Tres txapelas de siete posibles. Ese fue el balance de Álava en las finales del GRABNI 2026, un resultado que va mucho más allá de los títulos conquistados.
Los tres éxitos llegaron de la mano de parejas juveniles, una generación que no solo logró imponerse a las selecciones más potentes del campeonato, sino que además situó a la pelota alavesa en lugares donde nunca antes había llegado.
Por primera vez, Álava conquistó la txapela juvenil de paleta argentina y la de frontenis, a las que se sumó el triunfo en goma maciza para completar una actuación que deja un mensaje claro: el futuro ya está aquí.
Los primeros en abrir el camino fueron Beñat Martínez y Ohian Luzuriaga en paleta argentina. La pareja alavesa se impuso a Iparralde por un doble 15-9 en la final disputada en Bilbao, después de haber derrotado ya a los mismos rivales en la fase previa.
Más allá del marcador, ambos recuerdan aquel punto de inflexión en Hendaya con una sonrisa cómplice. “Al principio del torneo lo veíamos casi imposible. Pero cuando ganamos ese primer partido vimos que sí se podía conseguir”, reconoce Luzuriaga, todavía sorprendido al recordarlo. Martínez lo completa con naturalidad: “Si hemos podido ganar a Iparralde, ¿por qué no vamos a poder ganar a cualquiera?”.
Creer y ganar
La seguridad con la que jugaron en la final fue el reflejo de una compenetración construida durante años. Martínez busca a su compañero antes de responder, como un gesto automático ya repetido en la pista.
“Nuestro primer torneo juntos fue el Campeonato de España Escolar cuando teníamos unos 15 años. Desde entonces hemos seguido jugando juntos y eso se nota dentro de la cancha”, explica.
“Si hemos podido ganar a Iparralde, quien nos dice que no podemos con cualquiera”
Luzuriaga añade sin dudar: “Nos conocemos desde hace muchos años y siempre hemos tenido muy buena relación, eso ayuda en los momentos difíciles”.
Durante el torneo, también fue clave la presencia de su entrenador, Gorka Bombín, que siguió cada partido desde la banda con gestos constantes de corrección.
“Nos ha ayudado muchísimo a corregir errores y a competir mejor en los momentos importantes”, señala Luzuriaga. Martínez recuerda alguna indicación en los descansos: “Desde fuera ven cosas que dentro no ves. A veces un pequeño ajuste lo cambia todo”.
La segunda txapela llegó en Larrabetzu, donde Jon Aldama y Endika Rodríguez conquistaron la goma maciza tras una final agónica frente a Navarra, resuelta por mínimos detalles.
“Ha supuesto muchísimo. Es una alegría increíble”, afirma Endika Rodríguez. Aldama lo resume en una idea directa: “Sabíamos que teníamos opciones y que íbamos a dar todo para conseguirlo”.
Amistad ganadora
La clave estuvo en la gestión de la presión. En los puntos decisivos, Aldama y Rodríguez se buscaban constantemente con la mirada, como si no hiciera falta más lenguaje.
“Cuando estás en esos momentos siempre piensas que estás a un tanto de perder. Intentábamos olvidarlo y seguir con nuestro juego”, explica Aldama. Rodríguez responde casi al instante: “Seguir y mantener la cabeza fría”.
“Ha supuesto muchísimo para nosotros. Ha sido un orgullo poder ganar la txapela”
La confianza entre ambos, amigos desde la infancia, fue decisiva. “Somos amigos desde los tres años. Tenemos mucha confianza y eso hace que podamos decirnos las cosas con total sinceridad durante los partidos”, comenta Rodríguez con naturalidad.
Aldama sonríe al escucharlo: “Eso te da mucha tranquilidad cuando el partido se aprieta”. Desde el banquillo, el seleccionador Jorge Rodríguez vivió el encuentro con tensión visible, especialmente al dirigir también a su hijo Endika, sin dejar de dar instrucciones constantes.
“Sabíamos que teníamos opciones y que íbamos a darlo todo para conseguirlo ”
La tercera txapela llegó en Zierbena gracias a Unax Martínez de Cañas y Aimar Icaza, que lograron el primer título juvenil alavés de frontenis tras superar a los navarros Fernández -Sesma por 15-11 y 15-13.
“Nunca pensé en ganar el torneo. Con ganar un set ya me daba por satisfecho”, admite Icaza. Martínez de Cañas recuerda el cambio de mentalidad tras el primer set: “Nos dio muchísima confianza para seguir peleando”.
Hacer historia
El momento más crítico llegó en el segundo set, cuando los navarros encadenaron varios tantos seguidos. Icaza se pasa la mano por la cara al recordarlo. “Pensé que se nos podía escapar”.
“Nunca pensé en ganar el torneo. Con ganar un set ya me daba por satisfecho”
Martínez de Cañas lo tranquilizaba en la pista diciendole: “Que no tuviera prisa y que lo sacaríamos adelante”. La respuesta fue simplificar el juego y confiar en el trabajo previo.
También destacan el papel de sus entrenadores, Eduardo Lobato y Asier Bustinza, que siguieron el partido con tensión constante en el banquillo. “Nos han ayudado muchísimo durante todo el campeonato”, señala Icaza. Martínez de Cañas asiente: “Nos han orientado para corregir errores y sacar lo mejor del compañero”.
Álava empieza a creer
Detrás de estas tres txapelas hay una sensación compartida de cambio de ciclo. Los protagonistas coinciden en que Álava ha dado un paso adelante competitivo frente a selecciones históricamente más potentes.
“Normalmente no tenemos tanto protagonismo como otras selecciones”, reconocen tras las finales, conscientes de que el salto no está solo en los resultados, sino en la forma de competir. El GRABNI 2026 refuerza además un modelo basado en la continuidad de grupos que llevan años entrenando juntos.
“Normalmente no solemos tener tanto protagonismo como las demás selecciones”
El impacto de estas victorias va más allá de lo deportivo. Para muchos de estos jóvenes, ha sido su primera gran experiencia en un escenario de máxima exigencia, con partidos ajustados y mucha presión.
“Ha sido muy intenso”, resumen varios de los campeones tras las finales. Haber ganado refuerza su confianza y alimenta la sensación de que estos resultados pueden marcar el comienzo de algo más estable en la pelota alavesa.
Quizá por eso el valor de estas victorias trasciende los resultados. Beñat Martínez y Ohian Luzuriaga sueñan con competir en el Mundial de 2030 sub-22; Jon Aldama y Endika Rodríguez quieren volver a defender la txapela el próximo año; Unax Martínez de Cañas y Aimar Icaza aspiran a seguir creciendo para mantenerse entre los mejores.
Son objetivos distintos, pero todos parten de una misma realidad: durante un fin de semana, seis jóvenes pelotaris demostraron que Álava puede mirar al futuro con confianza y que el relevo generacional ya está preparado para asumir el protagonismo.
Como perfectamente resume Luzuriaga, con una última sonrisa antes de marcharse: “Ganar está bien, pero lo importante es que la pelota alavesa siga creciendo”