Tarjetas de crédito: los errores más comunes que pueden salirte muy caros a final de mes
La mayoría son malos hábitos de los que no somos conscientes y que pueden disparar los intereses y las comisiones y poner en peligro la economía familiar
Hay quien se refiere a lastarjetas de crédito como dinero de plástico y razón no le falta. Son cómodas, rápidas y siempre están ahí cuando la cuenta se queda temblando a final de mes. El problema es que ese fácil acceso al dinero, mal gestionado, puede convertirse en una trampa. No suele dar problemas de golpe, sino que los crea poco a poco, casi sin que nos demos cuenta.
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La tarjeta de crédito debería ser un recurso puntual, una especie de ayuda ante posibles imprevistos o una forma de organizar pagos concretos. Sin embargo, hay personas que la utilizan muchas veces como una extensión del sueldo, y es ahí cuando empiezan a desencadenarse los problemas.
Pagar tarde
Uno de los errores más habituales es pagar tarde o no pagar el total de lo gastado. Muchas tarjetas permiten devolver el dinero en cuotas pequeñas, lo que da una falsa sensación de alivio. Sin embargo, pagar solo el mínimo es una de las formas más rápidas de encarecer cualquier compra. Los intereses se acumulan, la deuda se alarga y lo que parecía asumible acaba convirtiéndose en una carga. La regla básica es sencilla y es que, siempre que sea posible, se debe pagar todo el consumo del mes.
Formas de pago
Otro fallo frecuente es no revisar la modalidad de pago. Muchas tarjetas vienen configuradas por defecto en modo aplazado o revolving, lo que se traduce en que todas las compras se financian automáticamente, aunque el cliente no sea consciente. Leer la letra pequeña y ajustar la forma de pago ya no es una opción, sino una necesidad. De lo contrario, cada café, cada repostaje de carburante o cada compra en el supermercado se paga con intereses.
Gastos diarios
Otro error común es usar la tarjeta de crédito para pagar los gastos diarios. La compra semanal, la gasolina o las facturas no deberían pagarse a crédito, salvo en situaciones muy puntuales. Al hacerlo, no solo se pierde el control del gasto, sino que se encarece el día a día. Pagar intereses por productos básicos es una señal clara de que algo no va bien en el presupuesto.
Sacar dinero del cajero
Tampoco ayuda sacar dinero en efectivo del cajero con la tarjeta de crédito. Es una de las operaciones más caras que existen: comisiones por sacar efectivo, intereses desde el primer día y, en ocasiones, cargos adicionales del cajero. Puede ser útil en una emergencia real, pero usarlo de forma habitual es un mal negocio.
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Seguros asociados
Otro error es no conocer si la tarjeta lleva asociado algún seguro: es probable que este se esté pagando sin saberlo o que no se utilice porque ni siquiera se sepa que se tiene. Saber qué incluye la tarjeta permite decidir si compensa mantenerla o si es mejor buscar otras alternativas.
Más de dos tarjetas
Es habitual acumular más tarjetas de las necesarias y dos pueden tener sentido en determinados casos; más, sin embargo, puede ser ya sinónimo de desorden. Cada tarjeta es una tentación y una posible fuente de gasto; el presupuesto es el mismo, pero la sensación de margen aumenta, y con ella el riesgo de endeudarse.
Pagar crédito con más crédito
Otro error peligroso es cubrir una deuda con otra tarjeta, ya que lo que en principio puede parecer una solución momentánea, en realidad no hace más que agravar el problema. La deuda no desaparece, solo cambia de sitio y suele hacerlo con más intereses.
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Vivir al límite...del crédito
Por último, está el mal hábito de vivir siempre al límite del crédito disponible. Usar de forma sistemática el máximo de la tarjeta no solo encarece todo lo que se compra, sino que elimina el colchón para posibles imprevistos. Además, proyecta una imagen de riesgo ante las entidades financieras.
Ya lo ves, la tarjeta de crédito no es un enemigo, sino que, usada con cabeza, puede ser una aliada útil. Para eso hay que entender cómo funciona, cuánto cuesta realmente y qué errores conviene evitar, porque el dinero de plástico, aunque no ocupe mucho espacio en la cartera, puede pesar -y mucho- en la economía personal.
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