El Colegio Bermar está de celebración. En concreto, el centro educativa celebra seis décadas de historias y ejemplos de superación. Desde sus inicios como academia de estudios, pasando por la EGB, hasta consolidarse hoy como centro de Formación Profesional Básica. Borja Altuzarra, director del centro desde hace 15 años, repasa la trayectoria del colegio donde el alumnado no paga por sus clases.
Altuzarra señala que lo que caracteriza al Colegio Bermar es la atención personalizada que reciben todos sus alumnos. “Aquí somos una pequeña familia: somos 60 personas y estamos, como quien dice, abiertos las 24 horas. Yo estoy disponible mañana y tarde para que nos cuenten sus historias; vamos mucho más allá de lo académico”, precisa.
Dos ciclos formativos
En este sentido, el director explica que la Formación Profesional Básica está dirigida a aquellos alumnos que, por distintas razones –problemas personales, dificultades de aprendizaje u otras circunstancias– “se han quedado un poco descolgados del sistema educativo. Lo que hacemos aquí es recogerlos y, sobre todo, darles el ánimo, la confianza y aquello que les faltaba para relanzarlos y que retomen su proceso educativo”.
Actualmente, Bermar ofrece dos ciclos formativos. El primero es el de Servicios Socioculturales, con un enfoque especialmente sanitario. “El 90% de los alumnos que lo terminan se orientan hacia ahí, bien como auxiliares de enfermería o como técnicos en emergencias sanitarias”, destaca Altuzarra. El segundo es el de Servicios Comerciales, orientado al merchandising, la atención al cliente y el almacenaje, con salidas profesionales como dependiente, cajero, reponedor o mozo de almacén.
“El reto es mantener esta trayectoria, conseguir que los alumnos se sientan realmente como en casa y que les apetezca venir”
Además de su labor pedagógica, una de las señas de identidad del Colegio Bermar es el apoyo psicológico y motivacional al alumnado. “Casi el 80% de nuestro trabajo es psicológico”, asegura el director. “Como aquí somos una familia –desde la administración hasta los tutores y la dirección–, intentamos dar salida a problemas que a veces ni siquiera en el entorno de los psicólogos o de las propias familias se atreven a plantear. La confianza en sí mismos es lo que le falta a estos chavales”.
Trabajar la motivación, sin embargo, no es tarea sencilla. Para lograrlo, desde el centro tratan de “hacerles ver que nos importan”. “No nos limitamos a escuchar: personalmente dedico mucho tiempo a resolverles situaciones, tanto en horario de clase como fuera de él”, afirma Borja. Ese bienestar se traduce, según el director, en una tasa de absentismo muy baja, porque al alumno le apetece venir, se siente cómodo y, además, se desarrolla académicamente. Tenemos bastantes alumnos que han continuado en grado superior e incluso algunos en la universidad”.
“¿Cuántas veces nos han llamado fuera del horario escolar porque han tenido algún problema serio, y hemos estado ahí para responder? No existe una formación ni un protocolo concreto para esto, pero creo que es la vocación que tenemos y los años de experiencia con este tipo de alumnado lo que nos impulsa a actuar así. Muchos de ellos llegan recomendados por compañeros o amigos. Lo que yo les pregunto al final de curso es: decidme si habéis notado que esto es distinto, que estáis en un sitio diferente y que se os ha tratado de otra forma. Si la respuesta es positiva, entonces vamos por buen camino”, desarrolla Altuzarra.
“Personalmente dedico mucho tiempo a resolver situaciones al alumnado, tanto en horario de clase como fuera de él”
Tras 60 años de dedicación, el principal reto del Colegio Bermar es mantener la ilusión y seguir motivando al alumnado. “No es nada fácil”, reconoce su director. “En el momento en que el profesorado se desentienda o deje de aportar ese extra que creo que damos aquí, se perdería mucha de la esencia. El reto es mantener esta trayectoria, conseguir que los alumnos se sientan realmente como en casa y que les apetezca venir”, concluye Borja Altuzarra.