El fútbol es un deporte vivo que evoluciona con el transcurso del tiempo. Siempre está sujeto a cambios. A lo largo de su historia, se han ido introduciendo modificaciones siempre persiguiendo el mismo fin: mejorar el espectáculo. Se da la paradoja de que en el fútbol los partidos se disputan en un tiempo reglamentario de noventa minutos y sin embargo apenas se juega una hora de tiempo real. Las pérdidas de tiempo voluntarias, los cambios, las faltas, las simulaciones, las protestas, la toma de decisiones arbitrales sobre todo tras la introducción del VAR… son situaciones que ralentizan el juego, que multiplican las pausas e impiden exprimir el tiempo. Y todos estos factores, como norma general, favorecen a los equipos que juegan a no se juegue, que buscan que el reloj corra sin que nada suceda sobre el terreno de juego; es la búsqueda de la nada, del aburrimiento para el espectador neutro, de la aprobación de quien apoya al equipo que va ganando o la desesperación de quienes contemplan a los suyos perdiendo. El fútbol, su reglamento, no ha solido beneficiar a aquellos que tratan de disputar el mayor número de minutos. Y por fin, habrá cambios.
El Arsenal se ha convertido en un paradigma de este estilo, que por otra parte le ha permitido alcanzar grandes cotas deportivas. El equipo de Mikel Arteta ha sido objeto de críticas a lo largo de la temporada por su intento de controlar el tiempo, de llevar los encuentros a duelos lo más breves posibles. La final de la Champions League fue una clara manifestación de esta propuesta, tan lícita –porque los márgenes los concede el reglamento– como cuestionable. Según el portal de estadísticas Opta, el conjunto inglés pasó media hora retrasando el juego. El Arsenal se puso por delante en el marcador y trató de restar minutos al intento de remontada del Paris Saint-Germain. Antes de la final era el equipo número 30 de la competición continental en tiempo de juego efectivo. En la Premier League ha sido el equipo que más tarda en sacar un córner, 44 segundos, y en la Champions, 47.
Este debate lleva tiempo sobre la mesa de los organismos que rigen el fútbol mundial, que han barajado varios posibilidades. La FIFA ha decidido pasar a la acción. Por de pronto, la International Football Association Board, encargada de establecer las normas, ha adoptado una serie de cambios en las reglas. Medidas que entrarán en vigor en el Mundial que arranca el próximo 11 de junio. La Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá será el laboratorio, pero las modificaciones llegarán para quedarse y principalmente tendrán afectación a las tácticas dilatorias como las del citado Arsenal.
Saques de córner, de puerta o de banda cronometrados
La filosofía es sencilla: cada segundo cuenta. Y quien intente administrarlo en beneficio propio, correrá el riesgo de pagarlo. Detrás de la iniciativa aparece una figura con enorme peso en el arbitraje mundial: Pierluigi Collina, presidente del Comité de Árbitros de la FIFA, convencido de que el fútbol necesita recuperar dinamismo sin alterar su esencia.
Los saques de banda, tradicionalmente considerados una acción menor dentro del juego, dejan de ser un refugio para los equipos que buscan enfriar los partidos. A partir de ahora, cuando el árbitro detecte una demora deliberada, activará una cuenta atrás de cinco segundos. Si el balón no vuelve al terreno de juego dentro de ese plazo, la posesión cambiará automáticamente de dueño. Collina apunta que se dará un margen brevemente superior a los saques largos, esos que buscan poner el balón en el área, para permitir la subida de los defensas. Aunque esta salvedad a buen seguro generará polémica al no definirse un tiempo concreto.
La misma lógica se aplicará a los saques de puerta. En este caso, el castigo será todavía más severo. Si el equipo encargado de poner el balón en juego supera el límite establecido, que también será de cinco segundos, regalará un córner al rival. La FIFA pretende eliminar esas escenas cada vez más habituales en las que el guardameta consume tiempo permaneciendo tendido sobre el césped, ajustándose las medias, dando instrucciones, recolocando el balón o esperando el momento perfecto para sacar.
Esta persecución por agilizar el juego también afecta a los cambios. Las sustituciones, introducidas por la FIFA en 1970, han sido uno de los mecanismos favoritos para perder el tiempo. El nuevo reglamento obliga a los futbolistas sustituidos a abandonar el terreno de juego en un máximo de diez segundos. Si el jugador tarda más, no podrá acceder al campo hasta la siguiente interrupción y siempre después de que haya transcurrido al menos un minuto.
Otra medida disuasoria para quienes tratan de cortar el ritmo será el hecho de que los jugadores que reciban asistencia sobre el césped deberán permanecer fuera durante un minuto antes de regresar al campo.
El VAR amplía su actuación
La tecnología también ganará protagonismo. El VAR ampliará su margen de actuación. Podrá entrar en acción para revisar expulsiones ocasionadas por una segunda tarjeta amarilla, que podrá ser retirada. Esto resulta curioso, porque una expulsión puede derivar de una primera amarilla injusta y una segunda justa. El VAR también podrá actuar cuando se haya concedido un córner incorrectamente. “Un saque de meta no puede convertirse en córner. El objetivo es evitar que se marque un gol a partir de un córner mal concedido. Debe quedar claro que el córner es erróneo. Como los córners no se ejecutan de inmediato, es posible cambiar la decisión durante esa espera”, explica Collina.
La intención es que el videoarbitraje siga siendo una herramienta de apoyo y no una fuente adicional de interrupciones. La FIFA insiste en que las correcciones deberán ser rápidas y evidentes, evitando revisiones interminables que generen más problemas de los que pretenden resolver.
Taparse la boca, un motivo para ver la roja
Como ya se adelantó, los futbolistas que se cubren la boca mientras discuten con un rival o durante una situación de tensión serán expulsados con cartulina roja. Esta medida se decidió después del episodio sucedido en la Champions League entre Gianluca Prestianni y Vinicius. Según el brasileño del Real Madrid, el jugador argentino del Benfica se tapó la boca con la camiseta para proferir un insulto racista tras un gol del conjunto blanco. Prestianni fue sancionado con seis partidos por conducta discriminatoria pese a que nadie pudo demostrar lo denunciado por Vinicius. Esta sanción se ha instaurado para erradicar ese gesto cargado de subjetividad y fomentar la transparencia.
Por último, otro caso que dio la vuelta al mundo fue el de Senegal. Durante la final de la pasada Copa de África, los jugadores senegaleses abandonaron el campo en señal de protesta por un penalti concedido en contra. Finalmente regresaron un cuarto de hora después, el partido se reanudó y terminaron ganando el título. Pero Marruecos denunció los hechos y Confederación Africana de Fútbol decidió dar por campeón a la selección marroquí. Desde este Mundial, los jugadores que abandonen el terreno de juego para mostrar desacuerdo con una decisión arbitral podrán ser expulsados.
El Mundial de 2026 será recordado por varias razones. Será el primero con 48 selecciones, el más extenso de la historia y el primero que se disputará en tres países. Pero también se convertirá en el torneo que redefinirá la relación del fútbol con el tiempo. La idea es que el balón adquiera protagonismo y no lo que sucede cuando el esférico no está en juego. “Estas iniciativas van contra la discriminación, el intento de pérdida de tiempo, mejorar la relación con el jugador o la experiencia del aficionado”, proclama Collina. El fútbol entra en una nueva era.