"Me tuvieron que quitar el útero, un ovario y las trompas"
Tanya Fernández cuenta cómo ha cambiado su vida tras el diagnóstico tardío de endometriosis
La endometriosis es una enfermedad crónica que afecta a muchas mujeres. Aun así, muchas veces el diagnóstico es tardío y los tratamientos convierten a las pacientes en pruebas de laboratorio ante el desconocimiento de su cura.
Según los datos recogidos por Osakidetza 10.700 mujeres sufren de endometriosis en el País Vasco. El diagnóstico se complica ya que un 30% de las que padecen la enfermedad no presentan síntomas. DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA ha podido hablar con Tanya Fernández, una mujer vitoriana de 41 años que sufre esta enfermedad que ha decidido compartir su situación.
Primeros síntomas
“Yo empecé con dolores a mediados del 2019, eran dolores muy fuertes en la zona de los ovarios. He tenido reglas dolorosas, pero ahí fue ya cuando tuve dolores muy fuertes y se agravan en las relaciones sexuales. Además, sangraba sin estar en la regla, sangraba todos los días. Entonces empecé a ir a los ginecólogos pero me decían que no tenía nada, que no me veían nada, que el dolor era normal”. Tanya Fernández narra lo que fueron los primeros indicios de endometriosis, que fueron ignorados por el personal médico y desencadenó en peores consecuencias.
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“Me tuvieron que quitar el útero, el ovario izquierdo, las dos trompas de Falopio, me cortaron media vagina, me cortaron parte del intestino, me limpiaron uréteres, y aún así quedaron focos de endometriosis que no pudieron limpiarme”
En 2020 se quedó coja de la pierna izquierda aparentemente sin motivo y el sangrado continuaba. Acudió a urgencias y estuvo 12 horas con medicamentos para cortar el sangrado y el dolor, hasta que finalmente le dieron morfina y le mandaron una resonancia de urgencia. No es hasta principios de 2021 cuando le diagnostican endometriosis y le comunican que está descontrolado.
“Me tuvieron que quitar el útero, el ovario izquierdo, las dos trompas de Falopio, me cortaron media vagina, me cortaron parte del intestino, me limpiaron uréteres, y aún así quedaron focos de endometriosis que no pudieron limpiarme”, en estas palabras expresa el doloroso momento que tuvo que sufrir. Tras la operación se redujeron los dolores, pero al no poder eliminar todos los focos comenzó a sufrir dolores crónicos de espalda que incluso le inmovilizaban de cintura para abajo.
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Tratamientos sin éxito
El año pasado le volvieron a realizar una resonancia y la enfermedad se había vuelto a reproducir. Ante esto le dieron un medicamento que hace creer al cuerpo que está embarazada, pero fue sin éxito y los dolores empeoraron. A principios de este año cambiaron la medicación por unas inyecciones para inducir la menopausia de manera química. En estos momentos el problema es que no la pueden volver a operar porque hay muchos riesgo y por eso la derivaron a la unidad del dolor.
“En la unidad del dolor me quieren hacer infiltraciones a través del hueso sacro, que es como una especie de anestesia que te hace en la zona porque los dolores que tengo me dejan paralizada de cintura para abajo. Y pues estoy pendiente de que me llamen porque me han dicho que va a ser una espera larga”.
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La situación es crítica para Tanya que ha sufrido un cambio al completo de su vida, los dolores y la paralización de las piernas la han convertido en una persona dependiente de su familia y de su marido. “Es muy difícil llevar esta enfermedad porque te condiciona la vida totalmente”.
Violencia médica
"Creo que eso es algo que deberían cambiar porque es muy duro vivir con una enfermedad así y que encima pidas ayuda a un médico y por desconocimiento pues te trate como que eres una exagerada”
La cruda realidad de esta enfermedad que ha transformado por completo la vida de Tanya Fernández y la de otras muchas mujeres. Además, no solo se enfrentan al diagnóstico también a los años de espera sin saber que ocurre en su cuerpo y a la violencia médica que se ejerce en muchos centros. Ante el desconocimiento o la incertidumbre muchos sanitarios insensibilizan y anulan los dolores y los sentimientos de estas pacientes.
“El desconocimiento de la enfermedad hace que muchas veces los sanitarios utilicen esa violencia médica. Creo que eso es algo que deberían cambiar porque es muy duro vivir con una enfermedad así y que encima pidas ayuda a un médico y por desconocimiento pues te trate como que eres una exagerada”, indica. Asimismo, el desconocimiento acarrea muchas consecuencias, como no realizar las pruebas pertinentes o ignorar síntomas claros: “Yo me he sentido invalidada durante muchos años”.
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Gracias al testimonio de Tanya y al de otras muchas mujeres poco a poco se está dando a conocer más la endometriosis y sus terribles consecuencias. “Yo lo que quiero es dar visibilidad a la enfermedad, no solamente el 14 de marzo, que es el día de la endometriosis, sino durante todo el año, y que la gente sepa que existe y que es incapacitante y muy difícil de vivir”.
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