Desde la grada

Le importan un comino

11.02.2020 | 06:18
Cámaras de televisión ocupan la banda de Mendizorroza en la previa de un Alavés-Barcelona.

estamos en una liga abonada a los cambios de horarios. Ya desde el inicio de la temporada tenemos ejemplos que así lo demuestran, cuando la resolución de un juzgado de lo mercantil de Madrid, tras una decisión salomónica, dejaba sin efecto la decisión que había tomado la Jueza del Comité de Competición de la RFEF que instaba a modificar las fechas y horarios de los partidos de los lunes y los viernes de las tres primeras jornadas, las únicas que se habían fijado hasta ese momento. Desde entonces, y mientras duren las medidas cautelares, LaLiga programa partidos los viernes pero no los lunes. Vamos, que todo sigue más o menos igual. Por supuesto, los dos cabecillas se sienten ganadores tras la sentencia del juez. Mientras la lucha continúa entre ambos presidentes para dilucidar quién es más soberbio de los dos, los aficionados se encuentran en el centro de esta polémica. Los entusiastas seguidores que acuden al estadio son bastante menos importantes para los clubes que el espectador que ve los partidos por televisión. Evidentemente, si en términos económicos hablamos.

Asimismo, la clasificación del Granada para las semifinales de la Copa del Rey a costa del Valencia también ha obligado a LaLiga a modificar los horarios de los dos partidos en los que ambos conjuntos eran protagonistas. Igualmente, la disputa del encuentro copero entre Mirandés y Villarreal en cuartos supuso de rebote el cambio de fecha para el encuentro entre el Alavés y el Eibar que de jugarse el sábado a las 18:30 se fijó para el viernes pasado a las nueve de la noche. Un cambio muy significativo para, sobre todo, los hinchas armeros que tuvieron que modificar el plan de viaje o simplemente anularlo. El Eibar, que cuida muy bien a sus abonados, devolvió el importe de las entradas a aquellos seguidores que adquirieron una localidad para asistir al partido y no podían acudir por el cambio de día y hora. Y no solo eso, sino que para paliar las molestias generadas, el club les pagó el desplazamiento en autobús a los aficionados afectados por este cambio y que sí pudieron acudir al choque.

Así que el buen ambiente prepartido que se preveía en las calles vitorianas antes del cambio de horario se esfumó como por arte de magia, pues pocos fueron los aficionados armeros que se acercaron a la capital alavesa. Simplemente acudieron al encuentro y con las mismas, con la derrota en el bolsillo, huyeron como alma que lleva el diablo y sin ganas de fiesta. Y el próximo visitante es el Athletic en otro horario improcedente, las dos de la tarde. De nuevo, a ambas aficiones les arrebatan la oportunidad de compartir en camaradería sus inquietudes, penas y alegrías antes y durante el encuentro, algo que es parte intrínseca al mundo del fútbol. Si le niegas esto le quitas la esencia misma. Aunque es una hora más comercial para que los hinchas bilbaínos se desplacen, tampoco es la mejor para crear un ambiente espectacular en las calles o en el estadio. Que no nos engañen: un partido puede ser el más emocionante del mundo, pero si lo ves en casa la sensación no es la misma. Para ser breve, al que programa los derbis a estas horas los aficionados le inspiran un interés entre muy poco y nada. O sea, le importan un comino.

En lo estrictamente deportivo, el encuentro del viernes fue bipolar. Tras un primer período anodino, para olvidar por ambas partes, como si el resultado de empate a nada fuera el anhelado por uno y otro, la irrupción en el terreno de juego tras el descanso de Lucas Pérez trajo consigo la debacle armera, pues un fallo clamoroso de Burgos propició la jugada que derivó en el primer gol albiazul a los doce segundos. Los errores, decepciones y pequeñas catástrofes suelen estar presentes en nuestro día a día. Forman parte de nuestra existencia y hay que aceptarlo. A partir de ahí el partido cambió y el Alavés fue dominador, si no del balón sí del juego y de las ocasiones. Sin embargo, terminó pidiendo la hora tras el gol de Orellana en los minutos finales de la contienda después de tener ganado el choque con comodidad. Se suele decir que en el fútbol hay que echarle coraje y esfuerzo para conseguir la victoria. Pero a veces se olvida la pelota. Es evidente que para ganar en fútbol se exige esa entrega pero combinada con saber qué hacer con el balón. Y el Eibar mostró de forma palmaria que no sabía qué hacer con él, por lo que aprendió de la peor manera posible que la posesión estéril no sirve de nada.

En resumidas cuentas, y al contrario que los seguidores eibarreses, los albiazules continuaron la fiesta sin tener presente el cambio de día y de hora del partido. Al final lo que importa es la victoria, no tanto cuándo se disputa el encuentro ni el sistema que se utiliza.