La digitalización continúa abriéndose paso en el sector primario y lo hace ahora también en el pastoreo. El centro tecnológico Neiker impulsa el proyecto Larresne, una iniciativa que busca validar el uso de collares inteligentes en vacuno y ovino para mejorar el manejo del ganado y avanzar hacia una certificación digital de la leche de pastoreo.

El objetivo del proyecto es facilitar el trabajo diario de los ganaderos y aportar trazabilidad real y verificable sobre el comportamiento de los animales en las praderas. Una tecnología que ya se ha asentado en rebaños de vacuno y que ahora da sus primeros pasos para adaptarse también al ovino latxo.

El proyecto Larresne unió tres intereses complementarios. Por un lado, Neiker ya había trabajado con Innogando, start-up gallega desarrolladora del collar inteligente, validando previamente su uso en vacuno. Por otro lado, la ganadería Behi-alde, participante en el proyecto, contaba ya con más de 500 dispositivos instalados y había observado su utilidad tanto para el manejo del rebaño como para certificar prácticas de pastoreo.

A ello se sumaba el interés del sector ovino latxo, especialmente el vinculado a la Denominación de Origen Idiazabal, en poder cuantificar de forma precisa cuánto pasto consumen las ovejas.

Un rebaño de ovejas con el collar inteligente. Neiker

El collar inteligente

El dispositivo integra un GPS y un acelerómetro que registran de forma continua (las 24 horas del día) la localización y actividad de cada animal. La combinación de datos permite conocer no sólo dónde se encuentra, sino también qué está haciendo: si está comiendo, rumiando, descansando o moviéndose.

Nerea Mandaluniz, investigadora de Neiker, explica que el dispositivo abarca varias funciones: “Si el GPS te dice que el animal está en una pradera y el acelerómetro que está comiendo, puedes certificar fácilmente que ha ingerido hierba”. Esta posibilidad abre la puerta a una certificación digital de la leche de pastoreo, superando el sistema actual basado en anotaciones manuales en cuadernos de campo que no garantizan lo que realmente consume el animal.

Aunque el collar ya está validado en vacuno con un nivel de acierto cercano al 90%, en ovino el desarrollo avanza más despacio

El dispositivo también interpreta patrones de actividad y los compara con datos previos del mismo animal y del rebaño. Con ello, avisa al ganadero de posibles celos, partos próximos, enfermedades o incidencias de comportamiento. “Nunca va a sustituir al ganadero o al pastor, pero sí supone una ayuda importante”, subraya Mandaluniz.

Trabajo diario

Los beneficios ya son tangibles en explotaciones de vacuno, donde la tecnología está más desarrollada. Con rebaños amplios, como el de una de las granjas del proyecto, con 450 vacas en ordeño más la reposición, la cantidad de información que aportan estos collares permite optimizar el tiempo del ganadero.

Cada mañana, al revisar la aplicación móvil, el responsable conoce de un vistazo qué animales han entrado en celo, cuáles presentan signos de enfermedad o dónde se encuentran exactamente los ejemplares que requieren atención. “Te permite tomar decisiones incluso antes de que aparezca la enfermedad de forma clínica”, destaca Mandaluniz.

Además, esta monitorización no se detiene en días festivos, noches o periodos de descanso, ofreciendo al ganadero una vigilancia continua del rebaño.

El ganado ovino latxo

Aunque el collar ya está validado en vacuno con un nivel de acierto cercano al 90%, en ovino el desarrollo avanza más despacio. Vacas y ovejas, recuerda Mandaluniz, “son rumiantes, pero su comportamiento es muy diferente”. Por eso, el dispositivo debe “aprender” a identificar correctamente las actividades específicas de las ovejas.

Larresne centra buena parte de su trabajo en esta adaptación, clave para que el sistema pueda aplicarse en rebaños productores de leche destinada a Idiazabal, donde es fundamental conocer el porcentaje de pastoreo real.

El sistema evoluciona a gran velocidad. Las reuniones frecuentes entre Neiker, ganaderos e Innogando permiten ajustar funcionalidades y necesidades detectadas en campo. “Desde el primer dispositivo que conocí hasta ahora, ha habido un salto enorme. Es como la evolución de los móviles: cada versión incorpora más datos, más precisión y nuevos usos”, recalca la investigadora.