Síguenos en redes sociales:

Juan Gómez BárcenaEscritor

Juan Gómez Bárcena: "Solo tenemos una vida y no podemos experimentar con ella"

Juan Gómez Bárcena sitúa en Benidorm una historia sobre el tiempo y la pérdida: ‘Abril o nunca’, en la que realidad y ficción se entremezclan para reflexionar sobre qué pasaría si pudiéramos viajar al pasado y resarcirnos de nuestros errores

Juan Gómez Bárcena: "Solo tenemos una vida y no podemos experimentar con ella"Gaizka Portillo

Duelo, tiempo y crisis vital atraviesan la nueva novela de Juan Gómez Bárcena, Abril o nunca (Seix Barral, 2026). En esta entrevista reflexiona sobre la culpa, las expectativas contemporáneas y la imposibilidad de corregir el pasado, y sobre cómo todo ello conecta con Benidorm, escenario de la muerte de Teresa y de la desolación de su padre, Daniel, que en su obsesión por redimirse del trágico suceso busca en las teorías de la conspiración una grieta por la que colarse al pasado. ¿Quién no aprovecharía la oportunidad para hacerlo? ¿Pero qué consecuencias tendría?

Una niña, Teresa, con dos cumpleaños, ambos en abril; un padre, Daniel, que atraviesa la crisis de los cuarenta y Benidorm como telón de fondo. ¿De dónde surge la necesidad de contar su historia? 

Surgió de una imagen: yo veía a un padre paseando con una niña, ambos en bañador, en una cala desierta. Estaban a punto de bañarse, un momento feliz. Y veía algo siniestro en esa imagen. Sabía que estaba a punto de ocurrir algo terrible. 

¿Por qué? 

Poco a poco, comienzo a preguntarme quiénes son, cuál es su relación, qué es lo que va a pasar y qué quiero explorar con ellos. 

¿Y qué quiere explorar exactamente? 

Yo creo que, fundamentalmente, el duelo. Y trabajar la experiencia particular que tenemos del tiempo cuando vivimos un duelo: la sensación de que el tiempo se paraliza, de que volvemos una y otra vez… Tiene algo de bucle, de volver siempre al mismo punto, a un mismo nudo que no se termina de desanudar.

Juan Gómez Bárcena

Personaje y autor comparten edad. ¿Hay algo autobiográfico en esa crisis de los cuarenta? 

La mayoría de mis libros no son autobiográficos en los hechos, pero sí en las emociones. Entonces, algo de esa parálisis del personaje llegado al ecuador de la vida, algo de ese replanteamiento del lugar en el que estás, algo de ese preguntarse, por un lado, melancólicamente por el pasado y proyectarse especulativamente en el futuro…, yo creo que sí lo comparto. 

Dicen que en la vida aparecen varias crisis vitales: la de los cuarenta, la de los treinta… incluso se comienza a hablar de la de los veinte. ¿Cree que vivimos en una época especialmente propensa a la insatisfacción? 

Sí, sobre todo porque tenemos más expectativas que nunca. No creo que vivamos peor que décadas atrás, pero sí que estamos en una época que nos culpa de nuestras propias insatisfacciones. 

¿Y cómo aparece este planteamiento en su novela?

Esta es una época que pone un exceso de responsabilidad en el individuo y donde parece que la incertidumbre no juega ningún papel. Pero lo cierto es que vivimos marcados por la incertidumbre. No podemos controlarlo todo. Y en parte esta novela juega con qué tipo de cosas pueden ocurrirnos y pueden costarnos la vida. 

A Daniel el pasado parece pesarle mucho. Tanto que se obsesiona con viajar al pasado para cambiar su presente. ¿Diría que la dificultad de soltar es un elemento central de la novela? 

Supongo que la novela nace de la pregunta de qué pasaría si el tiempo fuera tan maleable como lo parece a la persona que vive un duelo. Creo que el duelo nos proporciona una experiencia particular del tiempo, como nos la proporcionan las drogas o las circunstancias límites de nuestra vida, que nos ponen en situaciones en las que el tiempo no parece fluir. 

¿Y por qué sitúa ese duelo en Benidorm? Parece que tiene algo de contradictorio situar una experiencia así en una ciudad tan llena de vida y excesos. ¿Buscaba ese contraste? 

Ese contraste era muy importante para mí. Creo que, de hecho, la niña muere al empezar la temporada alta. Y, de alguna manera, lo que vemos es una ciudad que se va llenando de vida.

Y de felicidad.

La felicidad, esa sensación de felicidad un poco postiza que nos proporciona una ciudad como Benidorm, mientras al mismo tiempo tenemos a un personaje que se hunde en el duelo. Benidorm es una ciudad que vive en una especie de tiempo cíclico. 

Concrete...

Cada año llegan cantidades muy parecidas de turistas en las mismas épocas. Es un lugar por el que casi nadie se queda, pero por el que todo el mundo acaba pasando. Esa sensación de ciclo me interesaba porque el personaje también piensa que, del mismo modo que se ha producido una muerte, puede producirse una resurrección.

Por último, si fuera realmente posible viajar al pasado y transformarlo, ¿cree que seríamos más felices o, por el contrario, entraríamos en un bucle de culpa infinito? 

Sí, creo que se produciría ese bucle infinito que mencionas. Entre otras cosas, porque somos el resultado de nuestros errores. Si desde mi perspectiva actual quisiera cambiar algo del pasado, sería precisamente porque ya soy esta persona, la persona a la que me han llevado esos errores. Cambiarlos me llevaría, seguramente, a cometer otros distintos y, probablemente, a arrepentirme de cosas diferentes. En ese sentido, creo que hay algo inapelable en la vida humana: solo tenemos una vida y no podemos experimentar con ella. Y eso que puede resultar doloroso o angustioso, también tiene algo bello. Precisamente porque la vida es irrepetible y, por lo tanto, valiosa.