Garbiñe Muguruza culminó una primera mitad de año desastrosa con una derrota durísima en la primera ronda de Wimbledon. En la reanudación de su duelo ante Grett Minnen en el que había perdido el primer set, la vasco-venezolana solo logró hacer ocho puntos y se llevó un 6-0 en 18 minutos que la dejó al borde del llanto y con la sensación de estar totalmente superada por su situación. De la jugadora que hace ocho meses logró el título de maestra con un tenis de gran nivel, no queda ni rastro, sobre todo a nivel mental. “En los partidos me está faltando determinación en los momentos importantes, más claridad”, apuntó para tratar de explicar el agujero en el que está metida.

Con solo ocho victorias en veinte partidos en 2022, no ha podido coger ritmo, su físico se ha resentido y a la hora de definir aparece la falta de confianza. “Nunca he sido una jugadora estable, pero tampoco lo busco”, aseguró, convencida de que “volverá la mejor Muguruza. Solo necesito un torneo bueno, enlazar varios partidos”, algo que espera que ocurra en la próxima gira de cemento. No le servirá de consuelo, pero ayer también cayeron Annet Kontaveit, su rival en la final de Guadalajara y segunda cabeza de serie, y Emma Raducanu, que desde su victoria en el US Open no ha vuelto a brillar.

En el cuadro masculino, Novak Djokovic y Carlos Alcaraz avanzaron en tres sets ante Kokkinakis y Griekspoor, respectivamente. La gran sorpresa fue el adiós de Casper Ruud, tercer cabeza de serie.