¿Tiene futuro cocinar en casa?, la opinión de Julián Otero
Hace no mucho Juan Roig, presidente de Mercadona, comentaba que dentro de poco la cocina no será necesaria en las viviendas. Que nos alimentaremos de procesados y que cocinar será una actividad residual, casi decorativa, como tener una bañera con patas o una cava de vinos
No es una intuición aislada. Desde hace años, distintos estudios sobre hábitos alimentarios y urbanismo doméstico apuntan a una reducción progresiva del tiempo dedicado a cocinar, especialmente en entornos urbanos. Cocinar ya no es una necesidad estructural, sino una opción entre muchas.
La cocina, además, compite bastante mal. Exige tiempo, espacio y atención sostenida. Tres variables cada vez más escasas. Frente a eso, la industria alimentaria ofrece soluciones diseñadas para eliminar fricción: platos preparados, sistemas de entrega inmediata, productos optimizados para durar, transportarse y replicarse sin variaciones. Comer sin cocinar no solo es posible, es eficiente. Y esta eficiencia tiene mala fama, sí, pero suele ganar.
Hay viviendas donde esto ya se materializa. Cocinas cada vez más pequeñas, casi simbólicas. Placas que apenas se encienden, hornos que funcionan como almacenamiento... La encimera deja de ser una superficie de trabajo y pasa a ser un lugar neutro, sin función clara. No es que la cocina desaparezca, es que pierde centralidad.
En paralelo, aparecen otras formas de relación con la comida. Interfaces que cuantifican lo que comes, algoritmos que sugieren combinaciones, sistemas capaces de generar recetas sin haber probado nunca nada, precursores como Chef Watson de IBM o plataformas más modernas como Epicure de Kaikaku. La cocina empieza a desplazarse del espacio físico al espacio de decisión.
La IA entra en la cocina: las mejores apps para preparar recetas
Pero hay algo que no encaja del todo en esa transición. Cocinar no es solo producir comida. Es un proceso con fricción: cortar mal, pasarse de sal, esperar más de lo previsto. Es una actividad donde el error no se optimiza, se integra para aprender. Y eso es difícil de sustituir por completo.
De hecho, algunos estudios sobre comportamiento alimentario señalan que cocinar está más relacionado con la percepción de control y bienestar que con la eficiencia nutricional. No se cocina solo para comer mejor, sino para sentir que uno interviene en lo que come.
Eliminar la cocina no sería solo una cuestión funcional. Sería eliminar ese espacio de intervención y puede que en el futuro no necesitemos cocinas para alimentarnos, pero eso no significa que no necesitemos cocinar y ahí es donde las sociedades gastronómicas son y serán más que necesarias.