Las nubes grises que llevaban toda la jornada del sábado amenazando con llover, finalmente descargaron su agua con todas las ganas por la tarde. En peor momento, imposible, porque era justo cuando comenzaba el programa de actos en Vitoria por la festividad de San Antón, que incluía desde la comitiva municipal desde la Plaza Nueva hacia la iglesia de San Pedro, animada por la comparsa de Gigantes y Cabezudos y la Academia Municipal de Folklore, a la tradicional rifa cuyos ganadores se pueden consultar aquí.
Los hinchables y el gargantúa se tuvieron que suspender. Pero la fiesta no se aguó porque la ciudadanía gasteiztarra siguió, un año más, saliendo en tromba para honrar al patrón de los animales y para tomarse con muchas ganas ese chocolate tan caliente que tan bien sentó, aunque fuera esta vez en los soportales.
Lizeth y su hija Salomé, de 8 años, son de las que no se pierden este día, por mucho que jarree. “Lo que más me gusta son la rifa de los cerditos y los cabezudos, porque son los que pegan”. La pequeña no había acabado de decir sus últimas palabras cuando “La vieja”, descargó toda su furia de cabezudo sobre ella.
El desierto como retiro
Mucho ha llovido desde que hace más de 1.700 años este santo, nacido en el seno de una familia acaudalada de Egipto, abandonara sus posesiones, para llevar a la práctica el consejo de Jesús de “vende todo lo que tienes y dalo a los pobres”, y mudarse al desierto cuando tenía unos 20 años.
Fue en este árido paisaje, donde además de ser uno de los precursores de la vida monacal, demostró una humanidad sin precedentes en el trato que daba a la fauna.
DESFILE DE CORREAS
Siglos después, esta tarde, cuando la comitiva municipal llegó a San Pedro, esa fuerte conexión con el reino animal se volvió a demostrar con todo el desfile de correas, en su mayoría de perros, exceptuando algún gato en transportín.
Allí, a la entrada de este templo, los propietarios de las mascotas más pequeñas les alzaban todo lo que podían, cual Rafiki con Simba, con el ánimo de que cayeran sobre sus mascotas, unas cuantas gotas, pero de las benditas, con las que iba rociando el párroco Luis Alfonso de Blas porque “son una expresión de Dios. Merecen nuestro respeto y cuidado”.
Más de un asistente se acordó entonces del diluvio universal y de lo bien que hubiese venido en ese momento un arca, como la de Noé, por todo lo que caía en ese momento.
"Loki, cuando tenía seis meses, se envenenó. El veterinario decía que no iba a salir, pero el párroco de Amurrio le bendijo y desde entonces, venimos todos los años, aunque ahora vivamos en Vitoria", contaba Joana, propietaria de este afortunado 'beagle' que ahora tiene cinco años.
EL ELEGIDO
¿Pero por qué este templo es el elegido y no en otro?
“Pues es por historia”, explican fuentes de la diócesis de Vitoria. Por una que se remonta a cuando San Pedro era la sede de la Cofradía de San Antón Abad, creada en 1781, motivo por el que los ganaderos de Vitoria y su zona rural, que en su mayoría pertenecían a la misma, celebraban ahí sus misas y también reuniones.
Con la industrialización y la pérdida de peso de la ganadería en la ciudad, la cofradía se extinguió pero la devoción siguió, aunque hoy ya no se lleven animales de campo, sino más bien de compañía.
LA TALLA
De este santo protector del ganado, queda en el altar mayor, a su izquierda, una talla del siglo XVI, con un cerdo a sus pies porque dos son las historias que le vinculan con este animal.
La primera es la que dice que curó a unos jabatos que nacieron ciegos.
La otra es la que los relaciona con el “Fuego de San Antón” (ergotismo). Aquellos que eran aquejados por este mal, se dirigían a la abadía de Saint-Antoine del Viennois (Francia), donde se encontraban sus reliquias, pero eran tantos los enfermos, que se tuvo que edificar un hospital y para asegurar el mantenimiento del mismo, sus religiosos, los Antonianos, criaban puercos.
Y con su manteca, usada como ungüento milagroso sobre los órganos afectados, y con un buen jamón, se lograba el alivio e incluso la recuperación de estos enfermos.
RIFAS
Y en Vitoria estos cerdos se los siguen rifando. Desde las seis y media de la tarde, en versión chocolate, dos cochinillos de enorme tamaño, de 40 kilos, para los que la pastelería Nalda necesita mes y medio de preparación, se repartieron, por la rifa de San Antón Txiki, un sorteo que se lleva haciendo desde 1994 para divulgar esta tradición entre los más jóvenes.
Uno de ellos entre 300 aulas de Educación Infantil y el otro, entre las 725 de Primaria. Los agraciados fueron Arriagako Haritza e Ikasbidea, respectivamente.
Media hora antes, a las 18.00 horas, tuvo lugar la rifa de San Antón en el salón de Plenos del Ayuntamiento, entre los 30.000 boletos a sesenta céntimos cada uno, que se pusieron a la venta, y que daban derecho a una lluvia de premios, entre los que no faltaban, cómo no, una selección de productos de cerdo ibérico.