Mary Kyere, que ahora tiene 27 años, no dudó en hacer las maletas para irse fuera de Gasteiz el pasado verano. Sin embargo, a diferencia del común de los mortales, no lo hizo para disfrutar de unos merecidos días de asueto, sino para ayudar a otras personas al tiempo que lo hacía para sí misma. Esta graduada en Ciencia Política y Gestión Pública en la UPV/EHU y Máster de Paz, Conflicto y Desarrollo se fue a San Isidro (Ecuador), desde julio hasta septiembre, como participante del Programa de Juventud vasca Cooperante, dentro del proyecto de preservación de la cultura montubia, a través de Misiones Diocesanas Vascas Vitoria y Fundación Raíces y Sueños de San Isidro.

“Ha sido un hito importante tanto a nivel personal como profesional”, describe esta joven que ahora trabaja como técnica de proyectos en Africanista Manuel Iradier y también como responsable de producción en Afrikaldia (Festival de cines africanos). 

En lo humano, trabajar de cerca con las comunidades montubias le permitió sumergirse en una rica tradición cultural que valora el arte, la danza, la música y el teatro como medios fundamentales de expresión y transmisión de identidad.

“Esta vivencia me enseñó la importancia de la preservación de las culturas locales y me permitió experimentar de primera mano cómo la cultura puede ser una herramienta poderosa para fortalecer la cohesión comunitaria”, destaca.

En otro instante de su cooperación Cedida

“Extremadamente valiosa”

Y desde el punto de vista profesional, esta experiencia ha sido “extremadamente valiosa”, ya que le permitió aplicar los conocimientos adquiridos en un contexto real. “El pequeño aporte que tuve la oportunidad de hacer para la Fundación, me brindó una comprensión profunda sobre la importancia de la cultura como motor de desarrollo. Esta experiencia consolidó mi compromiso de conocer diferentes realidades existentes en el mundo, así como ampliar mis conocimientos en el ámbito de la cooperación al desarrollo”, valora.

Así, entrevistó a personas mayores con el fin de recoger su historia de vida en diversas comunidades del municipio; participó en reuniones institucionales y no institucionales; ofreció apoyo a los estudiantes de la Universidad de Quito durante sus estancias en San Isidro para sus prácticas en la Fundación y hasta colaboró en las plantaciones de las medicinas ancestrales, entre otras labores.

Por eso, “repetiría cuantas veces pudiera” y considera que todas las personas que tengan la oportunidad, deberían tener esta experiencia de cooperante “ya que, además de ampliar tus conocimientos, te permite desmontar los mitos y las percepciones negativas que existen sobre las personas procedentes de los países del Sur Global”.

Con su compañera cooperante, Larraitz Kintana Bilbao. Cedida

Gran impresión

De hecho, lo que más impresionó a Kyere de San Isidro fue la generosidad de su gente, “quienes te reciben con una calidez tan auténtica que te hacen sentir como parte de su propia familia. Esta actitud de apertura y disposición para ayudar está presente en todos los miembros de la comunidad”.

Además, le sorprendió "profundamente" el compromiso de los txikis y jóvenes de la localidad, “quienes se dedican con entusiasmo a aprender sobre sus tradiciones y a preservar su cultura ancestral. Este interés por mantener vivas sus raíces culturales es un testimonio de la fuerza y el valor de su identidad colectiva”.