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El grand tour por Euskadi con destino al Azkena Rock

Ocho etapas, un solo ritmo

El grand tour por Euskadi con destino al Azkena Rock

Hay viajes que se miden en kilómetros y otros en canciones. Este empieza con el rumor del Cantábrico, atraviesa viñedos, se pierde en carreteras secundarias y termina donde todo cobra sentido: bajo los amplificadores del Azkena Rock.

Euskadi Basque Country Grand Tour propone ocho etapas que funcionan como un álbum completo: costa, montaña, tradición y vanguardia. Un viaje sensorial donde cada tramo tiene su propio ritmo, sus paisajes y sus paradas imprescindibles. Ocho etapas, ocho paisajes, ocho sonidos. Desde pueblos marineros hasta villas medievales, el Grand Tour es un disco que se construye poco a poco… hasta que estalla en Vitoria-Gasteiz.

Porque hay rutas que se recorren. Y otras que se escuchan.

Etapa 1. BILBAO – LEKEITIO

Lekeitio.

Arranque eléctrico desde Bilbao, entre arquitectura contemporánea y pasado industrial. Muy pronto el sonido cambia: aparece Urdaibai, única Reserva de la Biosfera de Euskad, y pueblos marineros como Bermeo. En el camino, la silueta de San Juan de Gaztelugatxe irrumpe como un solo de guitarra: dramático, casi cinematográfico. El final en Lekeitio suena a puerto, a madera mojada, a guitarras que empiezan a abrir el viaje.

Etapa 2. LEKEITIO – ZARAUTZ

Flysch y ermita de Zumaia.

La costa manda. La carretera serpentea entre acantilados y pequeños puertos, marcando un ritmo constante, casi hipnótico. Aparecen joyas como Mutriku o Deba, donde el paisaje combina piedra, historia y mar abierto. En Zumaia, el flysch irrumpe como un solo de guitarra: capas de roca que parecen marcar el compás del tiempo. Más adelante, Getaria baja el tempo entre parrillas y txakoli, con ese equilibrio perfecto entre tradición y pausa. Y entonces llega Zarautz, donde todo se abre y el viaje encuentra su estribillo más luminoso: surf, playa y una melodía que se queda flotando.

Etapa 3. ZARAUTZ – DONOSTIA / SAN SEBASTIÁN

Playa de La Concha en Donostia.

Corta, pero intensa. La carretera enlaza paradas con identidad propia como Orio, donde el ritmo lo marcan la tradición del remo y el ritual del besugo a la parrilla. Más adelante, Pasaia aporta una nota más cruda, con su pasado marinero y calles que miran directamente al agua, mientras Hondarribia introduce un contrapunto elegante entre murallas y color. Y entonces llega Donostia/ San Sebastián. Donostia es jazz: la bahía de La Concha, el casco viejo, las barras infinitas. Aquí el viaje se saborea, literalmente.

Etapa 4. DONOSTIA – VITORIA-GASTEIZ

Vista desde la Torre de la Catedral de Santa María

Cambio de paisaje, cambio de tempo. Del mar al interior, la carretera se adentra en zonas verdes y silenciosas, cruzando espacios naturales como el entorno del Parque Natural de Aizkorri-Aratz y pueblos donde la vida discurre sin prisa, como Segura o Zalduondo. El paisaje se abre, el aire cambia y todo invita a bajar el ritmo. La llegada a Vitoria-Gasteiz —con su casco medieval y su Anillo Verde— suena a folk, a pausa, a respiración larga.

Etapa 5. VITORIA-GASTEIZ – LAGUARDIA

Dolmen Chabola de la Hechicera

El viaje se vuelve profundo. Al sur de Vitoria-Gasteiz, el paisaje se transforma poco a poco en viñedo, anunciando la entrada en Rioja Alavesa, donde todo gira en torno al vino y la historia. Pueblos como Elciego o Labastida marcan el camino con su mezcla de tradición y arquitectura ligada al vino. Laguardia aparece entonces como un acorde antiguo: murallas, calles empedradas y bodegas subterráneas que guardan siglos de memoria.

Etapa 6. LAGUARDIA – ORDUÑA

Salinas de Añana

Aquí el viaje se vuelve casi hipnótico. Carreteras interiores, paisajes amplios, silencios largos que invitan a conducir sin prisa. El recorrido atraviesa contrastes, desde zonas más abiertas hasta enclaves de montaña que anticipan el norte. Al acercarse a Orduña, el paisaje gana en dramatismo, con miradores naturales y carreteras que se asoman al vacío. Orduña emerge como una rareza: la única ciudad de Bizkaia con título histórico de ciudad, rodeada de naturaleza. Es la parte más introspectiva del disco.

Etapa 7. ORDUÑA – BILBAO

Bilbao

Regreso al pulso urbano. De lo rural a lo contemporáneo en pocos kilómetros, en un trayecto que desciende hacia la ría recuperando poco a poco la energía del inicio. La entrada en Bilbao devuelve el ritmo: arquitectura, cultura, calles vivas. Bilbao reaparece como un riff reconocible, donde tradición y modernidad conviven sin esfuerzo. Es el momento en que el viaje vuelve a subir el volumen.

Etapa 8. LEKEITIO – VITORIA-GASTEIZ

Plaza de La Virgen Blanca en Vitoria-Gasteiz.

El cierre es casi mítico. Una ruta transversal que conecta costa e interior atravesando bosques, puertos de montaña y pequeños pueblos donde lo ancestral sigue muy presente. El recorrido avanza como una última canción que mezcla todos los sonidos del viaje, hasta desembocar de nuevo en Vitoria-Gasteiz. Allí espera el Azkena Rock Festival. Aquí el viaje deja de ser metáfora: se convierte en directo.