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'Multitasking': la trampa de la multitarea, un hábito tan extendido como ineficaz

La ciencia desmonta la idea de que haciendo varias cosas a la vez se obtiene un mayor rendimiento y advierte de sus efectos negativos a nivel de concentración y estrés

'Multitasking': la trampa de la multitarea, un hábito tan extendido como ineficaz

¿Eres de los que presume de contestar correos mientras cocina, de atender llamadas mientras plancha y, de paso, entre una cosa y otra, de echar un vistazo a las redes sociales? A esto se le conoce como multitasking, un término que se popularizó en los años 70, cuando los ordenadores comenzaron a tener la capacidad de realizar varias tareas a la vez.

El término, también traducido como multitarea, responde ahora a la extendida idea de que hacer varias cosas a la vez nos convierte en personas más eficaces; sin embargo, la ciencia lleva años desmontando ese supuesto superpoder.

En plena era digital, en la que estamos rodeados de dispositivos que emiten estímulos continuamente, la simultaneidad se ha convertido casi en una norma. Sin embargo, una cosa es lo que parece y otra lo que realmente ocurre en el cerebro; y es que, en contra de lo que se cree, la mente humana no está diseñada para procesar varias tareas cognitivas complejas a la vez.

Una mujer sostiene a su hijo en brazos mientras teletrabaja.

Nuestro cerebro lo que hace es alternar de forma rápida la atención entre distintas actividades, en un salto constante, casi imperceptible, pero que tiene un coste al que los expertos se refieren como "coste de cambio". Cada vez que pasamos de una tarea a otra, el cerebro necesita unos segundos para adaptarse al nuevo contexto y ese pequeño reajuste se traduce en fatiga, menor precisión y más errores.

Consecuencias de la multitarea

De esta forma, la multitarea tiene consecuencias y la principal es que, lejos de aumentar la productividad, la reduce. Al dividir la atención entre distintas actividades, no se pone el foco en ninguna, lo que da lugar a tareas a medio hacer y deja una sensación de no haber avanzado lo suficiente al final del día. Además, aumentan las posibilidades de equivocarse, y no por falta de capacidad, sino por un exceso de interferencias.

Aunque en principio pueda parecer que con la multitarea se abarcan más cosas, lo cierto es que cuesta más tiempo hacerlas. Cambiar de una tarea a otra ralentiza el ritmo y resta eficiencia, por lo que cuantas más cosas intentamos hacer a la vez, menos conseguimos completar con calidad (¡vamos! el quien mucho abarca, poco aprieta de toda la vida).

Un hombre chatea con el móvil mientras prepara la comida.

Desgaste físico y mental

Así las cosas, lo cierto es que la multitarea no solo afecta al rendimiento de la persona, sino también a su bienestar, provocando a largo plazo un desgaste tanto físico como mental. La sobrecarga de estímulos mantiene al organismo en un estado de alerta constante, a lo que el cuerpo responde liberando cortisol, la hormona del estrés, y ese desequilibrio sostenido en el tiempo puede derivar en cansancio, irritabilidad, problemas de sueño o dificultades para concentrarse.

Entonces, ¿por qué seguimos cayendo en la trampa de pensar que cuanto más ocupados estamos más productivos somos? Esto se debe en gran medida a la cultura de la inmediatez que obliga a responder rápido, a estar siempre disponibles y a no perderse nada. Notificaciones, mensajes y tareas urgentes compiten por la atención en un entorno que premia la rapidez por encima del foco.

Alternativas al 'multitasking'

Frente a este escenario, las alternativas al multitasking pasan por recuperar algo tan sencillo y difícil a la vez como es la concentración. Priorizar tareas, planificar el día y trabajar por bloques ayuda a reducir la dispersión; también lo hace eliminar distracciones, como las notificaciones constantes, o agrupar actividades similares para evitar cambios continuos de contexto.

Otra estrategia útil son las microparadas, unas pausas breves, sin estímulos externos, que permiten a la mente recuperar su claridad y previenen el agotamiento. A ello se suma la práctica de la atención plena, es decir, centrarse en una sola cosa tanto en el ámbito doméstico como laboral.

No se trata de hacer más cosas, sino de hacerlas mejor y es que, en un entorno saturado de estímulos, la productividad real no nace de la multitarea, sino de saber concentrarse en lo que es más importante en cada momento.