moda era ponerse simplemente una cinta sobre el cabello suelto y falsamente despeinado. En esta década muchas mujeres optaron también por el flequillo recto o la raya al medio sobre un cabello largo, suelto y liso para conseguir de este modo un estilo bohemio.

Por otro lado, en los años 70 uno de los peinados que más éxito tuvo fue el brushing ultra glamuroso de la actriz estadounidense Farrah Fawcett en la mítica película de 'Los ángeles de Charlie'. Consistía en un peinado de las puntas alisadas hacía el exterior de las largas y degradadas melenas que tenían el objetivo de aportar mucho volumen al cabello. Otras mujeres, en cambio, prefirieron llevar el cabello rizado, ondulado y semi largo, les daba igual e iban variando. En esta época también empezó a coger mucha fuerza la tendencia hippie y con ello las largas melenas lisas con adornos tanto en el pelo como a la altura de la frente.

Por último, hablaremos del rubio platino y del volumen XXL. El primer peinado dio la opción por fin a muchas mujeres morenas a tener el rubio que siempre habían soñado y el segundo, lo pusieron de moda cantantes afroamericanas como Diana Ross y Donna Summer.

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