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Una víctima de abuso sexual infantil rompe su silencio para impulsar conciencia

Mari Gómez acaba de publicar el libro ‘ASI, empezó todo’, un relato en primera persona sobre el abuso sexual

Una víctima de abuso sexual infantil rompe su silencio para impulsar concienciaEFE

“El silencio sólo beneficia a los abusadores”, afirma Mari Gómez, quien acaba de publicar ASI, empezó todo, (Abuso Sexual en la Infancia) un libro que narra en primera persona cómo el abuso sexual sufrido en la infancia atraviesa todas las etapas de la vida de una persona.

El libro recorre la experiencia desde los ojos de una niña, una adolescente y una mujer adulta, mostrando cómo esta violencia deja huella en lo emocional, lo físico y lo social, y cómo el proceso de revelación e integración de ese dolor puede permitir empezar a vivir y no solo a sobrevivir. 

Tras años de silencio, manipulación y sobreadaptación, Gómez decidió transformar su necesidad vital de escribir en un proyecto público: visibilizar una realidad que sigue siendo tabú y ofrecer esperanza y acompañamiento a quienes han vivido situaciones similares.

Además, se ha unido a la asociación EGIA creada por distintas víctimas de abuso infantil –especialmente creada por Belén Lorbada– para apoyar y dar fuerza a esta asociación centrada en los Grupos de Ayuda Mutua (GAM), espacios seguros donde víctimas y acompañantes pueden nombrar lo vivido, recibir apoyo sin juicio y trabajar en la prevención del abuso sexual infantil. 

El proceso de escritura del libro, cuenta Gómez, fue inicialmente “algo de necesidad vital” y se dio de manera espontánea, como una forma de poner palabras a un dolor que llevaba años dentro de ella. Sin embargo, cuando tomó la decisión firme de ordenar esos textos y sacarlos a la luz, se convirtió en “un trabajo a jornada completa”. 

“Las personas que hemos vivido ASI tenemos que poder mirarnos al espejo y sentirnos nosotras mismas sin culpa, miedo ni vergüenza. Ese es el mayor reto"

Para Gómez, levantar la cabeza cada día y enfrentarse a las memorias dolorosas ya tenía un sentido profundo: “Volvía a tener un paraqué levantarme de la cama cada día y eso ya era mucho porque había estado en los infiernos y de esta manera volvía a resurgir”.

Reconoce que hubo momentos especialmente difíciles: recordar ciertas situaciones, evocar imágenes, olores o sensaciones táctiles la trasladaba de nuevo a años muy dolorosos y la colocaba en escenarios incómodos, “casi insoportables”.

Aun así, pensaba que su testimonio podía ayudar a que la sociedad comprendiera que las víctimas “callamos por miedo, culpa y vergüenza” y que detrás del abuso hay una capacidad de manipulación y engaño enorme por parte de los agresores. 

Esa convicción le dio fuerza: “Creyendo firmemente en esto, encontré la fuerza suficiente para seguir escribiendo y sacarlo a la luz”. Gómez explica que la escritura y la exposición de su historia buscan no solo visibilizar la realidad del abuso sexual infantil, sino también acompañar a quienes lo han vivido, prevenir futuros casos y abrir una conversación social que hasta ahora ha permanecido silenciada.

ASOCIACIÓN

Además de su libro, esta mujer pertenece a la asociación EGIA, un proyecto cuyo eje principal son los Grupos de Ayuda Mutua (GAM). Se trata de espacios seguros donde las personas pueden “hablar y nombrar lo que durante años ha estado callado”, sin miedo a juicio o crítica, y respetando los ritmos de cada quien.

Gómez subraya que estos grupos permiten que nadie le diga a las víctimas que deben “pasar página” o que lo vivido ya quedó atrás, porque cada relato tiene valor y merece ser escuchado. 

La asociación también incluye programas de prevención dirigidos a menores y a los adultos que los acompañan, con el objetivo de sensibilizar sobre el abuso sexual infantil y crear entornos seguros de escucha. Para Gómez, romper el silencio significa poder liberarse del dolor generado por experiencias tan extremas y encontrar una forma de integrarlas en la vida: “Cada persona tiene que encontrar su manera. Ninguna es mejor que otra, todas son válidas”.

“Volvía a tener un paraqué levantarme de la cama cada día y eso ya era mucho porque había estado en los infiernos y de esta manera volvía a resurgir"

La escritora y activista defiende el trabajo comunitario y la fuerza del grupo como herramientas fundamentales para sostenerse cuando las fuerzas flaquean, y cree firmemente que leer, acudir a terapia o participar en los GAM ayuda a que las víctimas puedan empezar a vivir plenamente, más allá de la supervivencia.

Conciencia social

Para Mari Gómez, la literatura y la narración de historias personales juegan un papel crucial en la construcción de conciencia social sobre el abuso sexual infantil.

Como ella misma afirma, “lo que no se nombra no existe”, y mientras las víctimas no pongan voz a sus experiencias, la sociedad no comprende la magnitud de un problema que nace en lo privado pero afecta a toda la comunidad. Gómez subraya que el silencio solo beneficia a los abusadores y que visibilizar estas historias permite que la sociedad abra los ojos, entienda cómo se producen los abusos y cambie la mirada hacia la infancia y hacia los adultos que fueron víctimas. 

“Me encantaría que las personas que lean este libro comprendan que el abuso sexual en la infancia, especialmente el intrafamiliar, es una realidad muy muy común que puede estar detrás de muchos malestares de los menores de nuestra sociedad"

En su experiencia con EGIA, uno de los retos más importantes ha sido ayudar a las personas a aceptar lo que les ocurrió para poder integrarlo en su vida: “Las personas que hemos vivido ASI tenemos que poder mirarnos al espejo y sentirnos nosotras mismas sin culpa, miedo ni vergüenza.

Ese es el mayor reto”. A partir de esa aceptación, explica, se construyen espacios de acompañamiento respetuosos, lentos y flexibles, donde se reconoce que cada proceso de recuperación es único, con idas y venidas, y donde escuchar, creer y no cuestionar es fundamental para que las víctimas puedan empezar a vivir sin cargar con culpas que no les corresponden.

Para Mari Gómez, la escritura y la narración no son solo herramientas personales, sino también instrumentos de cambio social. A través de su libro busca que la sociedad entienda que el abuso sexual infantil no es un hecho aislado ni remoto, sino una realidad que ocurre en entornos cercanos y que puede estar detrás de muchos malestares que los adultos ni siquiera relacionan con la infancia.

“Me encantaría que las personas que lean este libro comprendan que el abuso sexual en la infancia, especialmente el intrafamiliar, es una realidad muy muy común que puede estar detrás de muchos malestares de los menores de nuestra sociedad”, afirma. La literatura, insiste, permite visibilizar lo que durante años se oculta, abrir conversaciones difíciles y educar sobre la importancia de escuchar y creer a los menores. La asociación EGIA surge de esa misma visión: ofrecer espacios seguros donde las víctimas puedan hablar, integrarse en grupos de apoyo.