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La Fórmula 1, cuesta abajo y sin frenos por la nueva reglamentación

El nuevo reglamento de la categoría reina del motor genera un profundo rechazo entre seguidores/as y pilotos, empujando a Max Verstappen a una posible retirada

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El cambio de reglamento iniciado en esta temporada ha provocado una oleada de críticas entre los aficionados y aficionadas de la Fórmula 1, y de los propios pilotos, considerándolo una amenaza para el futuro de esta competición.

La promesa inicial de la FIA y de Liberty Media sobre el papel no sonaba mal: monoplazas ágiles, tecnología de propulsión para la sostenibilidad y una mayor igualdad en la parrilla sin perder el ADN del espectáculo que rodea a la categoría reina del motor. Sin embargo, la realidad que ha traído la normativa de 2026 sobre el asfalto es distinta. Lejos de fomentar las batallas coche a coche basadas en el talento puro, que tanto gustan, la Fórmula 1 se ha transformado en un ejercicio extremo de gestión de recursos informáticos y energéticos que frustra tanto a los que van al volante como a quienes lo sufren desde las gradas.

Para entender el malestar que se ha generado con estas nuevas normas, hay que analizarlas brevemente. Todo comienza con la eliminación del MGU-H; el generador que recuperaba la energía del calor de los gases de escape del turbo. Este componente permitía crear electricidad de forma constante mientras el piloto aceleraba, sin depender de las frenadas. Ahora, los coches dependen de un exigente reparto de potencia 50/50 entre el motor térmico y el eléctrico.

Como la batería se agota rápidamente y el motor de combustión no da abasto para recargarla a tiempo, los pilotos se ven obligados a levantar el pie del acelerador mucho antes de las frenadas y a sacrificar velocidad en curvas rápidas para regenerar energía. Para intentar parchear esta brutal pérdida de empuje en las rectas, el reglamento ha introducido una aerodinámica activa artificial que reduce la resistencia al aire.

Cuando la batería de un monoplaza se acaba en mitad de un trazado, la caída de rendimiento no es progresiva, sino inmediata. Un coche puede llegar a rodar hasta 50 km/h más lento en una misma recta.

Fernando Alonso habla de adelantamientos "sin querer"

Uno de los protagonistas a la hora de alzar la voz en contra del rumbo que está cogiendo la competición es el bicampeón del mundo Fernando Alonso. El asturiano, que está disputando sus últimas temporadas, ha tenido uno de los peores inicios de su carrera, y no parece que vaya a levantar mucho el vuelo en lo que queda de curso.

Alonso, que antes narraba sus adelantamientos de esta manera: "Sabía que Schumacher iba a frenar porque él tiene una mujer y dos hijos esperándole en casa, yo no", ha comentado lo siguiente recientemente: "Los adelantamientos que hay ahora son sin querer. De repente te encuentras con una batería superior al coche que tienes delante, o adelantas o te estrellas contra él. Es una maniobra de evasión más que un adelantamiento por echarle coraje".

Históricamente, los adelantamientos eran pura estrategia; había que preparar a conciencia la salida de una curva lenta, y tirar el coche en la apurada de frenada o aguantar por el exterior. Hoy en día, como denuncia el piloto ovetense, ocurren simplemente porque el coche que precede se ha quedado vacío de potencia eléctrica y el que va a rebufo, que ha guardado energía, lo rebasa en la recta con un diferencial de velocidad que resulta vergonzoso. No hay posibilidad de ataque o defensa, es una simple cuestión de números.

Verstappen podría retirarse

Si las palabras de Alonso no parecían suficientes, las advertencias de Max Verstappen hacen temblar directamente los cimientos comerciales de la competición. El piloto neerlandés, la gran superestrella actual de este deporte, está sopesando seriamente abandonar la categoría reina mucho antes de lo esperado.

El hartazgo del tetracampeón del mundo no es ningún secreto. Ya durante los simulacros previos, Verstappen llegó a catalogar el concepto de estos monoplazas como "la Fórmula E con esteroides", lamentando que "no se puede pilotar a fondo". Su retirada sería un golpe tremendo para el futuro de la Fórmula 1.

Su padre, Jos Verstappen, que siempre ha tenido una gran influencia en la trayectoria de su hijo, encendió todas las alarmas en unas recientes declaraciones a la prensa neerlandesa: "Sinceramente, me temo que Max está perdiendo la motivación. Competir con estos coches no le supone un reto". Jos fue incluso más allá, confesando que la naturaleza de este reglamento ha provocado que él mismo haya dejado de disfrutar viendo a su hijo competir en esta competición.

Lejos de matizar las palabras de su entorno y acallar los rumores que le sitúan en el retiro, el propio Max no se esconde y deja la puerta abierta de par en par a una inminente salida. Al ser cuestionado sobre si cumplirá su acuerdo (que expira en 2028), el neerlandés fue tajante: "Mi contrato va hasta 2028, pero dependerá de las nuevas normas de 2026, y de si son agradables y divertidas. Si no lo son, no me veo aguantando". Al preguntarle por sus alternativas fuera del circo, su respuesta lo dijo todo sobre su estado anímico: "La vida sigue, no es solo Fórmula 1. Hay múltiples cosas que puedes hacer".

El actual campeón del mundo, Lando Norris, también ha mostrado una visión crítica: "No hay nada que pueda hacer al respecto. Simplemente no hay suficiente control para un piloto, y por eso estás demasiado a merced de lo que hay detrás de ti. Eso no es como debería ser".

Por otro lado, Stefano Domenicali, CEO de la Fórmula 1, optó por atizar a los pilotos exigiéndoles que dejen de dañar la imagen del campeonato: "Tenemos el deber de aportar positividad", llegó a declarar, intentando tapar el sol con un dedo para proteger su producto.